La renta variable europea ha registrado una espectacular recuperación: desde los mínimos registrados en marzo del año 2020, el mercado ha subido más del 60%. En lo que va de año, la subida ha sido superior al 13%. Sin embargo, existe la percepción de que el mercado europeo ha quedado muy por detrás del estadounidense.
Preguntamos sobre ello a Peter Abbott, gestor de renta variable europea.
¿Deben esperar los inversores que el mercado europeo consiga alcanzar al estadounidense?
Si atendemos a las entradas de capital en fondos de renta variable, está bastante claro que los inversores han favorecido masivamente al mercado estadounidense y que la mayor parte de los flujos de entrada han ido a parar a la renta variable estadounidense, a la renta variable global y a los mercados emergentes. Hasta hace muy poco, Europa no era el destino de dichos flujos de entrada. Los inversores se han visto atraídos por los programas de estímulos puestos en marcha en Estados Unidos, por valor de un billón de dólares,
lo que explica gran parte de las ganancias de la renta variable estadounidense, que se sitúa actualmente un 25% por encima del nivel registrado antes de la crisis en términos de dólar. No obstante, los inversores europeos deben tener en cuenta el efecto de depreciación de estos paquetes masivos sobre el dólar estadounidense. Así, la subida del mercado de renta variable estadounidense es solo del 11,5% en términos de euro, frente a la subida de casi el 6% que ha registrado el mercado europeo. Hay diferencia entre ambos mercados, pero no tanta como podría pensarse.
Sin embargo, es justo afirmar que esta situación ha puesto de manifiesto las diferencias de valoración que ya existían antes de la crisis del COVID-19: la renta variable europea es claramente más barata que la estadounidense, ya que el mercado estadounidense ya ha descontado gran parte del optimismo reinante. Desde esa perspectiva, creo que hay un amplio margen para que el mercado europeo consiga alcanzar al estadounidense.
Además del plan estadounidense de medidas de estímulo, ¿hay otros factores que favorezcan a la renta variable europea?
Sí, por supuesto. Algo que suele pasarse por alto es el hecho de que las empresas europeas son las más diversificadas internacionalmente de todas las regiones del mundo. Si nos fijamos en dónde generan la mayor parte de sus ventas y sus beneficios, vemos que las empresas europeas son las que están más expuestas al crecimiento mundial, y más concretamente al crecimiento de Estados Unidos, China y los países emergentes. Están especialmente bien posicionadas de cara a una amplia recuperación de la economía.
¿Qué puede estimular al mercado europeo?
Si nos fijamos en los últimos datos de beneficios, que en general fueron buenos, la respuesta del mercado apunta a que este ya descontaba gran parte de dichos datos. Los temores ante un posible aumento de la inflación también han influido en dicha respuesta. En términos generales, las compañías han mostrado un cierto optimismo sobre la recuperación de la demanda, aunque los cuellos de botella de las cadenas de suministro han afectado a los márgenes en algunos sectores.
La mayoría de las empresas, no obstante, consideran que ahora cuentan con capacidad de fijación de precios y de gestión de costes, y desean aumentar los gastos de capital y la rentabilidad de dicho capital. Pensamos que la evolución futura del mercado depende de la calidad de las empresas y de su capacidad para registrar beneficios durante un periodo de tiempo prolongado. Eso servirá para separar el grano de la paja.
¿Qué opinas sobre la rotación del mercado hacia sectores cíclicos y de valor?
En primer lugar, déjame decir que nosotros nos dedicamos a seleccionar empresas en las que invertir. Evaluamos en profundidad las compañías en las que invertimos, pero no pretendemos tener ninguna ventaja a la hora de predecir la dirección del mercado, y menos aún la rotación de estilos. Tratamos de mantener una cartera equilibrada con una beta de mercado próxima a 1, es decir, no apostamos a que el mercado va a subir o a bajar. En términos de estilo, no siempre podemos ser neutrales y, dado nuestro enfoque, mostramos más bien un sesgo de calidad. En las recientes condiciones de mercado, dicho enfoque de calidad no ha sido barato, sobre todo si tenemos en cuenta que el mercado ha favorecido a aquellas empresas que, en nuestra opinión, son de baja calidad, es decir, empresas que quedaron rezagadas en 2020 y compañías con un nivel excesivo de deuda.
En lo que respecta a la rotación hacia empresas cíclicas y de valor, pensamos que un repunte sostenido del valor está muy relacionado con la dirección que tomen los rendimientos y, por tanto, con las expectativas de inflación a largo plazo. Pero, permíteme insistir en que nuestro objetivo es generar rentabilidad en función de los fundamentales de las empresas en las que invertimos, y no según la evolución de la situación macroeconómica.
Hemos aumentado de forma selectiva nuestra exposición al valor, pero dado el fuerte repunte que han registrado recientemente muchas empresas de esta categoría, mantenemos una cierta prudencia al respecto, ya que tenemos ciertas dudas sobre su capacidad para mantener el nivel actual de rendimiento. Ajustaremos el perfil de riesgo de la cartera para incorporar las oportunidades de inversión que puedan ir surgiendo, al igual que lo hicimos el año pasado.
¿Cómo seleccionas las empresas prometedoras que deseas incluir en tu cartera de inversión?
Invertimos con la creencia de que lo que impulsa las cotizaciones a largo plazo es fundamentalmente el crecimiento sostenible y superior a la media de los beneficios empresariales a medio plazo. Pensamos que la capacidad de una empresa para registrar un crecimiento de estas características en los distintos ciclos económicos viene determinada por la estructura del sector en el que opera y la posición de la compañía en dicho sector.
Así, por ejemplo, nos podría resultar interesante invertir en un proveedor líder de semiconductores que abastezca a los fabricantes de vehículos eléctricos y de turbinas eólicas y paneles solares, áreas que podrían registrar crecimiento a largo plazo a medida que avanzamos hacia un mundo con bajas emisiones de carbono. Otro ejemplo sería una empresa mundial de alimentación que está pasando de los productos convencionales a productos más selectos y saludables.
En ambos casos, evaluaríamos también su rendimiento en materia de cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno, en el marco de nuestro compromiso por mantener una calificación ESG superior y una huella de carbono inferior a los del índice de referencia.
Puedes escuchar también nuestro pódcast sobre las perspectivas de la renta variable europea con Peter Abbott