La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU reconoce que el bienestar de las personas está vinculado intrínsecamente a nuestra seguridad física y económica. Sin embargo, esta se ha visto amenazada en ambos ámbitos en los últimos años. La pandemia nos ha enseñado que no podemos pecar de complacencia en lo referente a la salud, y la geopolítica ha militarizado materias primas vitales como la energía y los alimentos.
Como inversores, tenemos poder para impulsar el cambio a mejor. Aunque la inversión por sí sola no puede eliminar tales estos peligros, sí puede mitigar algunas de sus consecuencias económicas, minimizar la exposición a riesgos previsibles y ayudar a acelerar la transición hacia un mundo más seguro. A continuación exploraremos algunos de los ejemplos más apremiantes, incluida la seguridad alimentaria, sanitaria y energética, considerando las oportunidades y los retos que conllevan para los inversores.
Emisiones bajas, bajo riesgo
El cambio climático es uno de los mayores peligros para el planeta, al afectar a la naturaleza y a la subsistencia, la salud y la renta de las personas. Por este motivo, el naturalista David Attenborough ha descrito el cambio climático como “la mayor amenaza para la seguridad a la que se haya enfrentado el hombre moderno en toda su historia”.
Mientras que las autoridades de todo el mundo toman medidas para lograr un futuro más verde, la falta de un enfoque organizado podría crear una competencia de talento, poder y recursos susceptible de obstaculizar el logro de objetivos verdes globales. Por ejemplo, China domina la minería de tierras raras, esenciales para la producción de muchas tecnologías de energía limpia. La Ley de Reducción de la Inflación de los Estados Unidos está tratando de contrarrestar este hecho reforzando el suministro doméstico de minerales críticos y utilizando incentivos fiscales para desplazar la producción de tecnologías limpias a los Estados Unidos. No obstante, esta legislación histórica ha hecho temer por una carrera de subsidios capaz de perjudicar a otros países menos capaces de competir a nivel financiero.
Todavía no está claro cómo transcurrirá la “carrera hacia un futuro verde”, pero las enormes sumas de financiación reservadas para la mitigación y la adaptación al cambio climático deberían aplaudirse. Una economía de bajas emisiones de carbono no solo ayudará a minimizar el peligro de la crisis climática, sino que también dará pie a numerosas oportunidades para los inversores.
Seguridad y autosuficiencia
Los cambios en el panorama geopolítico han priorizado la seguridad energética en muchas agendas públicas. Los gobiernos están buscando la independencia energética de sus países elevando la autosuficiencia del suministro. Un aspecto alentador es que esta estrategia está alineada con los compromisos con la transición desde los combustibles fósiles hacia fuentes más limpias, con lo que se abordan dos problemas a través del mismo mecanismo.
No obstante, la seguridad energética no gira únicamente en torno al suministro: el coste también es un factor importante. Mientras que el gas y el petróleo se han encarecido con rapidez, las tecnologías de renovables se están abaratando. Esto aporta más peso si cabe a los argumentos a favor de acelerar la transición energética, ya que las fuentes renovables actúan como escudo frente a la volatilidad de los combustibles fósiles. Los datos empiezan a sugerir que la transición energética está ganando tracción. En su Perspectiva energética mundial (World Energy Outlook), la Agencia Internacional de la Energía (AIE) afirma que si se mantiene el ritmo actual de despliegue de energía fotovoltaica solar, energía eólica, vehículos eléctricos y baterías, la transición energética se logrará antes de lo previsto.
Así, ahora que las rutas hacia la seguridad energética y la neutralidad de carbono son paralelas, el panorama de soluciones de renovables y de eficiencia energética ha mejorado claramente para los inversores.
Las innovaciones agrícolas dan pie a revoluciones
El tema de la seguridad alimentaria ha cobrado importancia en los últimos años, debido a la convergencia de varios factores que han agravado el problema. La frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos se ha doblado en lo que va de siglo, con lo que las regiones agrícolas en muchos países han cambiado o han visto disminuir su superficie, reduciéndose de esta manera el rendimiento de los cultivos. La pandemia ha trastocado gravemente las cadenas de suministro alimentarias y agrícolas, una situación exacerbada además por disputas geopolíticas y un proteccionismo creciente.
Estas restricciones no solo han afectado al suministro de alimentos: también han elevado los precios de estos productos, amenazando más si cabe la seguridad alimentaria a nivel mundial. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha hecho hincapié en este problema, indicando que el número de personas que no pueden permitirse una dieta sana ha aumentado hasta casi 3100 millones de personas.
Dicho esto, están surgiendo soluciones que podrían transformar los sistemas alimentarios agrícolas y elevar su resiliencia. Las innovaciones agrotecnológicas (desde la carne cultivada en laboratorio hasta la agricultura vertical y la tecnología agrícola de alta precisión) son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria. Al mismo tiempo, aplicar la tecnología para limitar los residuos también podría ayudar a que un mayor volumen de la comida que producimos llegue al consumidor final.
En última instancia, debemos replantearnos todos los eslabones de la cadena de suministro alimentaria, y financiando esta revolución agrícola, los inversores podrían cosechar sus beneficios.
¿Cómo lograr la igualdad sanitaria?
La pandemia fue un trágico recordatorio de la vulnerabilidad de nuestro bienestar y de los servicios sanitarios. No obstante, las enfermedades infecciosas no son el único peligro para la seguridad sanitaria: esta también se ve amenazada por factores medioambientales, económicos y de estilo de vida. La relación entre ingresos y salud es increíblemente directa. Incluso en los países más ricos del mundo existen enormes brechas de esperanza de vida entre las áreas más prósperas y las más pobres; en Estados Unidos, por ejemplo, ciertos expertos cuantifican esta disparidad en 15 años.
La igualdad sanitaria (en virtud de la cual todo el mundo tiene una oportunidad justa para lograr su máximo nivel de salud) solamente se alcanzará si también consideramos factores perjudiciales más allá del sector sanitario. La calidad del aire que respiramos puede afectar de manera significativa a la salud humana, y la contaminación atmosférica está vinculada a la quema de combustibles fósiles. Los remedios que ya estamos empleando para combatir el cambio climático también mejorarán la calidad del aire.
Por otro lado, nuestras decisiones de estilo de vida tienen un impacto considerable en la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 60% de los factores relacionados con la salud y la calidad de vida están correlacionados con el estilo de vida. Por ejemplo, las bebidas azucaradas pueden contribuir a la obesidad y a dolencias afines, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
Aunque la regulación y la actuación de las autoridades pueden ser parte de la solución, también existen oportunidades de inversión para abordar directamente los retos sanitarios. Se están desarrollando sustitutos para ingredientes nocivos, y la tecnología emplea patrones de comportamiento para animar a la gente a concentrarse en hábitos más saludables. En el sector sanitario, las empresas están implementando telemedicina para prestar un mejor cuidado a poblaciones marginadas, o mejorando los mecanismos de suministro de medicinas a áreas de difícil acceso. La inversión en innovaciones sanitarias y el respaldo de las transformaciones necesarias a nivel medioambiental y de estilo de vida pueden conducir a una mayor seguridad sanitaria para todos.
Poner fin al auge de la ciberdelincuencia
La innovación tecnológica proporciona soluciones esenciales a muchos de los retos de seguridad a los que se enfrenta el mundo, pero la rápida implementación de nuevas tecnologías también da pie a nuevos peligros.
Vivimos en un mundo cada vez más conectado a internet, en el que nuestras gestiones bancarias, las tareas domésticas y el trabajo pueden efectuarse en línea. Incluso la manera en que gastamos dinero puede ser digital. Pero este nuevo mundo en internet está siendo explotado por ciberdelincuentes que emplean tácticas innovadoras, lo cual plantea retos de seguridad a las empresas, los gobiernos y los ciudadanos. Se utilizan programas malignos (malware) para robar datos y dañar o destruir sistemas informáticos; el phishing es un ataque de ingeniería social con el que se manipula a una persona para que revele información personal, como por ejemplo credenciales de acceso a cuentas y números de tarjetas de crédito; y el ransomware ataca a organizaciones encriptando archivos confidenciales y exigiendo un pago a cambio de la clave necesaria para desencriptarlos. No sorprende que esto haya dado paso a un abanico de cibersoluciones, desde el uso de contraseñas robustas y únicas hasta la necesidad de instalar programas de seguridad sofisticados.
Al mismo tiempo, los desarrollos en el campo de la inteligencia artificial (IA) han llevado al mercado a esperar que esta trastoque a muchos sectores de actividad, optimizando la productividad a través de una rápida interpretación de datos, de generación de contenido y de automatización de procesos. Con tanta excitación, la IA también ha sembrado temores en torno al desplazamiento de empleados y su potencial de subversión y abuso. Por ejemplo, a los actores les preocupa que réplicas digitales creadas mediante IA puedan usarse sin su consentimiento y sin remuneración alguna.
Con todo, es probable que las oportunidades que presentan los desarrollos tecnológicos superen los peligros que conllevan, pero será cada vez más crucial examinar a fondo y comprender el panorama tecnológico para asegurar que se consideran todos los ángulos, sobre todo en lo referente a la sostenibilidad.
Invertir para un futuro más seguro
Aunque la seguridad todavía está lejos de alcanzarse a nivel mundial, la amplitud de soluciones potenciales es alentadora y puede verse como una oportunidad para los inversores. Evaluar cada una de estas cuestiones de seguridad desde múltiples ángulos puede revelar a los inversores maneras de facilitar el cambio y potencialmente mejorar sus rentabilidades de cartera.
Concretamente, fomentar una economía de bajas emisiones, inclusiva y respetuosa con el medioambiente ayudará a lograr un mundo más seguro. En BNP Paribas Asset Management, nuestro objetivo es integrar dimensiones de sostenibilidad en todas nuestras estrategias de inversión, en base a los cuatro pilares de nuestro enfoque. Para aquellos inversores que desean ir más allá, también ofrecemos soluciones que incorporan un objetivo de inversión sostenible.
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