Justo cuando en Estados Unidos se ha aprobado la ley para la Reducción de la Inflación, por valor de 430.000 millones de dólares, con el fin de hacer frente al cambio climático, entre otras cuestiones importantes1, China ha suspendido la colaboración entre ambos países en materia de calentamiento global. Aunque aún se desconocen los detalles, la decisión podría tener un gran impacto sobre la descarbonización a escala mundial, sobre todo si compromete la declaración que realizaron de manera conjunta los principales emisores de CO2 del mundo en Glasgow el pasado mes de noviembre.
Dicha declaración constituye un acuerdo de cooperación entre ambos países en distintas cuestiones, entre las que se incluyen las normas medioambientales, el marco normativo, las emisiones de gases de efecto invernadero y la mejora del control climático. China representa en torno al 31% de las emisiones mundiales y Estados Unidos alrededor del 14%2, por lo que la ralentización del cambio climático no será posible sin la contribución china y, sobre todo, sin la cooperación entre ambos países.
China suspendió las conversaciones en materia de cambio climático en represalia por la visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, y otros políticos del país3. La suspensión se ha producido cuando quedan menos de cien días para que se celebre la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-27), prevista para el próximo mes de noviembre.
Más allá de la COP-27
La situación actual plantea el interrogante de si la medida adoptada por China afectará a la cumbre COP-27. Aún es pronto para saber si la reunión dará lugar a un acuerdo mundial en materia de cambio climático, pero la reticencia de China a trabajar con Estados Unidos dificultará cualquier escenario de cooperación internacional.
China y Estados Unidos ya se enfrentan a las contracorrientes de desvinculación, desglobalización y aumento de las tensiones geopolíticas. Lo más probable es que la COP-27 dé lugar a opiniones divergentes sobre cómo hacer frente a la sostenibilidad, además del tratamiento por parte de China de las cuestiones relacionadas con la mano de obra y las cadenas de suministro.
Los ambiciosos objetivos de China
Mientras tanto, China parece estar dispuesta a mantener su compromiso en materia de descarbonización. El decimocuarto plan quinquenal, aprobado en el país el pasado mes de marzo, contiene ambiciosos objetivos de reducción de las emisiones de carbono (denominados «Visión 30-60»): se espera alcanzar el pico de carbono en 2030 y la neutralidad de carbono (o nivel cero de emisiones netas) en 2060.
En nuestra opinión, se trata de un objetivo muy ambicioso. Se prevé que las emisiones de carbono alcancen su pico a un nivel mucho más alto que en Estados Unidos, y la neutralidad de carbono está prevista solo para 30 años después del pico.
Se trata de un plazo mucho más corto que el que han fijado Europa y Estados Unidos. Ambos se han comprometido a lograr la neutralidad de carbono en 2050. Sus emisiones de CO2 alcanzaron su punto máximo en 1979 y 2007 (véase gráfico 1), lo que deja 71 y 43 años para que la UE y Estados Unidos alcancen la neutralidad de carbono desde sus respectivos picos.
Consecuencias macroeconómicas
En términos prácticos, China se enfrenta al difícil reto de redirigir la inversión desde las actividades con un nivel elevado de emisiones de carbono, como las relacionadas con las infraestructuras, a sectores con bajas emisiones. La transición desde una generación de energía dominada por el carbón a una energía limpia provocará la reducción del sector industrial, que representa el 80% de las emisiones de carbono de China.
Para cumplir con el plan «Visión 30-60», la inversión en sectores muy contaminantes, como el carbón, el acero, el aluminio y el cemento, tendrá que reducirse con rapidez. No obstante, de corto a medio plazo, no parece probable que el incremento de la inversión en energía limpia e industria verde sea suficiente para compensar la caída de los sectores contaminantes. Por lo tanto, durante el periodo de transición, el crecimiento del PIB podría ralentizarse.
Hasta ahora, la inversión china en energías renovables, como la hidroeléctrica, la eólica y la solar, ha sido insuficiente para llenar el vacío en el suministro de energía que ha dejado la reducción de la producción de carbón. Es probable que sus problemas de escasez de energía empeoren a medio plazo, obligando a la industria a volver a la energía impulsada por carbón y frustrando el proceso de reducción de emisiones.
Pekín se debate entre aumentar la producción de carbón para solucionar la escasez de energía y comprometerse a reducir las emisiones. Mientras se decide, continúa aplicando duras políticas para frenar el consumo de carbón fijando objetivos de consumo energético por unidad de PIB y de consumo energético total.
El gobierno central evalúa el avance de los gobiernos locales hacia la consecución de estos objetivos de forma trimestral, en lugar de hacerlo con carácter anual. Los funcionarios tienen que rendir cuentas en el caso de que no alcancen los objetivos fijados. Los gobiernos locales deben alcanzar los umbrales reduciendo los sectores de altas emisiones y la producción industrial, incluso a expensas de un menor crecimiento, o acelerando la adopción de las energías renovables invirtiendo más en industrias verdes.
Consecuencias para la inversión
Dado el interés de China por abordar el cambio climático, no parece probable que la suspensión de la cooperación con Estados Unidos vaya a afectar a sus esfuerzos en este ámbito. El país debería mantener un fuerte volumen de inversión en tecnologías clave, como las energías renovables, los vehículos eléctricos y las estaciones de carga, el almacenamiento de energía y los proyectos ecológicos.
En un contexto más general, la «Visión 30-60» ha adquirido un especial protagonismo en los esfuerzos de China para reformar el segmento de la oferta de aquí a 2025. La normativa exige recortes en los sectores con un fuerte consumo de energía y un elevado nivel de emisiones e inversiones en electrificación, energías renovables y redes inteligentes.
Este proceso de «destrucción creativa» afectará a los sectores del hierro y el acero, el carbón, el aluminio, el cobre y los combustibles fósiles y favorecerá a las energías verdes y renovables. Todo ello tendrá consecuencias para los inversores en renta variable.
Sin embargo, a corto plazo, la interrupción del suministro de fuentes de energía como el gas natural provocada por las tensiones geopolíticas podría obligar a algunas regiones como Europa a volver de forma temporal a los combustibles fósiles, aunque, al igual que China, mantengan su compromiso con un nivel cero de emisiones de carbono4.
Referencias
1 Vea también Luz verde para el proyecto de ley de gasto climático de EE. UU. y ¿Cómo reduce la inflación el gasto climático de EE. UU.?
2 Fuente: www.globalcarbonatlas.org/en/CO2-emissions
3 Vea también https://www.reuters.com/business/environment/un-warns-no-way-tackle-climate-change-without-us-china-cooperation-2022-08-05/
4 En el siguiente artículo, el primer ministro alemán Scholz afirma que la vuelta al carbón y al petróleo es «temporal» https://www.dw.com/en/germanys-scholz-says-switch-back-to-coal-and-oil-temporary/a-62498429
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