Sin conectividad ni aptitudes digitales, grandes secciones de la sociedad corren peligro de verse marginadas en la nueva economía. Daniel Morris, estratega de inversión senior, y Anu Rames, analista de tecnología y salud en nuestro Centro de Sostenibilidad, hablan sobre la brecha digital y sus implicaciones para los inversores.
¿Qué es la desigualdad digital?
En su sentido más básico, la desigualdad digital tiene dos componentes principales:
1. El acceso a la economía digital, para el cual se necesita conectividad;
2. Las aptitudes necesarias para beneficiarse de este acceso.
La brecha entre quienes disponen de ellos y quienes no se basa en múltiples capas de desigualdad a nivel socioeconómico, de género, regional y racial, y actualmente representa un problema crítico de ámbito global. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas ha designado el acceso a internet y a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) como una de las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) nº 9[GT1] .
¿Qué impacto ha tenido la pandemia sobre la brecha?
En nuestra opinión, la pandemia ha puesto de relieve (y en algunos casos ha acentuado) la brecha digital existente entre distintos colectivos[GT2] y comunidades, y las correspondientes desigualdades que entran en juego. Así, ha puesto en un primer plano las cuestiones de las aptitudes y el acceso digitales.
En los Estados Unidos, por ejemplo, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) calcula que 21 millones de estadounidenses no tienen acceso a conexión de banda ancha con velocidades de descarga aceptables de 25 megabits por segundo. Otras estimaciones sugieren que esta cifra asciende a 42 millones de personas. Si a esto le añadimos la falta de acceso debido a su coste, el número aumenta más si cabe.
Podemos ver fácilmente por qué esto supone un problema si examinamos los datos del Pew Research Center, según los cuales un 15% de los hogares con niños en edad escolar no tienen conexión de internet de alta velocidad en casa. Cuando servicios básicos como la educación se trasladan a internet de un día para otro, los más afectados suelen ser los estudiantes con rentas bajas y los de color.
Un aspecto crucial de la brecha digital es que su impacto será de medio a largo plazo. Tenderá verse eclipsada por problemas “inmediatos” como la seguridad alimentaria y el paro, pero cuando comience a afectar al acceso a servicios básicos como la educación y el empleo, pasará a ser de naturaleza más estructural. Cerrar esta brecha será difícil a no ser que actuemos ahora. Sin acceso, secciones enteras de la sociedad se verán más marginadas si cabe.
Esto nos lleva al segundo componente de la brecha digital, la carencia de aptitudes en la fuerza laboral existente, o la falta de empleados formados con las capacidades necesarias de cara al futuro.
Hoy en día, más de un 80% de los empleos de capacidad media en los Estados Unidos (es decir, aquellos que no requieren una diplomatura) exigen aptitudes digitales. Algunas empresas han adoptado un papel activo en programas dirigidos a cerrar la brecha de aptitudes, como por ejemplo los de certificación proporcionados por algunas de las grandes plataformas digitales en áreas como análisis de datos, gestión de proyectos, etc. Estas certificaciones pueden emplearse en lugar de un diploma al solicitarse empleo en la empresa en cuestión.
Lo principal es que, de medio a largo plazo, se prevé que la penetración de las metodologías digitales va a aumentar de forma significativa en áreas clave como la educación y la atención sanitaria. Al construir un mundo pospandemia debemos asegurarnos de que este también sea más resiliente, y cerrar la brecha digital desde una perspectiva de acceso y aptitudes conducirá a comunidades más fuertes y prósperas de cara al futuro.
¿Qué papel pueden jugar los sectores público y privado en la reducción de la desigualdad digital?
Existe una gran divergencia entre países en términos de acceso a banda ancha, y cerrar esta brecha es una prioridad para varios gobiernos. Contar con un marco cohesivo es importante para asegurar que la economía digital beneficia a todas las secciones de la sociedad. Hace poco, la ONU publicó un informe titulado “la era de la interdependencia digital”, en el que emite recomendaciones de cooperación global para asegurar una sociedad y economía digital inclusivas a nivel global alineadas con las metas de los ODS de cara a 2030.
Por lo que respecta a la financiación gubernamental y pública en la actualidad, la FCC hizo un llamamiento a los proveedores de servicios de banda ancha en Estados Unidos para que se comprometieran a “asegurar que los afectados por la pandemia no perdieran su acceso a teléfono o banda ancha”. Casi 200 empresas aceptaron no cortar el servicio en caso de que el cliente no pagara. Por el lado de la financiación, la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus (CARES, por sus siglas inglesas) destinó varios cientos de millones de dólares en préstamos y ayudas a la ampliación de la banda ancha para servicios esenciales. Además, muchos estados y municipios han formulado planes locales.
El sector privado ofrece opciones de inversión en infraestructura digital en todas las clases de activo. Existe un amplio abanico de oportunidades, desde modelos económicos maduros y contrastados como centros de datos y torres de telecomunicaciones hasta proyectos más complejos relacionados con la ampliación de la banda ancha y la financiación del “último kilómetro” de acceso hasta los hogares. En función de los requisitos de riesgo/rentabilidad del inversor, estas oportunidades abarcan desde renta variable cotizada hasta deuda no cotizada.
¿Pueden los bonos de social ser parte de la solución?
Sin duda alguna. La mayoría de la gente ya ha oído hablar de los bonos verdes, empleados para financiar ciertos proyectos medioambientales. En el caso de los bonos de social, el capital captado se destina a proyectos o activos que persiguen un resultado social positivo. Esta obligación está respaldada por el balance total del emisor, con lo que representa crédito equivalente a un bono normal.
En 2019, por ejemplo, un proveedor de servicios de comunicaciones con una gran presencia en los mercados emergentes emitió un bono de social, con la intención de destinar los recursos obtenidos a necesidades de gasto de capital como despliegue de redes y adquisición de espectro. La idea es que la expansión de la infraestructura de redes, sobre todo en comunidades desatendidas, mejoraría el acceso digital. Los fondos también podrían emplearse para financiar proyectos como la formación de mujeres y niños en tecnologías digitales.
Al emitir el bono, la compañía también anunció medidas de impacto sobre las que informaría periódicamente, como por ejemplo el número de casas pasadas, casas conectadas, número de mujeres formadas en aptitudes online, etc. La información regular en base a estas medidas es crucial para asegurar el logro de resultados sociales positivos.
¿Qué perspectivas presenta el mercado de bonos de social?
Pese a hallarse todavía en ciernes, el mercado crece con fuerza. Recientemente, una de las mayores compañías de internet emitió un bono sostenible de 5750 millones de dólares, la mayor emisión de este tipo, con diferencia. El hecho de que estuviera sobresuscrita denota una fuerte demanda entre los inversores y confirma que el mercado está creciendo y suscitando cada vez más interés.
Además, la crisis del COVID-19 ha puesto de relieve una mayor concienciación sobre consideraciones sociales en la toma de decisiones de inversión. BNP Paribas Asset Management patrocinó un estudio de Greenwich Associates que mostró que los factores sociales han ganado importancia para casi una cuarta parte de los inversores encuestados debido a la pandemia, y un 70% afirmó asimismo que las consideraciones sociales (la S en ESG) pasarán a ser extremadamente o muy importantes en adelante.
La pandemia de COVID-19 ha provocado una crisis socioeconómica mundial. Para emerger de ella como una sociedad más resiliente, debemos abordar cuestiones clave como la reducción de la brecha digital, y tanto los inversores como los bonos de social jugarán un papel en el logro de este objetivo.