¿Son las ballenas el mayor aliado del hombre, en un momento en el que el aumento de las temperaturas supone una amenaza sin precedentes para el planeta? Los árboles suelen considerarse esenciales en la lucha contra el calentamiento global, ya que la fotosíntesis permite absorber grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2). Sin embargo, la huella de carbono de los cetáceos supera con creces la de los bosques.
Como a veces ocurre en la naturaleza, la contribución de las ballenas a la reducción de los gases de efecto invernadero toma un camino sorprendente: el excremento de ballena es el alimento preferido del fitoplancton. Estos microorganismos vegetales que están suspendidos en los mares y océanos son grandes consumidores de los minerales que se encuentran en la materia fecal, rica en hierro y nitrógeno.
Absorción de CO2 a través de la ingesta de excremento de ballena
El fitoplancton contribuye de forma decisiva al equilibrio natural de nuestro mundo:
- Produce más de la mitad del oxígeno del planeta.
- Cuando los microorganismos que se alimentan de los excrementos de las ballenas crecen, absorben en torno al 40% del CO2 de la atmósfera, lo que supone unos 37.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.
- El fitoplancton absorbe tanto CO2 como 1,7 billones de árboles, el equivalente a cuatro veces el número de árboles que existen en la selva amazónica.
En la lucha contra el calentamiento global, la dieta de las ballenas desempeña un papel tan decisivo como el del fitoplancton. Estos enormes mamíferos acuáticos ingieren grandes cantidades de fitoplancton, por lo que almacenan CO2 durante toda su vida. Cuanto más grande es una ballena, más dióxido de carbono almacena.
Una ballena adulta ingiere de media al año el equivalente a 424 kilogramos de carbono. Cuando una ballena muere, se hunde y se lleva consigo todo el CO2 que ha ido almacenando. Las 33 toneladas de CO2 que almacena de media una ballena permanecen atrapadas en las profundidades del océano durante siglos, en un fenómeno conocido como «secuestro de carbono azul».
Primera amenaza: la pesca
Este fenómeno convierte a la preservación de las ballenas en una cuestión aún más importante. Sin embargo, aunque la caza de ballenas con fines comerciales está prohibida desde hace casi cuarenta años, la caza con fines de subsistencia y la caza destinada a la investigación científica continúan estando permitidas, por lo que la población de ballenas no ha conseguido recuperarse.
Se calcula que la pesca oceánica ha liberado al menos 730 millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera desde 1950. A escala mundial, el 43,5% del carbono azul extraído por la pesca en alta mar procede de zonas que no serían económicamente rentables sin la existencia de subvenciones. La limitación de la extracción de carbono azul, especialmente en áreas no rentables, permitiría reducir las emisiones de CO2 gracias a la reducción del consumo de combustible y la reactivación de una bomba natural de carbono conforme se va recuperando la población de ballenas y aumentando el número de cadáveres1.
Segunda amenaza: transporte marítimo
Las colisiones con los buques de carga suponen también una amenaza para las ballenas. Cada año mueren cerca de 100 ballenas en la costa oeste de Estados Unidos. La solución podría ser que los barcos tomaran rutas diferentes, pero no es fácil, porque los armadores protegen las rutas marítimas que utilizan sus buques.
La protección de las ballenas forma parte de la economía azul. Pensamos que hoy en día resulta esencial, ya que estamos en un momento en el que es más necesario que nunca luchar contra los gases de efecto invernadero y el calentamiento global. Las ballenas son increíbles sumideros de carbono y, como tales, deben ser protegidas a toda costa para favorecer el bienestar de todo el planeta.
Inversión en economía azul
En el marco de la sostenibilidad a escala global, la inversión en economía azul se ajusta a las prioridades de inversión sostenible de BNP Paribas Asset Management, que se centran en la transición energética, la protección medioambiental y la igualdad y el crecimiento inclusivo.
En nuestra opinión, la inversión en economía azul ayudará a avanzar en la lucha contra el cambio climático y a garantizar que los océanos pueden continuar funcionando como sumideros de las emisiones de carbono procedentes de la actividad humana. Se trata de inversiones que resultan adecuadas para inversores con una perspectiva a largo plazo, que están interesados en contribuir a un futuro más verde y en lograr un impacto positivo.
En nuestra opinión, estas inversiones pueden desempeñar un papel fundamental a la hora de animar a las empresas vinculadas a la economía azul a mejorar sus prácticas. Los inversores para los que la preservación de los recursos marinos constituye una prioridad absoluta verán cómo van surgiendo oportunidades de inversión en empresas que desarrollan proyectos marinos y oceánicos a medida que se va haciendo más evidente el gran atractivo de la economía azul.
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El valor de las inversiones y los ingresos que generan pueden bajar o subir y es posible que los inversores no recuperen su desembolso inicial.
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Algunos mercados emergentes ofrecen menos seguridad que la mayoría de los mercados desarrollados internacionales. Por esta razón, los servicios para transacciones de cartera, liquidación y conservación en nombre de los fondos invertidos en mercados emergentes pueden conllevar un mayor riesgo.
[1] Fuente: Let more big fish sink: Fisheries prevent blue carbon sequestration—half in unprofitable areas; https://advances.sciencemag.org/content/6/44/eabb4848/tab-figures-data