Oportunidades diversas en renta variable

PUNTOS CLAVE:

  • Los mercados de renta variable se están viendo transformados por fuerzas estructurales (IA, fragmentación geopolítica, expansión fiscal y políticas monetarias divergentes) que elevan la dispersión en todas las regiones y entre ellas.
  • El ciclo de inversión en IA continuará siendo fuente de volatilidad en los mercados, pero también creará oportunidades para los inversores.
  • Los inversores deberían considerar las megatendencias de gran calado que afectan a los balances de las empresas, como la transición energética y el cambio demográfico.
  • Los mercados han mostrado resiliencia ante las conmociones geopolíticas, pero la incertidumbre podría hacer mella en sus rentabilidades futuras.
  • Europa, Japón y los mercados emergentes ofrecen oportunidades diferenciadas que merecen una exposición dedicada a estas regiones.

Los mercados de renta variable global reflejan la época compleja y a menudo turbulenta en la que nos encontramos. Factores como la innovación tecnológica, el realineamiento geopolítico, la transición energética, el cambio demográfico, las políticas monetarias divergentes y el protagonismo renovado del gasto fiscal están impulsando la volatilidad, pero también generan nuevas fuentes de crecimiento.

Estas fuerzas muestran que las bolsas ya no están guiadas por una única narrativa económica y política dominante. El resultado es una dispersión creciente (entre regiones, sectores de actividad y compañías individuales) que eleva tanto el riesgo como el potencial de la gestión activa para añadir valor.

Los inversores que deseen capturar oportunidades deberían plantearse adoptar un enfoque proactivo que refleje sus convicciones, construyendo carteras posicionadas para beneficiarse del cambio estructural pero suficientemente flexibles para responder con rapidez a acontecimientos dinámicos.

Los motores de los mercados

La inteligencia artificial (IA) fue el tema predominante en los mercados de renta variable en 2025, sobre todo en EE. UU. Empresas de todo el mundo han intensificado su gasto en tecnología y están acelerando la inversión en infraestructura de IA, pero recientemente, el enfoque ha pasado de la expansión a la monetización: los inversores se preguntan qué rentabilidad cabe esperar de este gasto en bienes de equipo. Las respuestas han dado pie a temores en torno a las valoraciones y planteado la posibilidad de una potencial burbuja.

Ante la perspectiva de que los beneficios de las empresas tecnológicas van a crecer con mayor rapidez que los de aquellas en sectores no tecnológicos en los próximos dos años, también se han puesto en duda previsiones de beneficio excesivamente optimistas. Dicho esto, aunque las proyecciones son elevadas, no están significativamente alejadas de la media a largo plazo. Para el índice NASDAQ (dominado por el sector tecnológico) se prevé un crecimiento del beneficio del 18% en 2026 y del 17% en 2027, frente a una media histórica del 14%1.

Esta tensión entre el potencial transformador de la IA en el largo plazo y las valoraciones a corto explica, en parte, por qué la volatilidad de las cotizaciones en el sector tecnológico ha sido aproximadamente el doble de la del mercado en su totalidad en los últimos meses. No obstante, la mayor volatilidad también ha conllevado rentabilidades superiores: desde mediados de 2025, la línea de tendencia de la rentabilidad de las acciones tecnológicas globales ha mostrado una pendiente casi dos veces superior a la de la renta variable no tecnológica.

Por otra parte, la IA no es la única fuerza estructural que determina la evolución de las bolsas. Los gobiernos europeos se están comprometiendo a un gasto significativamente mayor en defensa e infraestructura, beneficiando a las empresas industriales y relacionadas con la construcción. Al mismo tiempo, los cambios demográficos están alterando el perfil de crecimiento de economías enteras. Estas megatendencias están creando oportunidades de inversión que van más allá de las fronteras sectoriales tradicionales, remunerando a los inversores que saben identificar a las empresas bien situadas para beneficiarse de estas transiciones.

Retos geopolíticos

Aunque el año pasado no faltaron los desafíos geopolíticos, en 2026 no han hecho más que intensificarse. La incursión de EE. UU. en Venezuela ha sido el último capítulo de la constante batalla por la influencia económica entre Washington y Pekín, y la disputa en torno a Groenlandia ha deteriorado más si cabe las relaciones entre Bruselas y la Casa Blanca. Al mismo tiempo, el conflicto en Ucrania continúa, al igual que las tensiones en Oriente Medio.

Pese a estas turbulencias, los mercados de renta variable han soportado en su mayor parte estas tormentas geopolíticas, debido en parte a que su impacto directo sobre el crecimiento económico y los beneficios corporativos ha sido meno claro que el de los anuncios de aranceles del “Día de la Liberación” el pasado mes de abril.

No obstante, esta resiliencia no elimina el riesgo. El mayor peligro reside en las repercusiones de estos desarrollos: el efecto de la disrupción geopolítica sobre los precios de las materias primas, y en particular de la energía y de las tierras raras esenciales para la electrificación y la infraestructura de IA; el aumento de los costes para las empresas con presencia internacional debido a la reconfiguración de las cadenas de suministro; y el efecto de la incertidumbre política sobre el rumbo de la política monetaria. Esto último complica las cosas especialmente a la Reserva Federal, ya que las dudas en torno al ritmo de los recortes de tipos ya están haciendo mella en el sentimiento.

Para los inversores en renta variable, este entorno refuerza la importancia de la calidad de los beneficios, del poder de fijación de precios y de la fortaleza de los balances. Tal como demuestra la historia reciente, las conmociones geopolíticas pueden provocar movimientos rápidos y pronunciados en los mercados. De esta manera, los inversores deben prestar atención a las noticias geopolíticas junto a los datos económicos, y estar preparados para ajustar sus carteras de manera acorde.

Dónde vemos oportunidades

Las valoraciones de las acciones son considerablemente más bajas en Europa que en EE. UU., incluidos los índices value. La renta variable europea ha superado a la americana en lo que llevamos de 2026, impulsada por un conjunto tangible de catalizadores: expansión fiscal a través del gasto en infraestructura y defensa, un panorama de política monetaria estable por parte del BCE, y sectores corporativos que han sabido adaptarse con éxito a las disrupciones de los últimos años. Europa ofrece a los inversores una combinación de valoraciones razonables y motores estructurales que resulta cada vez más difícil encontrar en otros mercados.

Al mismo tiempo, los inversores no deberían pasar por alto la capacidad de los mercados emergentes de beneficiarse de grandes giros estructurales, sobre todo en relación a las cadenas de suministro tecnológicas. Taiwán, Corea del Sur y (de manera creciente) China son países esenciales en las áreas de la producción de semiconductores y de desarrollo de equipamiento para IA. Las expectativas de crecimiento anual del beneficio para las empresas tecnológicas de mercados emergentes permanecen sólidas (en el 30% para 2026 y 20272) y las valoraciones de sus acciones son a menudo más atractivas que las de sus homólogas del universo desarrollado. Además, varios bancos centrales de la región se hallan en fases más avanzadas de su ciclo de relajación que los de EE. UU. y Europa, aportando un trasfondo doméstico favorable que todavía no está plenamente descontado en las cotizaciones de la renta variable.

Japón también salta a la vista. La economía nipona ha salido de su ciclo deflacionario y el crecimiento del PIB nominal está cerca del 4,5%. La reforma corporativa continúa generando valor para los accionistas, y los niveles de tesorería excedente de las empresas presentan oportunidades en forma de mayor inversión, salarios más altos y rentabilidad del accionista. Dicho esto, las valoraciones son elevadas en términos históricos, con lo que es esencial aplicar un enfoque selectivo en este mercado.

Una dosis de realidad en la construcción de cartera

De cara al futuro, creemos que los inversores que buscan alfa deberán trascender los enfoques binarios tradicionales: las ideas de mercados desarrollados y emergentes, de EE. UU. y el resto del mundo o de acciones growth y value han dejado de ser aplicables.

Así, los inversores deben adoptar un enfoque más matizado y disciplinado que no pierda de vista los fundamentales. Por ejemplo, la sabiduría popular sostiene que las acciones tecnológicas son caras y las acciones value baratas, pero los datos muestran una realidad diferente. Las valoraciones de las acciones growth llevan un tiempo suscitando preocupación, pero algunos índices y mercados de orientación value también parecen caros comparados con las medias históricas. Esto pone de relieve como estas etiquetas de “estilo” pueden ocultar riesgos cíclicos y de concentración subyacentes.

Los inversores que pasan de las acciones de crecimiento a las de valor, convencidos de que están rotando de lo caro a lo barato, podrían estar sustituyendo un riesgo de concentración por otro. Lo más productivo es aplicar un enfoque dinámico, concentrado en identificar flujos de beneficio duraderos a precios razonables, a la vez que diversifican sus posiciones entre los motores estructurales que están remodelando el panorama inversor.

Navegando el futuro

El panorama de la renta variable en 2026 es adecuado para los enfoques de inversión basados en el análisis y en la selección de valores. El rápido cambio tecnológico, la fragmentación geopolítica y las políticas divergentes de los distintos países elevan la dispersión dentro de los mercados y entre ellos. Una exposición pasiva puede capturar beta, pero también introduce riesgo de concentración y ofrece una flexibilidad limitada en un mundo muy cambiante, en el que los mercados se ven reconfigurados por fuerzas dinámicas y a menudo disruptivas.

En opinión de nuestros expertos, invertir con éxito en renta variable en tal entorno pasa por anticipar el cambio estructural y asignar capital en las empresas que abanderan la transformación a largo plazo (en todas las regiones, sectores y capitalizaciones de mercado), en lugar de responder a los titulares o confiar en rotaciones de estilos que podrían no aportar la diversificación que prometen.

Fuente: BNP Paribas Asset Management, marzo de 2026.

[1] Fuentes: FactSet, Bloomberg, BNP Paribas Asset Management, marzo de 2026.

[2] Fuentes: IBES, Bloomberg, BNP Paribas Asset Management.

En el momento de redactar este artículo el 2/3/2026, el conflicto de Oriente Medio no ha justificado cambios significativos en nuestras perspectivas macroeconómicas base ni en nuestras recomendaciones de inversión. Para seguir nuestro análisis sobre los asuntos que impactan a los mercados, visita: Actualidad de Mercado

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