Los datos de los activos concretos son fundamentales para evitar la infravaloración del riesgo físico climático

La capacidad para evaluar el riesgo físico relacionado con el clima al que se enfrentan las operaciones de las empresas resulta fundamental a la hora de reasignar el capital a las medidas de mitigación y adaptación que pueden limitar dichos riesgos y sus consecuencias financieras. Sin embargo, la falta de información (sobre fábricas concretas, por ejemplo) puede provocar importantes errores de juicio.  

Un estudio reciente recoge el primer método integral para evaluar el riesgo financiero climático por activo. Dicho método tiene en cuenta la interacción de los efectos a largo plazo relacionados con el clima, los fenómenos meteorológicos extremos y los ingresos de las empresas en todas las ubicaciones y líneas de negocio. 

Este artículo forma parte de una serie de artículos periódicos sobre la investigación académica actual en materia de inversión relacionada con la sostenibilidad. Los trabajos se presentaron en la última conferencia anual de la Global Research Alliance for Sustainable Investment and Finance. Creemos en la inversión relacionada con la sostenibilidad que se basa en la ciencia. La colaboración con la investigación académica puede ofrecer valor añadido, ya que el análisis exhaustivo nos ayuda a entender el alcance del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad, a cuantificar el riesgo y a desarrollar soluciones adecuadas. Por eso somos patrocinadores de la conferencia anual de GRASFI y compartimos las conclusiones científicas pertinentes con los inversores, los clientes y el sector de la gestión de activos en general en nuestros sitios web. 

El documento, que lleva por título «Asset-level climate physical risk assessment is key for adaptation finance» (La evaluación del riesgo físico climático por activo es fundamental para la financiación de la adaptación) [1], describe una manera de evaluar el riesgo climático físico que conecta la información por activo (financiera, extrafinanciera y climática) con las líneas de negocio de la empresa, la dinámica macroeconómica, la valoración financiera y el riesgo de los inversores.

La metodología combina los efectos agudos y crónicos del cambio climático, teniendo en cuenta los escenarios de riesgo extremo, y los traduce en información cuantificable sobre el riesgo financiero para los inversores. Los datos sobre los efectos que sufren los activos físicos se utilizan para ajustar la valoración de una compañía, utilizando para ello un modelo de descuento de dividendos climáticos.

Este enfoque contribuye a limitar la infravaloración de las pérdidas financieras y económicas provocadas por los riesgos físicos relacionados con el clima, lo que permite tomar mejores decisiones en relación con la financiación de la adaptación.

El clima ya está afectando a la estabilidad financiera

La evaluación del riesgo financiero relacionado con el clima ocupa un lugar destacado en la agenda de los analistas, los inversores y los supervisores financieros. Los datos demuestran cada vez más que las consecuencias financieras y económicas del riesgo climático físico y del riesgo de transición pueden llegar a afectar a la estabilidad financiera.

Los peligros relacionados con el clima, como los huracanes o las sequías, ya afectan a algunos países y poblaciones, y se prevé que su frecuencia e intensidad aumenten con el tiempo. A más largo plazo, se espera que los riesgos físicos tengan un impacto en los ecosistemas y el desarrollo socioeconómico de todo el mundo.

Evitemos la infravaloración del riesgo climático

Los autores señalan una importante infravaloración de las pérdidas de la cartera y del valor en riesgo (VaR) cuando no se tienen en cuenta los escenarios de riesgo extremo y la información por activo. Esta información resulta crucial para evaluar de manera más precisa los riesgos financieros y económicos que puede traer consigo el cambio climático.

A su vez, una mejor evaluación del riesgo físico de las empresas puede impulsar el avance de la investigación en materia de adaptación, así como el diseño de políticas e instrumentos financieros destinados a aumentar la capacidad de resistencia frente al cambio climático y a cubrir la brecha de adaptación.

Falta de conocimientos…

  • Los autores identifican tres lagunas de conocimientos a la hora de evaluar el impacto financiero de estos riesgos físicos: Acceso limitado a la información relativa a los activos físicos de las empresas: su ubicación, valor financiero, información no financiera (como capacidad, papel en la cadena de valor). Es decir, muchos estudios utilizan valores sectoriales medios y ubicaciones representativas (por ejemplo, la oficina central en vez de las distintas plantas de producción), lo que puede llevar a una estimación errónea de las consecuencias financieras y económicas. Además, los datos relativos a las cadenas de propiedad relacionadas con los activos físicos tienden a estar incompletos o ser difíciles de recopilar.
  • Los análisis actuales de los riesgos físicos relacionados con el clima se basan o bien en escenarios de riesgo crónico, es decir, cambios en los patrones climáticos a largo plazo, como la subida del nivel del mar; o bien en riesgos agudos, es decir, fenómenos meteorológicos extremos como ciclones o inundaciones.  El hecho de prestar más atención a unos riesgos que a otros nos puede llevar a infravalorar el impacto financiero y económico total del riesgo físico.
  • La literatura financiera ha analizado el impacto que han tenido los riesgos climáticos pasados sobre los precios de los activos, pero ha descuidado la información sobre los escenarios climáticos y la naturaleza prospectiva del riesgo climático. 

…y cómo superarla

Para superar esta falta de conocimientos, el estudio describe una evaluación por activo del riesgo climático físico: 

  • En primer lugar, se desglosan los ingresos de la empresa en líneas y unidades de negocio con el fin de calcular la contribución relativa de cada activo físico. Los activos se asignan a información no financiera geolocalizada (climática, medioambiental, empresarial) por cada planta individual, con información sobre la cadena de propiedad e información financiera por contrato y emisor, lo que permite desarrollar un modelo que conecta la información financiera, climática y extrafinanciera.
  • Se evalúa la exposición de cada activo a los riesgos agudos y crónicos.
  • El estudio desarrolla un modelo de valoración que traduce las repercusiones físicas a nivel de activo y las reacciones económicas en el impacto sobre el valor esperado, centrándose en las acciones de la empresa. 

En el estudio, la metodología se aplica a las empresas internacionales con fábricas en México y a los inversores globales que invierten en dichas empresas. Una de las razones por las que se escogió a México fue su buena integración en la cadena de valor mundial. También tiene una exposición muy variable a los riesgos climáticos físicos, por lo que algunos activos pueden sufrir solo pérdidas moderadas mientras que otros pueden sufrir daños catastróficos.

Tras determinar las pérdidas medias de las carteras de los inversores y el VaR, se demostró que la importante infravaloración del riesgo financiero se produce por no tener en cuenta los datos correspondientes a los activos concretos (70%) o el riesgo de situaciones extremas (82%).

Información para las decisiones de inversión

El estudio contribuye a mejorar la evaluación financiera del riesgo físico climático. Ofrece un enfoque transparente, basado en la ciencia y replicable que puede ajustarse a los distintos tipos de riesgos, países y contratos financieros. De este modo, contribuye a reforzar la valoración financiera y la evaluación del riesgo ajustadas al clima, con ideas e implicaciones que pueden aplicarse a las decisiones de inversión y la normativa financiera. 

En concreto, esta metodología permite entender mejor la exposición de los inversores a los riesgos físicos climáticos y, por tanto, favorece la toma de decisiones más coherentes en materia de inversión y normativa de cara a la adaptación. 

«La evaluación de los riesgos físicos relacionados con el clima sigue siendo el “pariente pobre” del análisis ESG. Este estudio demuestra el gran trabajo que aún queda por hacer en esta área y ofrece indicaciones interesantes para el futuro»,




señala Thibaud Clisson, director de cambio climático de BNP Paribas Asset Management. 

Referencias

1 El estudio se presentó en la conferencia anual 2022 de la Global Research Alliance for Sustainable Investment and Finance (GRASFI) patrocinada por BNP Paribas Asset Management. Los autores son Giacomo Bressan, Anja Duranovic, Irene Monasterolo y Stefano Battiston 

Aviso legal

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Riesgo de inversión en cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG): La falta de definiciones y etiquetas comunes o estandarizadas que integren los criterios ESG y de sostenibilidad en el ámbito de la Unión Europea puede dar lugar a diferentes enfoques por parte de las gestoras a la hora de establecer objetivos en materia de ESG. Además, puede dificultar la tarea de comparar estrategias que integren dichos criterios ESG y de sostenibilidad, ya que la selección y las ponderaciones utilizadas para elegir las inversiones pueden estar basadas en indicadores con el mismo nombre, pero con significados subyacentes diferentes. A la hora de evaluar un título determinado sobre la base de los criterios ESG y de sostenibilidad, la Gestora de Inversiones puede también recurrir a fuentes de datos ofrecidas por proveedores externos de análisis ESG. Dada la naturaleza dinámica de las cuestiones ESG, es posible que estas fuentes de datos estén incompletas, sean imprecisas o no estén disponibles. La aplicación de normas de conducta empresarial responsables al proceso de inversión puede llevar a la exclusión de los títulos emitidos por determinados emisores. Por lo tanto, la rentabilidad (del Subfondo) puede ser en ocasiones mejor o peor que la rentabilidad de los fondos comparables que no aplican dichas normas.

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