Las previsiones sobre los efectos catastróficos que el conflicto de Irán podría tener en los precios del petróleo, y, por tanto, en la economía mundial, han resultado en gran medida infundadas. Thijs Van de Graaf, catedrático de Política Energética Internacional de la Universidad de Gante, comenta con Daniel Morris, estratega jefe de mercado, cuáles han sido los factores que han logrado mitigar los efectos de la guerra.
Cuando estalló el conflicto, el precio del barril de petróleo estaban en 60 dólares y había, de hecho, un exceso de oferta. Algunos países del Golfo exportaron petróleo a través de oleoductos y sortearon así el bloqueo del estrecho de Ormuz. Los gobiernos occidentales liberaron reservas estratégicas de petróleo y China redujo sus importaciones de petróleo en casi tres millones de barriles diarios. Sin embargo, podría haber consecuencias a más largo plazo tanto en la oferta como en la demanda de petróleo. «El aumento de la producción podría derivar en un exceso de oferta de petróleo, y hay indicios que apuntan a un importante desplazamiento desde los combustibles fósiles hacia la electrificación, las energías renovables y la energía nuclear».
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Talking Heads podcast con Thijs Van de Graaf
Daniel Morris: Hola, y bienvenidos al podcast Talking Heads de BNP Paribas Asset Management. Cada semana nuestro podcast ofrece a los inversores una visión y un análisis en profundidad de las cuestiones que realmente les interesan. En este episodio hablaremos sobre las perspectivas de los mercados de petróleo. Soy Daniel Morris, estratega jefe de mercado, y hoy me acompaña Thijs Van de Graaf, catedrático de Política Energética Internacional de la Universidad de Gante.
Bienvenido, Thijs, y gracias por participar en el podcast de hoy.
Thijs Van de Graaf: Gracias a ti. Es un placer estar aquí.
DM: No cabe duda de que es un momento de lo más oportuno para grabar este podcast. Estados Unidos e Irán han decidido sentarse a negociar, algo que, estaremos todos de acuerdo en ello, es mucho mejor que seguir luchando. Pero no hay ninguna certeza a corto plazo. Volvamos a la reacción que mostraron los mercados, y el mundo en general, cuando a finales de febrero estalló la guerra entre ambos países. En aquel momento se habló mucho sobre los efectos catastróficos que el conflicto tendría sobre los precios del petróleo y, por ende, sobre la economía mundial.
Se habló de que podríamos llegar a los 150 o los 200 dólares el barril, de una recesión mundial, etcétera. Nada de eso ha ocurrido, afortunadamente. Thijs, ¿nos podrías explicar por qué estas previsiones tan sombrías no han llegado a materializarse?
TVdG: Creo que ello se debe a un conjunto de factores. Uno de ellos es que cuando empezó la crisis contábamos con grandes reservas, ya que el precio del petróleo estaba en 60 dólares el barril. Los precios del gas también eran bajos. De hecho, había un exceso de oferta, por lo que el nivel de reservas comerciales era muy elevado. Además, los mercados han mostrado también una notable capacidad de resistencia.
Y luego hubo varios países del Golfo que pudieron enviar petróleo a los mercados de exportación a través de oleoductos que evitaban el estrecho de Ormuz.
Arabia Saudí, por ejemplo, maximizó la capacidad de su oleoducto que llega hasta el Mar Rojo, y los Emiratos Árabes Unidos cuentan también con un oleoducto que evita Ormuz. Todo esto ayudó.
Además, los gobiernos occidentales realizaron una liberación masiva de reservas de petróleo. Se liberaron cuatrocientos millones de barriles, lo que, como es normal, también contribuyó a tranquilizar a los mercados.
Por otra parte, Estados Unidos flexibilizó las sanciones sobre el petróleo ruso e iraní durante un tiempo, para que pudiera venderse también en el mercado.
Y tenemos que hablar también de China, que hizo algo increíble: redujo su importación de petróleo en casi tres millones de barriles al día, lo que contribuyó en gran medida a amortiguar el impacto de la crisis. Probablemente pudo hacerlo gracias a sus enormes reservas de petróleo. El país no ha informado sobre el ritmo al que ha ido utilizando estas reservas, pero podemos imaginar que lo ha hecho en grandes cantidades, lo que también contribuyó a tranquilizar a los mercados.
DM: Así que estas previsiones tan catastróficas no llegaron a materializarse, y aquí estamos ahora, en medio del proceso de negociación. Los precios del petróleo han caído con fuerza, pero aún no han recuperado el nivel que tenían antes de la guerra. Actualmente estamos algo por debajo de los ochenta dólares el barril, aunque sabemos que dicha cifra se verá sometida a una gran volatilidad. Pero la pregunta es: ¿y ahora qué? A ver si puedes sacar la bola de cristal y decirnos cuánto crees que puede tardar en normalizarse el suministro de petróleo procedente de Oriente Próximo.
TVdG: La Agencia Internacional de la Energía señala que los mercados de petróleo podrían volver a alcanzar el equilibrio físico en el cuarto trimestre del año, ya que lleva tiempo garantizar que la cadena de suministro vuelve a funcionar con normalidad. La interrupción del suministro ha sido de gran calado, y, aunque el estrecho de Ormuz se reabra por completo y no vuelva a cerrarse, llevará tiempo que los petroleros, que ahora se encuentran de camino por distintas rutas alrededor de los continentes, regresen a Ormuz, carguen petróleo y lo entreguen en sus mercados de destino.
También sabemos que sigue habiendo algunas minas en el estrecho que será necesario retirar. Aún no está claro cuántas hay ni quién asumirá la responsabilidad de retirarlas, pero es necesario hacerlo para que el transporte marítimo recupere la normalidad.
Y luego hay también dos preguntas importantes. Muchos países del Golfo han tenido que recortar su producción de petróleo durante la crisis. ¿Con qué rapidez pueden recuperarse? ¿Con qué rapidez pueden aumentar su producción hasta alcanzar los niveles previos a la guerra?
Algunos países, como Arabia Saudí, que ha podido acceder a los mercados de exportación a través de su oleoducto, están en buena posición. Pero un país como Kuwait, por ejemplo, que no puede evitar el paso por el estrecho de Ormuz, se encuentra en una situación más delicada, y probablemente tarde un poco más, quizás hasta dos meses, en conseguir que sus yacimientos petrolíferos vuelvan a alcanzar los niveles de producción que tenían antes de la guerra.
Por último, se han disparado muchos misiles y drones durante el conflicto contra infraestructuras energéticas. Sabemos que, en el caso de algunas infraestructuras, como la planta crítica de licuefacción de Ras Laffan en los Emiratos Árabes Unidos, la reparación de los daños podría llevar hasta cinco años.
Pero no conocemos el alcance total de los daños que se han producido en otros emplazamientos ni sabemos cuánto tiempo llevará repararlos. Por tanto, creo que, para analizar cuándo volverá el suministro físico de petróleo a los niveles previos a la guerra, no debemos pensar en semanas, sino en meses.
DM: Si pensamos un poco más a largo plazo, vemos que esta no es la primera vez en la que hemos tenido que enfrentarnos a una crisis energética en Oriente Próximo. Si nos remontamos a la década de 1970, podemos concluir que este tipo de crisis suelen tener consecuencias a largo plazo.
TVdG: Sin duda. Este episodio va a tener consecuencias a más largo plazo, tanto en lo que respecta a la oferta, como, sobre todo, en lo que se refiere a la demanda.
Si nos fijamos en la oferta, una de las cosas que ha ocurrido en las últimas semanas es que los Emiratos Árabes Unidos han anunciado que abandonarán el cártel de la OPEP, lo que significa que dejarán de estar sujetos a un límite de producción. Ya desde hace tiempo habían mostrado su intención de aumentar su capacidad de producción hasta los cinco millones de barriles al día para 2027 o 2028.
Por lo tanto, aumentarán su nivel de producción, lo que, a medio plazo, digamos a partir de mediados de 2027, podría derivar en un exceso de oferta, que era la perspectiva que teníamos a principios de año, cuando el precio del petróleo se situaba en los 60 dólares el barril.
No obstante, creo que lo más interesante está pasando en lo que se refiere a la demanda. Si atendemos a lo ocurrido en crisis previas, como la crisis del petróleo que tuvimos en la década de 1970, vemos que pusieron en marcha una completa transformación del sistema energético: la rápida adopción de la energía nuclear, la introducción de estándares de eficiencia para los vehículos y la búsqueda de yacimientos petrolíferos alternativos fuera de Oriente Próximo. Ese fue su legado a largo plazo.
En este caso, creo que la crisis de Ormuz podría acelerar dos cosas, principalmente: la electrificación de la demanda final (bombas de calor, vehículos eléctricos) y las energías renovables, junto con las baterías, que constituyen un conjunto de tecnologías baratas y escalables que no teníamos hace cuatro años durante la crisis de 2022.
Los precios de las baterías y los paneles solares eran superiores a los actuales. Hoy son más bajos y estas tecnologías pueden escalarse con gran rapidez, lo que significa que la demanda de petróleo y gas importados se verá desplazada por la rápida adopción de todas estas tecnologías, incluida la nuclear.
Así que la electrificación está ahora en boca de todos y ocupará un lugar muy destacado en la agenda de los gobiernos que quieran priorizar la seguridad energética por encima de todo.
DM: Gracias, Thijs.
Me gustaría resumir lo que nos has contado hoy. Cuando te he preguntado que por qué no se habían llegado a materializar los escenarios más catastrofistas, hemos comentado que, afortunadamente, los precios del petróleo no han llegado a los 150 o los 200 dólares el barril. Has señalado que entramos en la crisis con grandes reservas. En aquel momento había, podría decirse, un exceso de oferta. Pudimos encontrar rutas alternativas a la exportación de petróleo, lo que fue de gran ayuda, y también se recurrió a las reservas de crudo. China, por su parte, redujo su propia demanda.
Si pensamos en el futuro y nos planteamos cuándo podría tardar en normalizarse el suministro de petróleo, ahora sabemos que es necesario retirar las minas del estrecho de Ormuz, reparar los daños que se han producido en las infraestructuras de la región y conseguir que los buques regresen para transportar el petróleo. Como muy pronto, crees que será en el cuarto trimestre cuando veamos que las cosas vuelven a lo que vaya a ser la nueva normalidad.
Y, por último, hemos hablado sobre el futuro y sobre las consecuencias a largo plazo de todo esto. Has señalado que el impacto se sentirá tanto en la oferta como en la demanda. En lo que se refiere a la oferta, los Emiratos Árabes Unidos han abandonado la OPEP, lo que podría dar lugar a un escenario de exceso de oferta en 2027. Por su parte, en lo que respecta a la demanda, es probable que esto anime a países y consumidores a querer reducir su dependencia del petróleo y, por tanto, aumente la demanda de energías renovables, baterías y energía nuclear, además de dar un nuevo impulso a la adopción generalizada de la electrificación.
Thijs, muchas gracias por acompañarme en el episodio de hoy.
TVdG: Ha sido un placer. Gracias a ti.
DM: Pues así terminamos nuestro episodio de Talking Heads. Si desean más información sobre nuestros recursos en este ámbito no duden en ponerse en contacto con su interlocutor en gestión de activos o consultar nuestro sitio web, Viewpoint, donde encontrarán información sobre inversiones @ viewpoint.bnpparibas-am.com.
También pueden escuchar el podcast y suscribirse a Talking Heads en YouTube, Spotify, o a través de su plataforma habitual. Para acceder a través de YouTube, visiten la dirección youtube.com/bnppam/playlist y seleccionen la sección Talking Heads.
Han escuchado el podcast Talking Heads de BNP Paribas Asset Management conmigo, Daniel Morris, y Thijs Van de Graaf, catedrático de Política Energética Internacional de la Universidad de Gante.
Cuídense.