La crisis de energía ya estaba desbocada con los planes de transición energética. Las olas de calor que hemos sufrido este verano no han hecho más que agravar la situación. ¿Podría esta crisis poner en peligro los objetivos del cambio climático? Alexander Bernhardt lo analiza.
Parece que estamos en un ciclo sin fin. Las crisis de suministro energético que se han producido tras el inicio de la guerra de Ucrania han hecho que los gobiernos se apresuren a poner en marcha estrategias de seguridad energética para diversificar las importaciones de combustibles fósiles y mitigar el impacto en las familias y las empresas. El precio del gas se ha disparado, mejorando las perspectivas del carbón, más intensivo en carbono, lo que a su vez tiene consecuencias evidentes para las emisiones de gases de efecto invernadero y el clima en general.
El verano ha venido cargado de fuertes olas de calor, poniendo así de manifiesto cómo el cambio climático puede agravar aún más los problemas de suministro energético. El bajo nivel de los ríos y las elevadas temperaturas han afectado al suministro de combustible y a la provisión de energía.
¿Cómo podemos romper este ciclo?
La respuesta inmediata
Tras cerrar el grifo de forma gradual, el Kremlin dice ahora que mantendrá las restricciones al flujo de gas ruso a Europa a través del gasoducto Nord Stream1 mientras Occidente mantenga sus sanciones contra Rusia. Esta situación ha aumentado la presión para que los países de la Unión Europea (UE) aceleren el plan RePowerEU, recompongan sus inventarios y aboguen por un uso económico del gas.
Aunque estos planes cuentan con un importante componente de energías renovables, los Estados miembros de la UE también se han comprometido a construir nuevas infraestructuras de gas natural licuado, que puede hacer un uso menos intensivo de carbono que el carbón. Sin embargo, si tenemos en cuenta las emisiones de metano que se derivan de su transporte, normalmente a grandes distancias, y, según su origen, las emisiones fugitivas, su huella de gases de efecto invernadero hace que el gas natural licuado que se transporta sea considerablemente peor para el clima que el gas que va a través de gasoductos.
Según un análisis recientemente realizado por el Financial Times, los gobiernos europeos gastarán este invierno 50.000 millones de euros en suministro e infraestructuras de combustibles fósiles, multiplicando por más de cuatro los 12.000 millones de euros que contempla el plan RePowerEU. Se pretenden construir 26 terminales de gas natural licuado. Los países van a tener que gastar más en carbón que irá destinado a unas centrales eléctricas cuya fecha de cierre estaba próxima y que ahora han prolongado su vida útil.
Para agravar aún más el problema, el bajo caudal del río Rin, por ejemplo, ha hecho que los barcos de carga de carbón solo puedan navegar con cargas parciales, lo que ha afectado al funcionamiento de las centrales de carbón que operan en sus afluentes. Hay una mayor demanda de gas en aquellos países cuyas instalaciones hidroeléctricas se han visto afectadas, como es el caso de España y Portugal.
Estos factores agravantes provocados por el clima van a ser más frecuentes en el futuro.
Además, están aumentando el coste de la energía. El aumento de la demanda de carbón se ha unido a los problemas logísticos, y ahora el precio de una tonelada de hulla ha alcanzado los 450 dólares, frente a los 60 que costaba a principios de 2021. Alemania, Países Bajos, República Checa y Grecia han aumentado su producción de carbón o sus actividades de minería en respuesta a esta situación. Por otro lado, algunas fábricas europeas han cerrado para evitar los elevados costes de la energía.
En China, los niveles de energía hidráulica también han bajado en el sudeste el país, ante los problemas de agua que hay en la zona, lo que ha provocado una mayor combustión de carbón para la generación de energía y el cierre de algunas fábricas.
Los Estados miembros de la UE han puesto en marcha programas de seguridad energética. Alemania ha aplicado medidas de eficiencia energética y ahora supera el objetivo de almacenamiento de gas recomendado por la UE, que está en el 80%. En julio, el precio medio de sus importaciones de gas natural, petróleo y carbón aumentó un 132% en términos internanuales. Ha prolongado el funcionamiento de, al menos, una central nuclear, y ha acordado el intercambio de gas y energía con Francia en caso de que fuera necesario.
La UE también pretende ayudar a las empresas y los hogares que han de enfrentarse a unos costes energéticos sin precedentes, y tiene la intención de aplicar un impuesto a las compañías de electricidad.
Impacto en los objetivos climáticos
Las autoridades europeas consideran que el impulso a la diversificación del gas y el carbón es solo una medida temporal. Sin embargo, se teme que la inversión en nuevas infraestructuras pueda prolongar la dependencia de los combustibles fósiles durante más tiempo del que hubiera sido necesario.
La crisis ha incrementado el precio del carbono en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE, ya que los contratos de gas se han disparado y los generadores de carbón han comprado derechos de emisión con fines de cobertura. Un precio elevado también podría servir para limitar las emisiones. Sin embargo, la Comisión Europea ha prometido 29.000 millones de euros en ayudas a los participantes en el mercado de derechos de emisión para compensar parcialmente a las empresas con gran consumo de energía.
La Comisión también tiene la intención de vender derechos de emisión adicionales para financiar el plan RePowerEU, una medida que ha suscitado algunas críticas, y ha propuesto eliminar los requisitos que exige el principio de «no causar un perjuicio significativo» a la hora de invertir en proyectos destinados a garantizar el suministro.
Según los análisis realizados, las medidas de eficiencia energética que se pondrán en marcha en los Estados miembros de la UE compensarán las emisiones que provoque el mayor uso de carbón. Sin embargo, si el carbón se convierte en una tendencia a más largo plazo, será más difícil cumplir los objetivos climáticos y de reducción de emisiones de carbono.
Inversión en energía limpia con fines de seguridad
Desde el punto de vista de la inversión ESG, cabe destacar que la financiación de la capacidad de energía limpia no solo contribuye a cumplir los objetivos climáticos, sino que se considera una estrategia fundamental para mejorar la seguridad energética.
El cambio climático, la seguridad energética y la inflación están interrelacionados (véase gráfico 2). La transición de los combustibles fósiles a un sistema de energía limpia contribuirá a mejorar estos tres problemas, tal y como hemos señalado en otras ocasiones.
En resumidas cuentas, para poder cumplir los objetivos climáticos de la UE, es importante que la situación actual sea provisional y no lleve a un aumento a largo plazo en el uso de los combustibles fósiles. Si la crisis energética acelera el desarrollo de la capacidad de energía limpia, podría atenuarse la preocupación por la seguridad energética y proteger al mismo tiempo los objetivos climáticos. Los análisis demuestran que una mayor capacidad de energía limpia podría eliminar la necesidad de nuevas infraestructuras para las importaciones de gas.
Las autoridades ya están respondiendo a esta necesidad, tal y como demuestra, por ejemplo, la ley para la Reducción de la Inflación aprobada en Estados Unidos.
Después de que se produzca este cambio en el entorno normativo, los inversores desempeñarán un papel principal a la hora de intensificar las ayudas fiscales y contribuir a romper el ciclo de combustibles fósiles-inseguridad-inflación.
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