La COP26 abordará grandes (y urgentes) esperanzas

La 26ª Conferencia de las Partes de Naciones Unidas (COP26), que se celebrará del 31 de octubre al 12 de noviembre en Glasgow, llega en un momento crucial para el mundo, cuyas sociedades y economías se ven devastadas, no solo por los efectos de la pandemia actual, sino también por unas condiciones meteorológicas cada vez más extremas.  

El Acuerdo de París, firmado en la COP21 en 2015, fue aclamado como un hito, ya que 195 países se comprometieron a combatir el cambio climático e «intensificar las acciones e inversiones necesarias para lograr un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono».

Una de las claves de la COP26 es que se trata de la primera Conferencia de las Partes que se celebra desde que las medidas aprobadas en el Acuerdo de París debían entrar en vigor (en 2020), y por lo tanto es la primera oportunidad que tienen las naciones desde entonces para revisar juntas sus compromisos y reforzar su determinación.

Sin perder de vista el objetivo final

La junta ejecutiva de la COP26 ha fijado los siguientes objetivos para la conferencia. 

  •  Asegurar un nivel de cero emisiones netas para 2050 y mantener el objetivo de 1,5° C  

Se prevé que los países declaren ambiciosos objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (Contribuciones determinadas a nivel nacional, o NDC por sus siglas en inglés) en línea con el objetivo de alcanzar un nivel de cero emisiones netas para 2050. Para cumplir estos objetivos, los países tendrán que acelerar la eliminación del carbono, fomentar la inversión en energías renovables, reducir la deforestación y acelerar el cambio a los vehículos eléctricos. 

  •  Formalizar el trabajo conjunto de los países signatarios para abordar el cambio climático  

La COP26 incorporará las normas necesarias para aplicar el Acuerdo de París con la finalización del Libro de reglas, que incluye disposiciones en materia de buen gobierno, mitigación, transparencia, financiación, balance periódico mundial y ejecución y cumplimiento. El libro incluye también un calendario de acontecimientos clave en la aplicación del acuerdo. 

  •  Movilizar los fondos comprometidos en el Acuerdo de París  

Para alcanzar los dos primeros objetivos, los países desarrollados deben cumplir su promesa de recaudar al menos 100.000 millones de dólares en financiación climática al año. Las instituciones financieras internacionales deben colaborar y trabajar para liberar los billones de dólares en financiación pública y privada que se necesitan para garantizar un nivel cero de emisiones netas.

Sin embargo, un informe elaborado por expertos a petición del Secretario General de Naciones Unidas señala que no se está cumpliendo el objetivo de 100.000 millones de dólares anuales (la última cantidad disponible, de 2018, es de 79.000 millones), aunque acepta que la financiación climática se encuentra en una «trayectoria ascendente». El crecimiento de la emisión de bonos sostenibles es un ejemplo.

La necesidad de financiación podría ser mayor de lo que se pensó inicialmente. Según un reciente estudio de Energy Transitions Comission, alcanzar el objetivo de cero emisiones netas para 2050 costaría entre 1 y 2 billones de dólares al año en inversiones adicionales, lo que equivale al 1%-1,5% del PIB mundial.

Cuando los potenciales inversores públicos o privados se plantean si dicho compromiso tendría sentido desde el punto de vista financiero, lo que realmente deberían preguntarse es si el mundo puede permitirse no invertir en acción climática.

Comunidades de todo el mundo ya están sufriendo el cambio climático desde una perspectiva económica, ya sea por la pérdida de cultivos provocada por las sequías o por los graves daños en las infraestructuras que han provocado las inundaciones u otras condiciones meteorológicas extremas.

La humanidad debería reconocer y abordar la relación de simbiosis que existe entre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

La pérdida de ecosistemas, o capital natural, derivada del cambio climático que provoca la actividad humana está causando un daño adicional (que dentro de poco podría ser irreversible) a la salud, los recursos alimentarios y, especialmente en los mercados en vías de desarrollo, el bienestar económico. 

El enviado especial de las Naciones Unidas para la acción climática y las finanzas, Mark Carney, afirma que la enorme inversión requerida constituye una oportunidad, y no un riesgo, ya que, en su opinión, los beneficios que se derivan de dichas inversiones superan con creces los costes iniciales. 

Los argumentos financieros y empresariales a favor de la energía limpia son más sólidos que nunca. En la mayoría de los países, la energía solar es ya más barata que la construcción de nuevas centrales eléctricas de carbón. Las inversiones en energías limpias también impulsan el crecimiento económico, y tienen potencial para crear 18 millones de puestos de trabajo para 2030, incluso teniendo en cuenta la inevitable pérdida de empleos relacionados con los combustibles fósiles. 

Según Naciones Unidas, el compromiso anual de 100.000 millones de dólares por parte de los países desarrollados al que se hace referencia en el Acuerdo de París «es un mínimo, no un máximo» en lo que se refiere a la financiación climática. 

Sin embargo, lo más probable es que las ventajas derivadas de las inversiones sean muy superiores a los costes. La transición hacia una economía verde podría ofrecer una ganancia económica directa de 26 billones de dólares de aquí a 2030

  •  Lograr la adaptación necesaria para proteger las comunidades y los hábitats naturales  

Aunque las emisiones de gases de efecto invernadero comiencen a ralentizarse, el clima continuará cambiando, con efectos devastadores. La COP26 apelará a la cooperación para animar a los países afectados por el cambio climático a proteger y restaurar los ecosistemas y la biodiversidad, construir defensas, poner en marcha sistemas de alerta y aumentar la capacidad de resistencia de las infraestructuras y la agricultura para evitar la pérdida de hogares, ingresos y vidas.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que solo los costes de adaptación, y solo para los países en vías de desarrollo, serán de entre 140.000 y 300.000 millones de dólares al año en 2030, y que aumentarán a entre 280.000 y 500.000 millones de dólares anuales para 2050.  

¿Grandes esperanzas? Quizás no. ¿Necesidades urgentes? Sin duda.

No cabe duda de que nos jugamos mucho en la COP26. El mundo entero estará expectante, con esperanzas urgentes, si no grandes, de que la cumbre cumpla sus objetivos. El hecho de que casi 200 países lleguen a un acuerdo es, quizás, la tarea política más difícil.

A la hora de plantearse el futuro de la Tierra, los delegados de la COP26 deberían recordar una cita, parafraseada aquí, de la obra «Grandes esperanzas» de Charles Dickens: «Durante demasiado tiempo he querido alejar de mi memoria el recuerdo de lo que desdeñé cuando ignoraba su valor».


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