La producción de alimentos y la agricultura tienen un impacto significativo en el medioambiente y el cambio climático. La necesidad de abordar estas cuestiones, con consecuencias que pueden ir desde la deforestación hasta las condiciones de trabajo insalubres, es urgente e incluso puede resultar molesta en ocasiones, pero las soluciones ofrecen oportunidades a los inversores.
El impacto de la agricultura comercial sobre el medioambiente varía en función del producto alimentario de que se trate, pero el principal impacto procede de los productos animales en general y de la carne de vacuno en particular, que representan el 31% de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 43% del uso de la tierra (véase el gráfico 1).

El uso excesivo de agua, la utilización irracional del suelo, las emisiones de gases de efecto invernadero, los herbicidas que contaminan el agua y el suelo: la lista de efectos nocivos es amplia y podemos encontrarlos en toda la cadena de suministro de alimentos. Por poner solo un ejemplo: la tierra es desbrozada para la agricultura, lo que provoca la deforestación; se talan árboles para realizar cultivos, lo que provoca emisiones de CO2 y elimina los sumideros de CO2; a su vez, el pienso procedente de los cultivos provoca que el ganado emita metano, lo que viene a sumarse al grave problema de la emisión de gases de efecto invernadero.
Junto a los aspectos medioambientales, también encontramos desigualdades e injusticias sociales relacionadas con los alimentos o con la producción de alimentos. En uno de los extremos de la cadena de suministro están los agricultores, que reciben una remuneración insuficiente por su trabajo, y entre los que se incluyen trabajadores inmigrantes mal pagados que viven y trabajan en condiciones precarias en los campos, invernaderos y mataderos. Los problemas se extienden hasta llegar al acceso desigual a alimentos asequibles, suficientes, seguros y saludables.
La pandemia ha puesto de manifiesto ciertos problemas relacionados con el sector alimentario
La actual crisis sanitaria ha servido para poner de relieve otras cuestiones relacionadas con la alimentación, como las condiciones de trabajo en los mataderos, las plantas de procesamiento de carne y los almacenes. La pandemia arrasó las fábricas, interrumpió la producción y provocó escasez de carne en las tiendas.
En los meses de abril y mayo, las fábricas se convirtieron en focos de COVID, ya que los trabajadores que manipulaban la carne en largas cintas transportadoras se infectaron unos a otros y las condiciones de almacenamiento en frío mantuvieron el virus vivo durante más tiempo. En Estados Unidos y la Unión Europea, muchos de estos trabajadores son inmigrantes y trabajan en pésimas condiciones. Además, suelen vivir en condiciones de insalubridad, lo que facilitó la propagación del virus.
Las empresas se vieron obligadas a realizar fuertes inversiones en sistemas de aire acondicionado y equipos de protección personal y a modificar los turnos de trabajo, lo que puso de manifiesto las debilidades del sector y los riesgos para los inversores. Por otro parte, surgieron atractivas oportunidades de inversión entre proveedores de equipos de automatización y herramientas de inteligencia artificial destinadas a la industria cárnica.
Cambios en nuestro estilo de vida para aumentar nuestro bienestar y ayudar al planeta
En lo que se refiere al aspecto social de la inversión en el sector alimentario, la pandemia también ha puesto de manifiesto, e incluso reforzado, la mayor sensibilización de los consumidores ante la necesidad de un consumo más consciente y la importancia de la alimentación en la salud y el bienestar. De hecho, la crisis ha acelerado la tendencia hacia una alimentación más basada en productos vegetales y menos en carne y productos lácteos.
El impacto del consumo de carne, en concreto de ternera y de cerdo, es enorme: su «huella» contribuye al cambio climático, la contaminación, la deforestación, las emisiones de metano (el ganado representa el 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero) y la pérdida de biodiversidad.
Un cambio en la dieta que favorezca el consumo de legumbres y de sustitutos de la carne veganos y elaborados en laboratorio ayudaría a reducir el calentamiento global que provocan los gases de efecto invernadero y a transformar un sistema alimentario ineficiente y perjudicial. Los científicos ya han advertido de que, para controlar el aumento de la temperatura global, debemos comer menos carne, consumir menos azúcar, beber menos leche y comer más verduras, frutos secos y semillas. Todo ello tendría un «potencial de transformación» [1].
El objetivo es reducir la huella ecológica
Existen varias opciones para reducir los efectos medioambientales del sistema alimentario:
- Cambios en la dieta hacia una alimentación más sana basada en alimentos de origen vegetal
- Mejoras en la gestión y las tecnologías
- Reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos
Los científicos afirman que será necesario aplicar una combinación de medidas para lograr mitigar de forma suficiente el aumento de la presión que se prevé que el sistema alimentario ejerza sobre el medioambiente en el año 2050 [2].

Los cambios en la dieta pueden crear oportunidades en toda la cadena de valor del sector alimentario. El nuevo papel de la carne en la dieta ha provocado un gran aumento de la alimentación «flexitariana», que defiende una alimentación con mayor presencia de alimentos de origen vegetal, lo que ha obligado a las compañías de procesamiento y producción de alimentos a adaptarse, pero también a los minoristas a ofrecer un mayor acceso y visibilidad a estos productos.
Resulta alentador comprobar que estos y otros esfuerzos están contribuyendo a aumentar la sostenibilidad de la cadena alimentaria, así como su capacidad de resistencia frente a crisis sanitarias y económicas. Al avanzar en esta dirección, el sector alimentario, la producción de alimentos y la agricultura resultan cada vez más atractivos para aquellos inversores que desean aplicar a sus carteras criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés).
En el siguiente pódcast escuchamos la opinión de Agne Rackauswaite, analista de IMPAX Asset Management con experiencia en compañías que operan en toda la cadena de valor del sector de la alimentación y la agricultura.
[1]“Moving from current diets to a diet that excludes animal products has transformative potential, reducing food’s land use by… 76%; food’s GHG emissions by… 49; acidification by 50%; eutrophication by 49%; and scarcity-weighted freshwater withdrawals by 19% for a 2010 reference year.” Source: Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers, Science, Feb 2019 https://josephpoore.com/Science%20360%206392%20987%20-%20Accepted%20Manuscript.pdf
[2] Options for keeping the food system within environmental limits, Nature, Oct 2018 https://www.nature.com/articles/s41586-018-0594-0