High yield americano, oportunidades en un contexto de incertidumbre

PUNTOS CLAVE:

  • En un entorno macroeconómico incierto, los inversores en renta fija deberían adoptar un enfoque flexible.
  • El high yield americano puede aportar rentabilidades totales atractivas y una duración inherente más baja a las carteras de deuda.
  • La moderación del crecimiento económico estadounidense debería ser favorable para la mayoría de las empresas en este segmento.
  • Aunque los diferenciales son estrechos, los inversores deberían tener en cuenta las tasas de incumplimiento bajas y la mejora de la calidad crediticia del crédito high yield: el calificativo de “bonos basura” ya no es aplicable.

El mercado de crédito high yield americano registró una rentabilidad total del 8,5% en 2025, de la que casi 7 puntos porcentuales fueron atribuibles a la rentabilidad por cupón. Este resultado se logró pese a la mayor complejidad del entorno de renta fija a lo largo del año, ante las señales divergentes de los factores macroeconómicos que determinan la evolución de la clase de activo.

Mientras que el crecimiento en el Reino Unido y la Europa continental fue apagado, la economía americana mostró mayor resiliencia, con pocos indicios de una ralentización significativa pese al aparente deterioro del mercado laboral. Los aranceles impuestos por Washington y el impacto del conflicto en Irán sobre los precios del petróleo han complicado más si cabe el panorama de inflación, con lo que la envergadura y calendario de nuevos recortes de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal siguen sin estar claros.

Ante perspectivas económicas desiguales, los inversores en renta fija deben pensar de manera flexible y adoptar un enfoque ágil a fin de capturar oportunidades de rentabilidad y diversificar los riesgos que plantean las contracorrientes macroeconómicas para sus carteras. En tal entorno, el high yield americano (que ofrece niveles atractivos de renta en forma de cupones y cualidades de diversificación únicas) puede ser muy valioso.

La idoneidad del high yield americano en el actual entorno

La expectativa es que el crecimiento del PIB americano mantendrá su solidez en 20261, pero es probable que sea algo inferior al rango del 2% al 3% de los últimos tres años. Esto esboza un entorno favorable para el mercado de deuda high yield.

Una ligera desaceleración durante los próximos uno o dos años podría ser un escenario ideal para los emisores de crédito high yield, al proporcionar un entorno estable propicio para el crecimiento de los ingresos, pero sin los extremos de una economía mucho más boyante capaz de conducir a un exceso de optimismo empresarial, o de un entorno recesivo que pueda provocar el deterioro de los balances y un repunte de los impagos.

Sin embargo, el rumbo de los tipos de interés en EE. UU. no está tan claro. Una inflación superior al objetivo (reforzada por el encarecimiento de la energía, el traspaso de los aranceles a la importación y controles de inmigración más estrictos en un contexto en el que la disminución de la capacidad ociosa ejerce presión al alza sobre los salarios) podría limitar la capacidad de la Reserva Federal para bajar su tipo de intervención tras el relevo previsto de su presidente en mayo.

Pese a la reciente volatilidad del precio del dinero vinculada al fuerte aumento de los precios del petróleo, no obstante, el mercado todavía descuenta nuevos recortes de tipos por parte de la Fed en la segunda mitad del año. En general, esto sería favorable para las rentabilidades en los mercados de deuda, incluido el segmento high yield, pero incluso sin recortes de tipos, los niveles de renta actuales siguen respaldando rentabilidades atractivas de la mano del carry.

El impacto de la actual intervención militar en Irán sobre el mercado high yield americano dependerá de la duración del conflicto y del grado de disrupción que provoque en el suministro de energía global. El sector de la energía (que representa en torno al 11% del índice US High Yield) debería beneficiarse de la subida de los precios del petróleo, pero creemos que este impacto positivo será relativamente apagado debido a los niveles de contratación ya ajustados en el segmento. Es probable que un conflicto activo breve y un suministro de energía trastocado durante meras semanas afecte de manera muy limitada a los beneficios de los emisores high yield estadounidenses, a su calidad crediticia media y a sus tasas de incumplimiento. Sin embargo, un conflicto más prolongado, con impactos duraderos y significativos sobre la oferta global de energía, tendría seguramente un efecto sustancial sobre el apetito de riesgo de los inversores, los precios de las materias primas, el comportamiento de los consumidores y el beneficio corporativo de múltiples clases de activo, incluyendo al high yield americano.

La cara cambiante del crédito high yield americano

Aunque el entorno macroeconómico todavía es un tanto complicado, el mercado high yield americano sigue mostrando resiliencia a nivel micro. La fuerte rentabilidad aportada por el segmento desde 2023 ha atraído el interés de los inversores, y esta demanda ayuda a explicar por qué los diferenciales de crédito son estrechos en términos históricos.

No obstante, los diferenciales actuales reflejan más que el apetito inversor por la clase de activo; también debe considerarse la transformación sostenida de la calidad crediticia del mercado high yield americano desde el fin de la crisis financiera de 2008/2009.

Con la mejora de la calidad general durante este periodo, el segmento ha dejado de merecer el calificativo de “bonos basura”: la proporción de bonos con calificación BB (el tramo de mayor calidad por debajo de grado de inversión) ha alcanzado el nivel récord del 59% del mercado, frente al 37% antes de la crisis, mientras que los bonos CCC (en el extremo inferior del espectro de calidad) han caído del 16% a un mero 9%2.

La subida de la calidad media del crédito high yield en los últimos años se ha visto reforzada por la proporción creciente de los bonos garantizados en el segmento, en el marco de los esfuerzos de los emisores para minimizar sus costes en un entorno de mayores tipos de interés. Ahora, las emisiones garantizadas representan en torno a un tercio del mercado, brindando una seguridad adicional a los prestamistas y creando en teoría un techo más bajo de cara a episodios de ensanchamiento de los diferenciales.

El efecto neto es un indicador con una calidad significativamente superior a la del índice que suele utilizarse para realizar comparaciones históricas de diferencial. Dado este giro sustancial, comparar los niveles de diferencial actuales con las medias históricas a largo plazo podría tener limitaciones inherentes, aunque los rangos recientes encajan con valoraciones elevadas en base a cualquier medida de referencia. Si bien resulta imposible pronosticar cuál podría ser el nuevo diferencial “normal” medio para el crédito high yield de cara a los próximos 15 años, no es descabellado sugerir que seguramente será más bajo que el de los 15 últimos años.

Los fundamentales y los factores técnicos son aún favorables

El panorama fundamental respalda esta narrativa de mejora de la calidad. Los incumplimientos permanecen por debajo de las medias a largo plazo, y aunque los ratios de cobertura de intereses han disminuido desde sus recientes máximos históricos dado que las empresas se refinancian a cupones más elevados, tanto la cobertura como el apalancamiento se hallan en niveles manejables.

Al mismo tiempo, los emisores han seguido reduciendo progresivamente los plazos de vencimiento; el 70 % de la nueva emisión bruta en 2025 se realizó a efectos de refinanciación. Así, la nueva emisión neta permanece baja pese al repunte de la emisión bruta, y la demanda continúa superándola: los fondos de inversión colectiva de créditohigh yield americano captaron 18.000 millones de dólares de entradas netas en 2025, su nivel más alto desde 2020. La principal de estas fuentes de demanda han sido los cerca de 280.000 millones de dólares de “estrellas ascendentes” entre 2022 y 2024 que migraron del segmento high yield al de grado de inversión, frente a los 40.000 millones de dólares de “ángeles caídos” que se movieron en la dirección contraria3. Este desequilibrio entre oferta y demanda ha contribuido a mantener los diferenciales contenidos, si bien anticipamos un panorama técnico más equilibrado en adelante debido a un menor volumen de estrellas ascendentes y una mayor oferta impulsada por la IA y la actividad de fusiones y adquisiciones.

La disrupción de la IA abre una nueva grieta para el crédito

El debate en torno a la disrupción potencial de la IA en ciertos sectores podría afectar a las rentabilidades futuras del crédito high yield y la financiación apalancada global en 2026.

La oleada de ventas de renta variable americana en 2026, provocada por temores de que la IA erosione ciertos modelos de negocio, presenta tanto riesgos como oportunidades para el mercado high yield. Un panorama más incierto para estas empresas (en especial las de software) ha provocado cierto reajuste de los precios de sus bonos al disminuir su capitalización bursátil, sobre todo entre las compañías más apalancadas.

Lo que aún no ha cambiado de momento, al menos en el segmento high yield, son las cifras de beneficios, ingresos y crecimiento de EBITDA procedentes de muchas de estas empresas de software, todavía muy sólidas. Esto dista mucho de previas oleadas de ventas en sectores individuales (telecomunicaciones en 2001, energía en 2015), desencadenadas por señales crecientes de deterioro de los balances corporativos en dichas áreas.

Creemos que, tarde o temprano, el mercado comenzará a diferenciar entre los ganadores y perdedores potenciales del avance de la IA. A medida que esto ocurre y los fundamentales vuelven a imponerse, el mercado high yield será escenario de dispersión de las cotizaciones, dando pie a oportunidades atractivas.

Desde un punto de vista técnico, la exposición elevada al sector del software que tienen los inversores en financiación apalancada (a través de bonos, préstamos y deuda no cotizada) requiere invertir con cierta prudencia. A este respecto, será importante discriminar entre los distintos niveles de riesgo presentes en estos mercados. El área de sociedades de desarrollo comercial (BDC) y de crédito no cotizado tiene una exposición muy significativa a la tecnología y concretamente al software, considerablemente mayor que la del mercado de deuda high yield. Algunas de estas gestoras de crédito privado tendrán menos flexibilidad en sus carteras para adaptarse a los riesgos de la IA que las gestoras en los mercados muy líquidos de préstamos y deuda high yield. Por lo que respecta a los préstamos apalancados, la calificación de un 95% de las empresas de software es B o inferior, mientras que más de un 60% de las compañías high yield de este sector tienen una calificación BB. Desde esta perspectiva, el punto de partida para el mercado de deuda high yield es relativamente más sólido que el de otros mercados de financiación apalancada, pero la medida en que la venta indiscriminada ejerce presión técnica sobre todos los mercados de crédito justifica la cautela.

Un papel distintivo en las carteras de renta fija

La calidad del mercado de crédito high yield americano se ha transformado considerablemente desde la crisis de 2008. En el marco de la demanda de clases de activo con mayores niveles de renta, creemos que esta dinámica cambiante permitirá al crédito high yield americano convertirse en un componente cada vez más habitual de los modelos estándar de asignación de activos, con potencial de aportar niveles de rentabilidad atractivos capaces de competir con la renta variable pero con menor volatilidad, además de ser un buen complemento para los activos de renta fija de mayor duración, dado su perfil de vencimiento naturalmente más corto. Fuente: BNP Paribas Asset Management, 2026.

[1] Fuente: BNP Paribas Asset Management, marzo de 2026.

[2] Fuente: BofA Research, índice ICE BofA US High Yield, a 28 de febrero de 2026.

[3] J.P. Morgan Research Credit Strategy Weekly, a 31 de diciembre de 2025.

En el momento de redactar este artículo el 11/3/2026, el conflicto de Oriente Medio no ha justificado cambios significativos en nuestras perspectivas macroeconómicas base ni en nuestras recomendaciones de inversión. Para seguir nuestro análisis sobre los asuntos que impactan a los mercados, visita: Actualidad de Mercado

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