La clasificación de actividades sostenibles de la UE marca el rumbo en todo el mundo

Un marco que identifica qué actividades empresariales son sostenibles y, por ende, cuáles merece la pena impulsar y en cuáles resulta conveniente invertir, ofrece claridad al sector, a los responsables políticos y a los inversores. El primer borrador del sistema de clasificación de la UE, conocido como «taxonomía verde», se publicó hace un año [1] puede servir como modelo para las taxonomías que se elaboren en el resto del mundo.

Tras exponer los aspectos básicos y la singularidad de la taxonomía de la UE, comentaremos los aspectos internacionales del marco y las características que, en nuestra opinión, deberían tener otras taxonomías.

¿Qué es una taxonomía?

Una taxonomía ofrece a los inversores, las empresas y los responsables políticos un enfoque armonizado y uniforme para identificar qué actividades económicas son sostenibles y en qué circunstancias.

Una taxonomía bien diseñada puede ayudar a los responsables políticos a elaborar normas que permitan a los mercados financieros sostenibles favorecer la consecución de objetivos medioambientales y de desarrollo sostenible.

Aparte de la UE, otras jurisdicciones han abordado la definición y la taxonomía de las finanzas sostenibles:

  • Los Países Bajos llevan desde 1995 aplicando un enfoque legislativo a la financiación sostenible.
  • En el año 2015, el Banco Popular de China publicó un catálogo de proyectos de bonos verdes que se considera la taxonomía china.
  • También en 2015, Francia creó la etiqueta GreenFin para los fondos de inversión.
  • En 2017, el Ministerio del Medioambiente de Japón publicó sus directrices en materia de bonos verdes.

Entre los países que también han mostrado su interés en elaborar taxonomías de finanzas sostenibles están Canadá, Chile, Colombia, Kazajistán e Indonesia. La Asociación de Naciones de Asia Sudoriental también está trabajando en una taxonomía.

La mayoría de estos países y regiones han manifestado su intención de utilizar como punto de partida la taxonomía de la UE, considerada como el sistema de clasificación más completo y avanzado.

Los objetivos de la taxonomía de la UE

Sus dos principales objetivos son:

  1. Actuar como referencia oficial y herramienta común de medición de la que el mercado se servirá para comparar los distintos productos financieros verdes. La taxonomía de China se aplica únicamente a la emisión de bonos verdes, mientras que en Europa su aplicación se extiende a todos los productos financieros que tengan un objetivo o presenten unas características de carácter medioambiental, lo que permite que los inversores estén bien informados para tomar decisiones. Además, contribuye a evitar el «blanqueo ecológico», considerado un gran obstáculo para impulsar las inversiones y los productos financieros relacionados con el medioambiente.
  2. Contribuir a incrementar el nivel de inversión en las actividades ecológicas, facilitadoras y de transición que resulten necesarias para financiar la transición a una economía climáticamente neutra, circular y más sostenible.

La singularidad de la taxonomía de la UE

Se trata de la primera herramienta de medición común, completa y con base científica para las inversiones ecológicas. Al medir el volumen de negocio y el nivel de gastos relacionados con las actividades económicas sostenibles, el sistema asigna un grado de sostenibilidad a las operaciones de las empresas, lo que permite a los inversores determinar también el grado de sostenibilidad medioambiental de la inversión en un empresa determinada.

El marco se basa en una doble condición. No basta con que las actividades contribuyan de forma significativa a uno de los seis objetivos medioambientales oficiales (véase gráfico 1), sino que además no deben perjudicar de forma significativa ningún otro objetivo medioambiental ni vulnerar las normas de derechos humanos y laborales.

Gráfico 1: Seis objetivos medioambientales oficiales de la UE

Fuente: https://insight.factset.com/eu-taxonomy-regulation

Trabaja con una serie de pautas que determinan si las actividades económicas contribuyen de forma significativa a los objetivos de la UE. Es posible que algunas actividades aún no se consideren plenamente sostenibles, pero que contribuyan a la transición hacia una economía más sostenible.

En lo que se refiere a los fondos y productos financieros ecológicos, incluidos aquellos que afirman tener características medioambientales, la taxonomía evalúa el grado de sostenibilidad de las compañías en las que invierten estos productos. Las entidades que se encargan de comercializar dichos fondos o productos deben informar sobre el porcentaje de adecuación de los instrumentos con la taxonomía, lo que garantiza la coherencia de la información y permite la comparabilidad.

La presentación de información con arreglo a la taxonomía es obligatoria tanto para los fondos como para las empresas, financieras y no financieras, que deban publicar un estado no financiero de conformidad con la normativa europea.

Gráfico 2: Criterios de «sostenibilidad medioambiental» en la taxonomía de la UE

Fuente: https://insight.factset.com/eu-taxonomy-regulation

¿Qué características deben tener todas las taxonomías?

  1. El marco de doble condición. Los objetivos medioambientales son independientes; por ejemplo, el cambio climático favorece la pérdida de biodiversidad. Por eso es importante garantizar que la consecución de un objetivo no perjudica a los demás.
  2. La necesidad de especificar objetivos medioambientales claros y explicar su adecuación a los acuerdos medioambientales internacionales. Por ejemplo, los objetivos relativos a la mitigación del cambio climático deben ser coherentes con el objetivo de reducción del calentamiento global establecido por el Acuerdo de París sobre el clima. La transparencia de los objetivos medioambientales ayudará a los usuarios de las distintas taxonomías a calibrar el probable rendimiento medioambiental de las correspondientes actividades económicas.
  3. La base de la taxonomía debe ser un esquema claro de clasificación de sectores y actividades económicas. Se deberán traducir a los distintos idiomas los sistemas de clasificación sectorial, con el fin de facilitar su uso por todas las partes.
  4. Es necesario aplicar unos indicadores claros y uniformes para evaluar si el rendimiento medioambiental de una actividad es coherente con los objetivos medioambientales. Estos indicadores deben tener en cuenta consideraciones relacionadas con el ciclo de vida.
  5. Algunos objetivos medioambientales se circunscriben a un lugar concreto, pero otros, como es el caso del cambio climático, no entienden de fronteras. Para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados sobre los niveles preindustriales, las emisiones globales deben reducirse a la mitad de aquí a 2030 y alcanzar el nivel de cero emisiones netas en 2050. Al igual que la UE, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido aspiran a alcanzar la neutralidad climática en 2050.
  6. Las taxonomías deben especificar si la divulgación de información es obligatoria o voluntaria, y si existen normas concretas sobre la forma que deberá tomar dicha divulgación.

Consecuencias a escala internacional

Dado que los mercados de capitales y las cadenas de suministro económico están integrados en todo el mundo, las obligaciones de divulgación de las compañías y los emisores de productos financieros de la UE afectan también a otros agentes internacionales, aunque la taxonomía no pretenda vincular a terceros países en sus propias actividades de sostenibilidad o de finanzas sostenibles.

Con el fin de atender a estas consideraciones internacionales o externas a la UE, el Grupo de Expertos Técnicos sobre Finanzas Sostenibles de la UE ha propuesto una serie de principios de divulgación para ayudar a las empresas con operaciones fuera de la UE, y a los inversores en dichas empresas, a gestionar las diferencias que pudieran surgir en relación con los datos de rendimiento y las distintas expectativas sobre los objetivos medioambientales y el rendimiento de las empresas.

El grupo también ha establecido que ciertos criterios de la taxonomía de la UE tienen «relevancia internacional», lo que significa que los usuarios pueden utilizarlos para las actividades económicas situadas fuera de la UE:

La comparabilidad de las taxonomías se analiza en la Plataforma Internacional de Finanzas Sostenibles (IPSF), lanzada por la UE en 2019 para mejorar la cooperación internacional. En ella se trabaja en la armonización de todas las taxonomías regionales, en línea con el punto 4 anterior.

[1] Se espera que la taxonomía real se adopte formalmente en junio de 2021.


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