Ha vuelto a ocurrir. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) lleva desde el año 2002 subestimando el ritmo de adopción de la energía solar. En 2023, el aumento de la capacidad de energía solar vuelve a superar las predicciones: es un 24% superior al que la AIE señaló hace solo seis meses y el doble de lo que preveía en 2020. En nuestra opinión, estas cifras demuestran que la adopción de las tecnologías sostenibles, como la energía solar, continúa acelerándose.
También pensamos que los problemas climáticos van a empeorar antes de mejorar: hemos visto incendios forestales en Escocia, y la sequía en España está provocando problemas más graves que el año pasado para algunos agricultores. Según los Centros Nacionales de Información Medioambiental de Estados Unidos, el país batió en junio diez récords históricos de calor, todos ellos en Texas.
Si bien es cierto que esta combinación de rápida adopción de las tecnologías sostenibles y avance del cambio climático puede resultar atractiva para los inversores que estén buscando oportunidades, no debemos pasar por alto ciertos problemas recientes (de inversión). La magnitud de las infraestructuras físicas que deben renovarse, demolerse o sustituirse es casi incalculable.
Crecimiento y problemas climáticos
Muchas de las empresas de soluciones sostenibles entraron al mercado con unas valoraciones demasiado elevadas. Aunque dichas valoraciones podrían llegar a justificarse con el tiempo, el mercado de renta variable ha pasado de centrarse en el crecimiento de los ingresos a hacerlo en la solidez de los balances y la trayectoria de rentabilidad, lo que podría suponer un problema para algunas de estas empresas.
El aumento de la inflación y las subidas de tipos de interés, así como la crisis que se ha registrado en el sector bancario estadounidense, ha cambiado por completo el entorno operativo de las empresas pequeñas:
- Es más difícil obtener capital, se ralentiza el ritmo de salidas a bolsa y los descuentos están aumentando.
- Algunas empresas desaparecerán y otras serán adquiridas.
- Algunas dejarán de cotizar en el mercado de renta variable, y otras quedarán atrapadas en esa tierra de nadie en la que ya no son empresas cotizadas, pero tienen un tamaño demasiado pequeño para la mayoría de los inversores institucionales, lo que las llevará a recurrir a los inversores particulares, cada vez más afectados por el aumento del coste de la vida.
- Algunas de ellas cuentan con soluciones interesantes e impactantes que tardarán un tiempo en implantarse, pero que aún pueden tener éxito.
Todas las etapas de crecimiento tienen su momento de aceleración que hace que muchas empresas se queden por el camino. Así ocurrió durante el periodo en el que se construyeron los ferrocarriles y más tarde durante los años de la burbuja de las puntocom. Las empresas han de adaptarse al nuevo entorno reduciendo sus costes, centrándose en los programas de desarrollo más importantes y atrayendo a socios de mayor tamaño. Los directivos pueden volver a centrar su atención en los balances y dar un paso más en la curva de calidad.
Normativa y apoyo a los inversores
No obstante, las perspectivas a largo plazo de algunas de estas empresas son realmente interesantes y la necesidad social es grande. ¿Qué podemos hacer?
- En primer lugar, necesitamos que los gobiernos nos informen cuanto antes sobre la aplicación de la normativa que han anunciado recientemente, como la Ley estadounidense para la Reducción de la Inflación. Sabemos que la seguridad energética es fundamental, pero también nos vendrían bien nuevas políticas en materia de seguridad alimentaria.
- En segundo lugar, sería útil que el mercado de la inversión institucional fuera más flexible. Muchos grandes inversores se ven limitados por los índices de referencia, lo que limita el flujo de capital hacia empresas más pequeñas y volátiles. Si un inversor se ve obligado a seguir un índice de referencia amplio, tendrá menos posibilidades de concentrarse en los subsectores necesitados de inversión. Por el contrario, la inversión se reparte entre un grupo más amplio de sectores, la mayoría de los cuales no ofrece soluciones medioambientales.
No es que todos los fondos de inversión tengan que estar relacionados con el medioambiente, pero, si queremos acelerar la transición hacia la sostenibilidad, sería útil que los grandes inversores, como los fondos de pensiones, elevaran la cuota que no exige seguir índices de referencia amplios o que utiliza unos umbrales más elevados.
Dado el entorno actual, sería favorable para todos, ya que podrían seleccionar empresas más baratas.
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