En un artículo reciente, director de cambio climático Thibaud Clisson señaló que el mundo debía agudizar su ingenio para adaptarse a temperaturas más altas mientras redobla sus esfuerzos para minimizar las nuevas subidas de la temperatura. En esta ocasión, ofrece más información sobre la adaptación al cambio climático y el papel que pueden desempeñar los inversores y gestores de activos.
¿Qué es la adaptación al cambio climático?
El impacto del cambio climático es innegable, ya que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más graves y frecuentes. Europa Occidental ha registrado el mes de junio más caluroso de su historia, con dos olas de calor que presuntamente han causado 2.300 muertes en 12 ciudades importantes. Las inundaciones catastróficas también se han vuelto más frecuentes1, como hemos visto este año en Australia y Estados Unidos.
Dado el continuo aumento de las temperaturas, cada vez es más urgente tomar medidas de destinadas a la adaptación al cambio climático. De acuerdo con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la adaptación al cambio climático se define como «los ajustes en los sistemas ecológicos, sociales o económicos que se realizan en respuesta a estímulos climáticos reales o previstos y sus efectos».
Entre estos ajustes cabría destacar medidas para reducir el impacto de las inundaciones mediante la construcción de diques, el uso de materiales más porosos para la calzada de las carreteras en zonas urbanas o la restauración de los manglares en zonas costeras.
Con respecto a los cambios en sistemas sociales, cabría destacar el refuerzo de las infraestructuras de salud pública para hacer frente al mayor número de enfermedades relacionadas con el calor, mientras que en el ámbito económico podríamos destacar una mayor inversión en cultivos resistentes al clima o el lanzamiento de planes de seguros especializados para agricultores.
Atención especial a la COP30
La adaptación al cambio climático va a ser uno de los temas centrales de la Conferencia sobre Cambio Climático COP30, que se celebrará en Brasil en noviembre.
Muchos países, especialmente los más afectados por el cambio climático, pero los menos responsables de él, exigen más ayuda y financiación para poder adaptarse y proteger sus vidas, sus medios de subsistencia y los ecosistemas.
El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, ha dicho que aumentar la resiliencia debe ser un objetivo fundamental de las políticas públicas de los países.
Los retos que entraña la adaptación al cambio climático
La adaptación al cambio climático no está exenta de retos, especialmente en las regiones más vulnerables.
Uno de los más importantes es garantizar una financiación suficiente. Puede resultar difícil atraer capital privado, ya que los proyectos de adaptación, como los diques contra inundaciones, no suelen generar flujos de caja directos (a diferencia de los proyectos de mitigación, como las plantas de energía renovable), y sus beneficios normalmente se perciben en el ámbito comunitario, en lugar de recaer en una sola entidad.
Además, muchas inversiones en adaptación climática solo producen beneficios con el tiempo, cuando se evitan pérdidas futuras, lo que significa que a menudo se priorizan otros proyectos que dan frutos a corto plazo.
Las lagunas de datos y conocimientos plantean retos: muchas comunidades carecen de las previsiones climáticas localizadas o de la información necesaria para planificar respuestas eficaces. Por otro lado, hace falta una considerable experiencia en elaboración de modelos para cuantificar los costes y beneficios de las inversiones en iniciativas de adaptación específicas, especialmente debido a la incertidumbre inherente al cambio climático.
De igual modo, muchas entidades que desean poner en marcha medidas de adaptación (generalmente organismos públicos) carecen de la capacidad técnica o fiscal necesaria para hacerlo.
Otro problema adicional radica en el desarrollo y la aplicación de normas. Actualmente no existe un marco o un conjunto de métricas viable y universalmente aceptado para definir lo que constituye un sistema «resiliente». Esta falta de normalización complica la tarea de medir los avances, comparar los resultados o garantizar la rendición de cuentas. Las normas de resiliencia también deben ser lo suficientemente flexibles como para adaptarse a los diversos contextos locales: lo que funciona en una ciudad costera tal vez no sea aplicable en una zona rural propensa a la sequía.
La mala adaptación supone otro reto: las medidas destinadas a reducir el riesgo climático podrían aumentar involuntariamente la vulnerabilidad o crear nuevos problemas. Por ejemplo, la construcción de diques marítimos podría proteger una zona de las inundaciones, pero también agravar la erosión o el riesgo de inundaciones en otras áreas2.
La importancia de contar con unos indicadores de adaptación claros
En el marco del Acuerdo de París de 2015, el Objetivo Global de Adaptación busca mejorar la capacidad de adaptación del mundo, potenciar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático.
Con respecto a la mitigación, existen indicadores claros de avance en materia de emisiones de gases de efecto invernadero de ámbito nacional y mundial, pero no hay indicadores concretos y cuantificables para rastrear los esfuerzos colectivos de los países para adaptarse al calentamiento climático.
En 2023 la COP28 acordó un marco que definía los objetivos para orientar la acción en las tres áreas clave de la alimentación, el agua y la salud. Inicialmente, se barajaron 9.000 indicadores, pero la cifra se redujo a 490 cuando se celebraron las charlas sobre el clima en Bonn el pasado junio; no obstante, sigue siendo muy superior a los 100 previstos para la COP30.
Se trata de una cuestión importante. Sin indicadores claros y consensuados, es difícil determinar si los esfuerzos de adaptación están reduciendo o no la vulnerabilidad, aumentando la resiliencia o mejorando la capacidad de adaptación.
Los indicadores de adaptación son vitales para generar informes normalizados, identificar carencias y asignar recursos a donde más se necesitan. Unos indicadores claros también permiten a los países desarrollar políticas basadas en datos empíricos y obtener apoyo internacional.
Los inversores deben poner de su parte
Los gobiernos no podrán hacer lo suficiente por sí solos en materia de adaptación: los inversores privados deberán desempeñar un papel importante, a pesar de los retos mencionados antes. En concreto, deben aportar capital para financiar soluciones de adaptación y animar a las empresas en las que invierten a implantar mejores medidas a este respecto y mejorar la divulgación de información.
Los legisladores deben poner de su parte incentivando las inversiones destinadas a financiar la adaptación, mientras que los gestores de activos pueden acelerar el avance desarrollando soluciones de inversión centradas en la adaptación.
La adaptación climática puede ampliarse a través de distintos tipos de inversiones, como los bonos verdes, la financiación mixta, las alianzas del sector público-privado que mitiguen el riesgo de invertir en áreas muy necesitadas, o la aportación de capital mediante la financiación de empresas que ofrezcan soluciones de adaptación.
Creemos que es un error pensar que los inversores no pueden obtener beneficios financieros al destinar capital a la adaptación. Las infraestructuras resilientes y las tecnologías adaptativas pueden generar rentabilidades atractivas, y las inversiones en adaptación pueden reducir los riesgos físicos a los que pueden estar expuestas las carteras.
Dada la magnitud de los riesgos a los que se enfrentan los países como consecuencia del cambio climático, los incentivos normativos puede que favorezcan cada vez más a las inversiones alineadas con los objetivos de resiliencia.
Conclusión
La adaptación al clima está abriendo oportunidades para los inversores. Por ejemplo, las empresas especializadas en tecnologías como la desalinización o el aire acondicionado están bien posicionadas para beneficiarse, ya que la demanda de este tipo de soluciones aumentará irremediablemente en respuesta a la subida de las temperaturas y la escasez de agua.
Las tecnologías de adaptación se están volviendo esenciales en las regiones que luchan contra el cambio climático. Sin embargo, algunas de ellas podrían consumir mucha energía, lo que suscita dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo.
Por eso la adaptación no puede tratarse aisladamente. Los esfuerzos que realicen las empresas y la sociedad para adaptarse al cambio climático deben ir acompañados de estrategias sólidas que reduzcan las emisiones de carbono y apoyen un futuro más sostenible. El mundo se está calentando más rápido de lo esperado; de ahí que también se deban intensificar los esfuerzos para minimizar el aumento de la temperatura global.
[1] How climate change worsens heatwaves, droughts, wildfires and floods
[2] MIT School of Engineering | Can seawalls prevent beaches from eroding?