Marsella: ¿el inicio de una estrategia mundial de biodiversidad?

La mayor organización mundial de protección de la naturaleza, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés), celebra esta semana su congreso cuatrienal en Marsella. El evento, programado para 2020 y aplazado a causa de la pandemia de COVID-19, reúne a gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales en la mayor conferencia medioambiental.  

El congreso de Marsella se celebra tras el lanzamiento este mismo año del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas, cuyo objetivo es prevenir, frenar e invertir la degradación de los ecosistemas en todos los continentes y en todos los océanos.

Naciones Unidas va a celebrar este año y el siguiente varias cumbres importantes en materia de clima, sistemas alimentarios y biodiversidad, en las que tratará de definir el futuro previsible del planeta. 

En el congreso de este semana se hará especial hincapié en la importancia de reconocer los vínculos existentes entre la destrucción de los ecosistemas, la crisis climática y las crisis sanitaria y económica causadas por la pandemia de COVID-19.

Crisis interconectadas

Estas cuatro crisis, y sus soluciones, están estrechamente relacionadas entre sí. La propia pandemia de COVID-19 puede verse como una consecuencia de la degradación medioambiental. El cambio climático es la mayor amenaza que ha existido nunca para el futuro de muchas especies y agravará los problemas sociales y económicos que ha traído consigo la pandemia.

En una declaración previa al congreso, el presidente francés Emmanuel Macron señaló que el objetivo era «convertir a la naturaleza en la mayor prioridad internacional», ya que «nuestros destinos están intrínsecamente unidos: el planeta, el clima, la naturaleza y las comunidades humanas».

Un marco mundial de biodiversidad 

El presidente Macron pidió que el congreso de la UICN sentara las «bases iniciales» de un marco global de biodiversidad que será el centro de las deliberaciones de la cumbre de la ONU sobre biodiversidad que se celebrará en China en abril-mayo de 2022.

Ello refleja los esfuerzos de la comunidad internacional para definir los objetivos provisionales para esta década, así como los objetivos a más largo plazo para 2050.

Nuevos retos para los inversores

Los inversores con los que trabajamos tienen conocimientos avanzados y están acostumbrados a asumir riesgos, pero las crisis climática y de biodiversidad exigen una nueva terminología.

Al igual que ocurre con el cambio climático, la pérdida de biodiversidad no es algo que podría producirse en el futuro, sino que ya está ocurriendo. Aún existe mucha incertidumbre sobre cómo evolucionará este proceso, sobre el alcance que llegará a tener y sobre sus potenciales consecuencias. Pero es evidente que seguir como hasta ahora nos conducirá al desastre, y que debemos hacer algo para cambiar la situación.

El colapso de los ecosistemas ya está en marcha, y ha sido iniciado e impulsado por la actividad humana. Se está produciendo según los procesos biológicos y las complejas interacciones entre especies, no según las leyes de la economía o el análisis estadístico. La confianza excesiva en nuestros antiguos modelos de gestión de riesgos podría enmascarar la verdadera naturaleza de la amenaza a la que nos enfrentamos y nuestro papel en ella.

Cuando hablamos de «riesgo sistémico» en este contexto no nos estamos refiriendo únicamente a las amenazas a la estabilidad financiera, sino al daño que puede producir en la sociedad el deterioro o desequilibrio de los sistemas «sustentadores» de vida. Este tipo de amenaza resulta especialmente difícil de definir, y presenta un riesgo de corrección a la baja potencialmente ilimitado.

El deterioro de la naturaleza: un riesgo inevitable

La pérdida de biodiversidad constituye un riesgo de un alcance e importancia sin precedentes. Es difícil exagerar su magnitud. Todos los sectores de la economía se enfrentan a distintas formas de riesgo sistémico, ya que el deterioro y la desestabilización de los ecosistemas provocan sequías, hambrunas y enfermedades, así como las inevitables migraciones masivas y los conflictos que acompañan a estos desastres, inesperados pero previsibles.

Estamos convencidos de que, para gestionar esta situación y contribuir a abordar el problema, los inversores deben hacer valer toda su influencia, y defender un diálogo más eficaz con las empresas y la defensa de las políticas públicas.

Pero también una gran oportunidad

Junto a la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono, la evolución hacia una economía mundial en armonía con la naturaleza representa la mayor oportunidad de inversión de nuestras vidas. Según el Foro Económico Mundial, estas «vías positivas» podrían aportar 10 billones de dólares en valor empresarial y crear 395 millones de puestos de trabajo de aquí a 2030.


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