Los inversores de todo el mundo adoptan posturas distintas en lo que respecta a la inversión relacionada con la sostenibilidad. A algunos solo les preocupa la rentabilidad de la inversión; otros tienen un mayor sentido de la responsabilidad social y piensan que un enfoque ESG puede contribuir a evitar riesgos de inversión y facilitar la generación de rentabilidad futura.
Nosotros nos identificamos con esta segunda postura, pero pueden surgir ciertos problemas si no entendemos bien cómo funciona un sistema ESG[1]. Los enfoques ESG están concebidos para ser escalables y, por tanto, tienden ser en su mayor parte sistemáticos. Esta característica satisface nuestro deseo de contar con una serie de normas que puedan aplicarse a una amplia gama de productos de inversión, pero también puede crear algunas dificultades.
Una perspectiva más amplia
El ámbito creciente de los datos ESG nos ofrece información detallada sobre una serie de cuestiones medioambientales (E), sociales (S) y de buen gobierno (G). Cuando se dispone de un sistema propio, se puede ir más allá de las puntuaciones generales y analizar los indicadores individuales con el fin de identificar cuestiones concretas que afecten a las empresas evaluadas, lo que puede resultar especialmente útil para comprobar el cumplimiento del principio de «no causar un perjuicio significativo», que forma parte de las evaluaciones de sostenibilidad. Los buenos sistemas de evaluación también incluyen la información que ofrecen los analistas fundamentales, que van más allá de los datos ESG.
¿Cómo se comparan peras con manzanas?
Las cosas tienden a complicarse a la hora de desarrollar puntuaciones de empresas y carteras, ya que las categorías que se evalúan suelen ser bastante diferentes unas de otras. La información puede ser cualitativa o cuantitativa. Además, suele ocurrir que las empresas que se comparan no proporcionen la misma información. Los sectores y países en los que operan pueden ser también muy diferentes entre sí. Por ejemplo, el análisis de un fondo tecnológico estadounidense desde una perspectiva ESG es más sencillo que el de un fondo global o multisectorial.
La divulgación de información también es importante para los sistemas ESG. Las empresas de menor tamaño pueden estar en desventaja, ya que algunas de ellas no cuentan con políticas relacionadas con las cuestiones ESG, lo que puede dar lugar a puntuaciones ESG más bajas independientemente de los méritos de la empresa en cuestión.
No obstante, el sistema agregará los datos de todas las empresas. Dada la amplia gama de variables y consideraciones mencionadas, no es de extrañar que los distintos sistemas ESG puedan puntuar de forma muy diferente a una misma compañía.
¿Hablar o actuar?
Muchos sistemas ESG se centran en cómo hacen las cosas las empresas en lugar de hacerlo en qué es lo que hacen, lo que puede llevar a algunos de estos sistemas a pasar por alto ciertas empresas que realmente ofrecen soluciones a las cuestiones sociales y medioambientales. Esto parece contradecir el propósito de la inversión ESG.
Pensemos, por ejemplo, en los sistemas que se centran en las emisiones de carbono. Una empresa de muebles y otra de energía solar podrían llegar a tener el mismo nivel de emisiones de carbono de alcance 1, 2 y 3[2], pero creo que todos tenemos claro cuál de ellas contribuye en mayor medida a la descarbonización de la sociedad. Las emisiones de alcance 4[3] (emisiones evitadas) podrían reflejar esto último, pero estos datos no suelen estar disponibles (nuestro objetivo es calcularlos nosotros mismos siempre que sea posible).
Una empresa de software de juegos con una puntuación baja en emisiones de carbono podría parecer mejor que una gran empresa de suministros públicos con una puntuación más alta en emisiones que está abandonando la producción de energía fósil en favor de la energía verde. En nuestra opinión, la diferencia en las calificaciones no refleja la realidad. Las actividades de la empresa de juegos no están relacionadas con los problemas del cambio climático, mientras que la empresa de suministros públicos está tomando medidas para abordar dichos problemas.
Pragmatismo, sin dogmas
Nuestro enfoque consiste en utilizar el análisis ESG para identificar mejor las cuestiones concretas de cada empresa, sin prestar excesiva atención a las puntuaciones de la empresa o la cartera. Nuestro objetivo es conocer lo que las empresas están haciendo y analizar si lograrán resultados. Tenemos en cuenta el perfil de carbono de la empresa en el pasado, pero nos centramos más en los objetivos futuros de cero emisiones netas y en su contribución a la descarbonización de la sociedad.
Como inversores temáticos medioambientales, ello nos lleva a las empresas que facilitan el cambio y a aquellas compañías que se convertirán en las mayores beneficiarias del gasto total de 275 billones de dólares[4] que se necesita para alcanzar los objetivos fijados para 2050. Esto es lo que llamamos ESG+.
[1] Que utiliza criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno para seleccionar (en este caso) empresas en las que invertir
[2] El Instituto de Recursos Mundiales y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible dividen las emisiones de carbono en tres categorías: Alcance 1: emisiones directas procedentes de fuentes y activos controlados por una empresa; alcance 2: emisiones indirectas procedentes de la electricidad adquirida; alcance 3: emisiones indirectas procedentes de todas las cadenas de valor de una empresa
[3] Alcance 4: incluye las emisiones que se evitan cuando un producto se utiliza como sustituto con bajas emisiones de carbono de otros bienes o servicios, cumpliendo las mismas funciones pero con una baja intensidad de carbono; véase también https://globalclimateinitiatives.com/en/scope-4-emissions-evitees-de-quoi-parle-t-on/#:~:text=Scope%204%2C%20as%20defined%20by,when%20a%20product%20is%20recycled
[4] Fuente: McKinsey Global Institute – The net-zero transition: What it would cost, what it could bring
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