A pesar de los efectos de la pandemia, las perspectivas del sector sanitario permanecen intactas

Jon Stephenson, gestor del BNP Paribas Health Care Innovators, nos habla sobre las perspectivas del sector sanitario después de un año frenético.

En un principio, en los primeros momentos de la crisis que vivimos en marzo del año pasado, las empresas farmacéuticas superaron al mercado en general, conforme fuimos conociendo la verdadera magnitud de la pandemia, los gobiernos comenzaron a cerrar las economías y quedó claro que el mundo era incapaz de detectar y tratar el virus. Poco a poco, la inquietud fue disminuyendo a medida que pudimos disponer de diagnósticos y pruebas, se iba creando una infraestructura para tratar a los pacientes y se trabajaba en la producción de vacunas.

A medida que los inversores iban asumiendo la pandemia, comenzaron a prestar atención a otros sectores. A partir de abril, la reapertura del comercio fue adquiriendo protagonismo y, al mismo tiempo, los mercados volvieron a mostrar su preocupación por las reformas normativas, como la legislación en materia de precios de los medicamentos. Cabe señalar que las compañías biotecnológicas continuaron superando al mercado durante este periodo.

¿Qué ha ocurrido en la economía sanitaria y cuáles son los efectos a corto y largo plazo?

Cuando llegó la pandemia, el sector sanitario también sufrió las medidas de confinamiento, al igual que el resto de la economía. En aquel momento, había dificultades para detectar el virus y no teníamos ningún tratamiento. La mayoría de los procedimientos electivos y no electivos quedaron interrumpidos. Disminuyeron las citas médicas presenciales, e incluso las consultas en urgencias, y aún se mantienen en niveles inferiores a los registrados antes del COVID. Durante este periodo, la rentabilidad del sector sanitario superó a la del mercado en general.

En un primer momento, se produjo un aumento de la inversión en equipos de monitorización y de protección, en el aumento de la capacidad de las unidades de cuidados intensivos (UCI), etc. Se realizaron fuertes inversiones en diversos métodos de prueba para identificar más rápidamente a los infectados y aislarlos, así como en el desarrollo de tratamientos y vacunas.

Más allá de los hospitales, las clínicas y los laboratorios, la pandemia puso rápidamente de manifiesto las grandes desigualdades que existían en el ámbito de la atención sanitaria en las distintas sociedades y economías, tanto en la disponibilidad como en el acceso a la sanidad.

También estamos viendo varios efectos a más largo plazo. La sanidad ha entrado en el entorno virtual: se ha hecho evidente que muchas citas médicas o interacciones con profesionales sanitarios pueden realizarse de forma remota y en la nube, algo que favorece a distintos ámbitos, como la medicina del comportamiento, el asesoramiento nutricional, el triaje asistencial y ciertas funciones de atención primaria. Ha mejorado la conexión entre el médico y el paciente, lo que ha permitido gestionar mejor el cuidado de los pacientes con problemas más complejos. Los médicos pueden obtener una visión más completa de sus pacientes.

Las inversiones a gran escala que se han realizado en el aumento de capacidad de las UCI favorecen que estos equipos puedan trasladarse de las salas COVID a las salas generales o a las de recuperación posoperatoria. La disponibilidad de nuevos equipos de monitorización puede mejorar la atención a los pacientes y, por ejemplo, limitar la necesidad de sedación con opioides, lo que podría reducir los casos de muerte o depresión respiratoria relacionados con el uso de opioides.

Por otro lado, la suspensión de la atención sanitaria no relacionada con el COVID durante la pandemia podría tener un efecto negativo. En el caso de los pacientes con cáncer o enfermedades cardiovasculares, el retraso en la atención podría provocar un diagnóstico más tardío, lo que daría lugar a una atención más compleja y a peores resultados a largo plazo.

En lo que se refiere a la realización de pruebas, el aumento de la capacidad podría favorecer una mayor frecuencia en las pruebas, lo que podría contener los brotes agudos de otras enfermedades infecciosas como la gripe, algo que posiblemente serviría para reducir la mortalidad relacionada con este virus a largo plazo.

Nuestra mayor capacidad para identificar patógenos y desarrollar con rapidez vacunas escalables para hacer frente a infecciones pandémicas podría aumentar la capacidad de resistencia a largo plazo de las economías.

Por último, las desigualdades que han salido a la luz o que se han hecho más evidentes durante la pandemia podrían favorecer que los gobiernos se esforzaran en ofrecer una mayor cobertura médica a sus ciudadanos. Otras cuestiones a más largo plazo a las que se habrá de prestar atención son el escepticismo ante las vacunas, la inversión en campañas de vacunación para que las economías en vías de desarrollo reduzcan significativamente los grupos de virus, disminuyendo así el riesgo de variantes resistentes, y la resistencia popular a las intervenciones no farmacológicas, como el uso de mascarillas.

¿Cómo va a evolucionar la normativa sanitaria en Estados Unidos?

Estados Unidos es el mayor mercado sanitario de mundo: representa en torno al 40% del mercado global. No cabe duda de que, debido a su gran tamaño, lo que ocurre en el mercado estadounidense influye en las compañías sanitarias de todo el mundo, y por eso creemos que es importante estar atentos a la evolución de los acontecimientos. En la actualidad, los inversores tienen en mente especialmente dos áreas:

  • El riesgo de que las medidas que está adoptando el gobierno estadounidense en el ámbito de los seguros sanitarios lleve al país hacia un programa de seguros gestionados por el gobierno similar a los que existen en Europa. En lo que respecta a la normativa, lo más probable es que se presenten propuestas para incluir una «opción pública» en los mercados de seguros sanitarios y para ampliar el acceso a Medicare, programa sanitario estadounidense dirigido a las personas mayores. Sin embargo, no creo que estas propuestas reciban un gran respaldo en el Congreso. Lo más probable es que se mejoren las prestaciones ofrecidas a los ciudadanos en el mercado individual, lo que aumentaría el número de personas aseguradas, mejorando así la cobertura. A su vez, disminuiría la tasa de personas no aseguradas y reduciría las primas de los asegurados, lo que sería un efecto claramente positivo.
  • El riesgo de reforma del sector de los medicamentos. Los precios de los fármacos son superiores en Estados Unidos que en la mayoría del resto del países. En mi opinión, la normativa podría limitar los aumentos futuros del precio de los medicamentos al incremento de la inflación general, lo que reduciría los gastos de los consumidores. Podría exigirse a las aseguradoras una mayor cobertura de los costes de los fármacos. El plan obligaría a las empresas farmacéuticas a realizar concesiones de precios, algo que creemos que estarían dispuestas a hacer, y favorecería a todas las partes interesadas, al tiempo que pondría fin a la incertidumbre normativa en el sector. Además, ahorraría miles de millones de dólares en costes sanitarios, lo que podría contribuir a financiar al aumento del gasto en infraestructuras que prevé el gobierno.

¿Cuáles son las perspectivas para las compañías del sector de aquí a final de año?

En lo que va de año, las compañías sanitarias han registrado una rentabilidad sensiblemente inferior a la del mercado, debido a la preferencia de los inversores por las inversiones cíclicas, más propias de la fase de recuperación pos-COVID, así como a la preocupación por un posible aumento de la regulación gubernamental y por el mayor control normativo de las fusiones y adquisiciones de las biofarmacéuticas.

No obstante, pensamos que las perspectivas del sector son relativamente favorables. Una de las razones la encontramos en el importante descuento que presentan las compañías sanitarias en relación con el mercado en general. En nuestra opinión, se trata de un descuento excesivo. Pensamos que el contexto de la política sanitaria podría aclararse en los próximos meses, y esta mayor claridad podría actuar como factor catalizador del rendimiento en todo el segmento.

Cabe señalar que los factores impulsores del crecimiento a largo plazo no han cambiado: el envejecimiento de la población, la necesidad de reducir la incidencia de estilos de vida poco saludables y el aumento de la demanda de asistencia sanitaria en las economías emergentes.

Por último, la innovación es increíblemente sólida (véase gráfico 1), pero no se aprecia en el sector. Está creando nuevos mercados, especialmente en los segmentos biotecnológico y farmacéutico. La ciencia avanza a tal velocidad que comenzamos a tener tratamientos para algunas enfermedades que antes considerábamos incurables.


Aviso legal

Algunos artículos pueden contener lenguaje técnico. Por esta razón, pueden no ser adecuados para lectores sin experiencia profesional en inversiones. Todos los pareceres expresados en el presente documento son los del autor en la fecha de su publicación, se basan en la información disponible y podrían sufrir cambios sin previo aviso. Los equipos individuales de gestión podrían tener opiniones diferentes y tomar otras decisiones de inversión para distintos clientes. El presente documento no constituye una recomendación de inversión. El valor de las inversiones y de las rentas que generan podría tanto bajar como subir, y es posible que el inversor no recupere su desembolso inicial. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no son garantía de rentabilidades futuras. Es probable que la inversión en mercados emergentes o en sectores especializados o restringidos esté sujeta a una volatilidad superior a la media debido a un alto grado de concentración, a una mayor incertidumbre al haber menos información disponible, a una liquidez más baja o a una mayor sensibilidad a cambios en las condiciones sociales, políticas, económicas y de mercado. Algunos mercados emergentes ofrecen menos seguridad que la mayoría de los mercados desarrollados internacionales. Por este motivo, los servicios de ejecución de operaciones, liquidación y conservación en nombre de los fondos que invierten en emergentes podrían conllevar un mayor riesgo. Los activos privados son oportunidades de inversión no disponibles a través de mercados cotizados como por ejemplo las bolsas de valores de renta variable. Permiten a los inversores beneficiarse directamente a temas de inversión a largo plazo y pueden brindarles acceso a sectores especializados como infraestructura, inmobiliario, private equity y otros alternativos difícilmente disponibles a través de medios tradicionales. No obstante, los activos no cotizados requieren un examen minucioso, pues tienden a tener niveles elevados de inversión mínima y pueden ser complejos e ilíquidos.

Back to Top