Una oportunidad de inversión para las próximas décadas: el medioambiente

Los retos medioambientales y los problemas que plantea el calentamiento global requieren nuevas tecnologías y fuentes de energía. Las soluciones están vinculadas a la gravedad de la pandemia actual, debido a los numerosos llamamientos a que las medidas de estímulo tomadas para respaldar la economía se dirijan hacia soluciones sostenibles.

En otras palabras, está surgiendo cierto consenso para asociar el dinero reservado para abordar las repercusiones económicas de la crisis sanitaria con medidas dirigidas a combatir el cambio climático y afrontar otros retos como la contaminación, la escasez de agua, las inundaciones y la electrificación.

Y es que, por un lado, el brote de coronavirus ha supuesto un recordatorio de otros problemas globales y existenciales. Se anticipa que la población mundial va a crecer en 2.000 millones de personas hasta los 9.000 millones de cara a 2035, y que este crecimiento poblacional, unido al aumento de las rentas, elevará la demanda de energía, alimentación y agua de un 35% a un 50%, junto a todas las emisiones adicionales que conlleva. COVID-19 o no, estos problemas no han desaparecido por sí solos.

Por otra parte, un desarrollo es alentador: la pandemia ha mostrado que es posible tomar medidas de gran calado con bastante rapidez, así como actuar de forma coordinada, e incluso global, cuando nos enfrentamos a un peligro. Un enfoque como este también es necesario para abordar problemas climáticos interconectados como la demanda de recursos y la necesidad de descarbonización, que requerirán miles de millones de dólares.

Amplio respaldo para abordar los problemas

Otro desarrollo esperanzador es que la presión a favor de medidas para afrontar estos desafíos medioambientales se ve ampliamente respaldada por regulaciones gubernamentales anunciadas y previstas, y también por el público.

  • En los Estados Unidos, el candidato presidencial Joe Biden se ha acogido al Green New Deal y se propone revitalizar el sector de la energía y convertir al país en una superpotencia energética mundial.
  • El plan de estímulo a largo plazo del partido demócrata incluye sustituir más de 200.000 camiones contaminantes y poco fiables del servicio postal estadounidense por vehículos eléctricos.
  • En Europa, la Comisión Europea ha presentado una hoja de ruta hacia cero emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) de cara a 2050, convertir retos climáticos y medioambientales en oportunidades y lograr que la transición sea justa e inclusiva para todos, entre otros objetivos.

Es obvio que los gobiernos se han dado cuenta de la necesidad de luchar contra el virus en línea con el estímulo pendiente. Este es el tema de inversión más grande e importante que haya visto en toda mi carrera profesional.

Un amplio conjunto de oportunidades, en múltiples sectores y a nivel global

Cabe destacar que nos hallamos ante un conjunto amplio de oportunidades, en energía, materiales, agricultura e industria. Tratamos de invertir en empresas que proporcionan soluciones para descarbonizar estos segmentos y mercados.

El universo de inversión abarca desde energía fotovoltaica y eólica hasta baterías, electrificación y edificios ecológicos, pasando por biocombustibles, análisis y control de contaminación. Las oportunidades en transporte marítimo verde y más limpio me parecen especialmente interesantes.

Otro aspecto a recalcar es que en estas áreas es posible tomar tanto posiciones largas en empresas bien situadas o ganadoras en su sector, como posiciones cortas en aquellas con perspectiva negativa.

Por ejemplo (y quizá de forma sorprendente), tenemos posiciones largas en compañías del sector del acero, al considerar que juegan un papel crucial en la “resolución verde”, como por ejemplo la fabricación de coches más ecológicos o de turbinas eólicas. Así, invertiríamos en una empresa que compra chatarra de acero en vez de mineral de hierro, y que con ello ahorra en insumos, o que utiliza energía renovable para fundir en lugar de carbón de coque. Tales medidas conducen a mayores márgenes y a una menor intensidad de carbono: la ecología es importante, pero también lo es la rentabilidad.

Crecimiento, ahora y en el futuro próximo

Hablando de rentabilidad, es importante apuntar que nos hallamos ante una clara oportunidad de crecimiento. Aunque la política de las autoridades se está tornando más unificada, el problema no deja de aumentar, como decíamos antes. Por consiguiente, la respuesta debe crecer de forma acorde.

Por ejemplo, el mercado global de energía eólica marina va a expandirse de forma significativa en las próximas dos décadas. La Agencia Internacional de la Energía prevé un crecimiento anual del 13% anual y pronostica que la capacidad se multiplicará por 15 de cara a 2040. La expectativa es que este sector se convertirá en una industria de 1 billón de dólares en los próximos 20 años.[1]

La Unión Europea considera al hidrógeno (una fuente de energía limpia) como un instrumento clave en el marco de sus objetivos del Pacto Verde de cara a 2050, y ha indicado que la inversión acumulada en hidrógeno renovable en Europa podría alcanzar de 180.000 a 470.000 millones de euros en dicho año.[2] Por otra parte, se estima que el volumen de negocio en la economía del hidrógeno se disparará de los 2.000 millones actuales hasta los 140.000 millones de euros [3] en 2030.

Así, nos hallamos ante oportunidades a largo plazo y las soluciones a los retos medioambientales requieren inversiones a gran escala, de miles de millones de dólares.

Sostenibilidad y rentabilidades sostenibles

Es obvio que no solo estamos hablando de sostenibilidad, sino también de rentabilidades sostenibles.

Los datos demuestran de forma creciente que las inversiones en empresas con credenciales ecológicas sólidas acaban superando a aquellas en compañías con un desempeño pobre en esta área, y que las empresas capaces de sacar partido a los retos medioambientales batirán a las menos preparadas, con activos bloqueados (obsoletos) o tecnologías inferiores.

Invertir en tales compañías añade alfa a una cartera y reduce su riesgo. La rentabilidad de estas empresas ha sido más estable a lo largo del tiempo: sufren menos durante bajones y son menos sensibles a fluctuaciones en las tendencias del mercado.

Esto se ha visto reflejado en la atención de los inversores: su dinero ha fluido hacia las inversiones de temática sostenible incluso en la primera mitad de este año, cuando el brote de coronavirus y posterior pandemia desorientaron a propios y extraños.


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Semanal de mercados – El medioambiente, una oportunidad de inversión extraordinaria (pódcast)


[1] Fuente: https://www.iea.org/reports/offshore-wind-outlook-2019

[2] Fuente: https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/qanda_20_1257

[3] Fuente: https://www.pv-magazine.com/2020/06/19/leaked-eu-hydrogen-strategy-eyes-e140-billion-turnover-by-2030/


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