En nuestras perspectivas de inversión para 2021, tratamos de ayudar a los inversores a hacer frente a las próximas fases de la pandemia, su legado, y a la consiguiente recuperación económica. También nos planteamos cómo podemos encontrar soluciones a la crisis climática mientras el mundo se enfrenta a los problemas económicos y sociales que la pandemia ha traído consigo.
A continuación, resumimos el panorama general con el que se encuentran los inversores a finales de 2020, que constituye el punto de partida de nuestras perspectivas para 2021.
- Desde la crisis financiera mundial de 2008, la economía global ha estado sumida en una situación de crecimiento anémico y debilidad de la demanda, que se ha visto atenuada en cierto modo por el constante aumento de los precios de los activos.
- En 2020, tras los confinamientos impuestos para combatir la pandemia de coronavirus, la economía mundial se ha enfrentado a una crisis de una magnitud sin precedentes (véase gráfico 1). Tras registrar una contracción del 4,4% en 2020, el FMI prevé un crecimiento global del 5,4% en 2021, lo que situaría el PIB anual un 6,5% por debajo de las previsiones realizadas en enero de 2020, antes del COVID-19. El impacto es especialmente acusado en las rentas más bajas, lo que pone en peligro los importantes avances que se han realizado en los últimos treinta años para reducir los niveles de pobreza extrema. Uno de los principales desafíos a los que habremos de enfrentarnos en 2021 y en años posteriores será el de contrarrestar la desigualdad.
Gráfico 1. Mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial: el gráfico muestra la evolución del producto interior bruto a escala mundial (con ajuste por inflación, en %)

Fuente: BNP Paribas Asset Management, a 26 de noviembre de 2020.
- En el mejor de los escenarios, para la segunda mitad de 2021 podrían estar disponibles de forma masiva una o más vacunas contra el COVID-19. En caso contrario, la enfermedad se convertirá en una amenaza a largo plazo, y tendremos que aprender a «vivir con» el virus, ya que la imposición continua de medidas de confinamiento no constituye una estrategia sostenible a largo plazo.
- En 2020, las economías desarrolladas soltaron las riendas monetarias y fiscales de forma espectacular. Los ratios de deuda en relación con el PIB se dispararon, y en muchos países aumentaron más de lo que lo hicieron tras la crisis financiera mundial. Los principales bancos centrales han financiado en gran medida el aumento de los déficits presupuestarios, monetizando una deuda nacional cada vez mayor, tal y como ha hecho Japón.
- Una forma de entender la debilidad de la demanda económica agregada es mediante el estudio de los tipos de interés real (el «precio» del dinero en la economía). En el año 2006, el rendimiento real de los títulos del Tesoro estadounidense a 10 años protegidos contra la inflación se situaba entre el 2% y el 3%. Desde el año 2010, dicho rendimiento se ha situado normalmente por debajo del 1%, e incluso llegó a entrar en territorio negativo en 2012 y 2020. Los rendimientos reales negativos son ya algo habitual en las economías del G3 (véase gráfico 2) y otros países. El 60% de los bancos centrales de todo el mundo (un 97% en el caso de las economías avanzadas) han impulsado tipos de interés inferiores al 1%. En una quinta parte de los países del mundo, los tipos de interés se sitúan en terreno negativo.
Gráfico 2.: El rendimiento real de la deuda soberana de los países del G3 se sitúa en terreno negativo: el gráfico muestra la evolución del rendimiento real de la deuda pública de Estados Unidos, Japón y la eurozona entre 1997 y el 16 de noviembre de 2020.

Fuente: BNP Paribas Asset Management, a 26 de noviembre de 2020.
- En 2020, los reducidos tipos de interés y la liquidez barata y de bajo riesgo que han ofrecido los bancos centrales han impulsado al alza el precio de los activos. Las primas de riesgo de los activos de riesgo se han reducido. Las empresas cuyos ingresos han caído con fuerza (cruceros, aerolíneas, cines) han pedido préstamos para poder salir adelante. Los inversores han contado con pocas opciones de generar un rendimiento elevado. ¿Continuarán los bancos centrales ofreciendo un nivel similar de liquidez en 2021?
- ¿Y cómo se pagará toda esta deuda? Encontramos quizás un paralelismo histórico en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, durante el cual los bancos centrales limitaron los rendimientos de los bonos a un nivel muy inferior al de la tasa de crecimiento tendencial del PIB, con el fin de ir reduciendo de forma gradual el porcentaje del PIB correspondiente a la deuda nacional.
- Por otro lado, en lugar de tener que recurrir a la represión financiera y la inflación, tal y como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial, los reducidos tipos de interés real que hemos visto en los últimos diez años podrían contribuir a la sostenibilidad fiscal. No obstante, sería bastante imprudente darlo por hecho. Las autoridades no pueden esperar que los tipos de interés real se mantengan siempre por debajo de la tasa de crecimiento del PIB real. De hecho, los desequilibrios que se prevén en los niveles de ahorro e inversión podrían impulsar al alza los tipos de interés real (las sociedades en proceso de envejecimiento ahorran mucho, pero las que ya han envejecido, no).
- Otro de los riesgos es que no se registre una mejora de la tendencia del crecimiento real. La reducción del crecimiento de la economía mundial tras la pandemia y unas medidas inadecuadas de estímulo fiscal podrían llevar al colapso a ciertas áreas marginales de la economía. Este escenario pondría a prueba el paradigma de crecimiento moderado, baja inflación y respaldo de los bancos centrales que ha apuntalado los precios de los activos desde 2008.
En la actualidad nos enfrentamos a tres crisis interrelacionadas: sanitaria, económica y climática. La inestabilidad que ha traído consigo la pandemia abre una ventana de oportunidad para movernos en una nueva dirección. La viabilidad medioambiental a largo plazo, la igualdad y el crecimiento inclusivo constituyen condiciones esenciales para lograr una economía sostenible. Si adoptamos una perspectiva integral, sistémica y a largo plazo, tendremos menos probabilidades de vernos sorprendidos por las crisis y estaremos en mejores condiciones para hacerles frente.
Para obtener más información sobre el entorno al que habrán de enfrentarse la economía y los mercados globales, puedes leer nuestras perspectivas de inversión para 2021 en «El legado de los confinamientos»