El año 2020 constituyó un punto de inflexión en muchos sentidos. En lo que se refiere a la inversión ESG, basada en factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, se prestó especial atención al comportamiento empresarial y a los factores que favorecen la capacidad de resistencia de las empresas.
La forma de tratar a los clientes y empleados adquirió un mayor protagonismo, en un contexto de mayor conciencia y apreciación del entorno en el que operan las empresas. La pandemia fue, sin duda, la causa subyacente, que provocó una mayor sensibilidad hacia las vulnerabilidades y debilidades de una serie de sistemas que iban más allá de lo estrictamente sanitario y que plantearon ciertos interrogantes sobre nuestra capacidad de resistencia frente a las crisis, incluida la capacidad de resistencia de las empresas.
Todo ello impulsó las cuestiones relacionadas con los criterios ESG y puso de manifiesto la necesidad de una mayor financiación para abordar dichas cuestiones. A comienzos de 2020 se registró un cambio de tendencia de la financiación ecológica a los bonos sociales, que alcanzaron cifras históricas de emisión durante el año.
Conforme fue avanzando el año, surgieron importantes compromisos de financiación ecológica a largo plazo, impulsados por el deseo de «reconstruir mejor» tras la pandemia de COVID-19. Todo ello se refleja en el enorme interés que existe en favorecer una transición energética más generalizada.
Esta tendencia se vio favorecida por una serie de compromisos adicionales, como el establecimiento de objetivos firmes de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en las próximas décadas por parte de, entre otros, China, Japón y Corea del Sur. En mi opinión, podríamos estar ante una tendencia decisiva, tanto en lo que se refiere al impacto sobre el medioambiente, como a los temas de inversión que puede impulsar esta oleada de inversiones.
2020: más oportunidades en materia de factores ESG
Todo lo ocurrido en 2020 tendrá importantes consecuencias en la inversión ESG, tanto en lo que se refiere a las clases de activo como a los sectores.
En primer lugar, y en lo que respecta a las clases de activo, hemos visto un enorme compromiso con la financiación de proyectos de infraestructuras, lo que va a acelerar la emisión de bonos verdes y la financiación ecológica en general. Prevemos un volumen de emisión sin precedentes para este año y una sólida emisión en el futuro destinada a financiar estos proyectos. Esta podría ser, por tanto, un área de interés para los inversores.
En segundo lugar, cuando nos planteamos la integración de los factores ESG en los mercados de renta variable, encontramos dos formas principales de obtener exposición a estos factores:
- Gestión de riesgos: mediante la evaluación de la capacidad de resistencia de una empresa. La pandemia de COVID-19 nos ha enseñado que ciertos activos y prácticas empresariales que considerábamos sólidos se han mostrado más volátiles de lo previsto. El análisis de los factores ESG puede ayudar a los inversores a evaluar los riesgos y a valorar con precisión su exposición a ellos.
- También podemos plantearnos la exposición en relación con aquellos temas de inversión que, en opinión de los expertos, ofrecen un considerable potencial alcista. En 2020, el sector de las energías renovables logró superar al resto de sectores de forma muy significativa. Se establecieron importantes compromisos destinados a acometer proyectos de financiación ecológica y se fijaron objetivos de emisiones cero. Creo que esta tendencia favorable a las energías renovables podría durar varios años. En mi opinión, la conferencia sobre biodiversidad que la ONU celebrará en China en el mes de mayo podría suscitar un mayor interés por la preservación y restauración de los ecosistemas, así como por la protección medioambiental en general. Otros temas de inversión a los que los inversores deberían prestar atención son los servicios medioambientales (residuos, reciclaje y tratamiento del agua) y la inclusión financiera (plataformas de pago, acceso al crédito y a la financiación).
El reto para los inversores estará en su capacidad para seleccionar inversiones que sean realmente «ecológicas». Pensamos que la integración de los criterios ESG en el proceso de selección de títulos resulta fundamental para poder evaluar y gestionar los riesgos y determinar la capacidad de resistencia y el potencial alcista de una empresa. En este caso, cuanto más se conozca una empresa, mejores decisiones de inversión podrán tomarse.
Consolidación de la inversión ESG
En ese sentido, 2020 ha reforzado y consolidado nuestra opinión de que una evaluación ESG ofrece información esencial sobre el éxito y la capacidad de resistencia de una empresa (o cualquier otro emisor de títulos) a largo plazo.
No cabe duda de que la definición de los factores ESG continúa planteando ciertos interrogantes, pero en 2020 se produjo una aceleración de la tendencia hacia una mayor transparencia y armonización de los criterios subyacentes. Aún queda mucho por hacer.
A modo de ejemplo, cuando las agencias de calificación llevan a cabo un análisis convencional de riesgos de la deuda soberana, existe una fuerte y casi perfecta correlación entre las evaluaciones que realiza cada una de ellas. Sin embargo, cuando se trata de los factores ESG, los resultados de sus evaluaciones son mucho más diversos. Ello se debe, en parte, a los diferentes enfoques en lo que respecta a la definición de estos factores y a los riesgos que suponen para el rendimiento financiero, pero también a la elección de los datos empleados y a la calidad de dichos datos.
Hay que seguir trabajando en la calidad de los datos y la transparencia de la información
Esa es la razón por la que en BNP Paribas Asset Management hemos creado nuestro propio sistema de calificación de criterios ESG, con el fin de garantizar la consistencia y la transparencia de todos nuestros productos. Ante el creciente interés por los factores ESG, pensamos que hay una gran necesidad de clarificación, armonización, regulación y estandarización.
Por eso nos hemos propuesto «predicar con el ejemplo», y en la actualidad participamos en numerosos organismos y comités que trabajan para mejorar estas áreas. Por ejemplo, participamos en el plan de acción encargado por la Comisión Europea para la elaboración de una taxonomía o clasificación que defina qué actividades son sostenibles y en qué circunstancias. Hemos acogido con satisfacción las medidas aprobadas por los reguladores, y estamos participando en su elaboración, destinadas a mejorar la calidad tanto de los datos ESG como de la información suministrada por los emisores y los gestores de activos.
Conclusión
La pandemia ha traído consigo una mayor conciencia de las cuestiones ESG, tanto en la vida en general como en el mundo empresarial, lo que ha reforzado los argumentos a favor de la inversión desde una perspectiva ESG.
Se trata de una opción atractiva para un inversor, porque es una forma de hacer el bien. Además, desde un punto de vista financiero, podría ofrecer buenos resultados, ya que estamos convencidos de que la inversión ESG es directamente compatible con una mayor rentabilidad ajustada al riesgo.
Léase también:
- Energy transition – Opportunity knocks
- Blue economy – The ocean… land of innovation
- Nuevos informes: ESG y huella de carbono
- Investing for net zero – What’s needed to meet carbon neutral targets?
- Más información sobre inversión sostenible