Semanal de mercados - Deuda corporativa: resistencia frente al aumento de la inflación (leer o escuchar)

Gracias a la generosidad de los bancos centrales, los mercados de deuda corporativa han podido hacer frente a la crisis del COVID-19. Los riesgos para los mercados de crédito parecen hoy bajos, gracias a la mejora gradual de los fundamentales, la política neutral de los bancos centrales y la ausencia de desequilibrios importantes entre la oferta y la demanda.

Aquí puedes escuchar nuestro pódcast con Victoria Whitehead, gestora del equipo de crédito global, o leer el artículo que aparece a continuación.

¿Están los inversores preocupados por el impacto de la subida de los tipos de interés y las expectativas de inflación?

La inflación en sí misma no constituye un problema para los mercados de deuda corporativa, como tampoco lo es la subida de los tipos de interés. Históricamente, estos mercados han reaccionado más a la volatilidad asociada a las subidas de tipos que a la propia subida, lo que ha provocado un aumento de los diferenciales (véase el gráfico 1). Si nos fijamos en las correlaciones, de lo que mueve los diferenciales y los mercados de crédito, el principal factor es el crecimiento económico. Las subidas de tipos que se deben a una razón positiva (aumento del crecimiento) favorecen a los mercados de crédito, y tienden a provocar una reducción de los diferenciales.

Por lo tanto, ante la mejora de la situación macroeconómica que han traído consigo el alivio de las restricciones, la mejora de las economías y la tendencia al alza de los beneficios empresariales, los mercados de crédito han superado de forma notable a lo largo del año a otros segmentos de la renta fija, como los mercados de deuda pública. Recientemente, la volatilidad de los diferenciales de crédito se ha mantenido en niveles reducidos.

El BCE y la Reserva Federal tienen programadas sendas reuniones este mes, que podrían traer alguna sorpresa. Sin embargo, el pasado 10 de junio, el BCE no habló de introducir cambios en sus programas de compra de bonos. Aunque es posible que esta semana la Reserva Federal manifieste su intención de comenzar a reducir sus compras de activos, pensamos que los riesgos son bajos para los mercados de crédito. Por lo tanto, no pensamos que vayan a producirse grandes cambios en el crédito: el posicionamiento de mercado es más corto que en periodos previos de reducción de medidas de estímulo y las reservas de liquidez de las empresas son mayores.

¿Cómo han gestionado la crisis del COVID-19 los emisores de deuda corporativa?

Gestionaron relativamente bien lo que inicialmente era un periodo muy turbulento. Estábamos en territorio desconocido. Los diferenciales de los bonos se ampliaron considerablemente el pasado mes de marzo, pero los bancos centrales no tardaron en intervenir. La Reserva Federal empezó a comprar bonos de calificación dividida, de alta calidad y alto rendimiento, para señalar al mercado su apoyo a las empresas. En Europa y el Reino Unido, los bancos centrales reforzaron sus programas de expansión cuantitativa.

Además, las empresas emitieron enormes cantidades de deuda para reforzar sus balances y su liquidez, en parte porque les preocupaba el impacto que podría tener la crisis en su calificación crediticia. Todo ello ha hecho que no se haya producido un aumento importante de bajadas de calificación. Las que se produjeron afectaron a empresas que estaban a punto de recibir la calificación de alto rendimiento, y lo único que hizo la pandemia fue acelerar dicha bajada de calificación.

Ahora vemos cómo algunos emisores, los que se conocen como «estrellas emergentes», están recuperando la categoría de grado de inversión gracias a la recuperación económica. Las posiciones de liquidez de las empresas se mantienen en niveles elevados; los ratios de liquidez y cobertura se sitúan próximos a sus máximos históricos y en niveles muy superiores a los que registraban en periodos previos de retirada de estímulos. Todo ello favorece que los impagos de las empresas sean improbables y que las presiones de la oferta sean bajas.

¿Están cobrando mayor relevancia las cuestiones ESG también en el mercado de crédito?

El mercado de bonos verdes ha registrado un gran crecimiento. Hasta la fecha, se han emitido 180.000 millones de dólares en todo el mundo, lo que equivale al total de todo el año en 2020 y también en 2019. Los bonos verdes, emitidos específicamente para financiar proyectos ecológicos, representan actualmente el 20% de la emisión.

Es alentador comprobar que están entrando en el radar de los bancos centrales y sus programas de compra de activos. El interés que suscita este segmento del mercado, aún relativamente pequeño en general, y las enormes entradas de dinero que registra provocan que los bonos verdes se coticen con una ligera prima con respecto a la deuda corporativa existente, algo que, a su vez, atrae a más emisores.

Junto a los bonos verdes, los bonos vinculados a la sostenibilidad están suscitando también un creciente interés. Se trata de bonos cuyo cupón está vinculado a indicadores concretos. El pago anual del bono aumenta cuando el emisor no cumple los objetivos de sostenibilidad, lo que crea un incentivo para que el emisor cumpla los objetivos medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG).

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