Más allá del reducido círculo de gestores de enfoque cuantitativo, la optimización de carteras constituye una práctica muy infrautilizada en la práctica, ante la existencia de un importante obstáculo: el proceso de optimización aún se percibe como una «caja negra». Contribuye a construir la cartera final, pero el proceso que conduce al resultado sigue siendo un misterio.
La optimización de una cartera de inversión supone la selección de una combinación de activos que maximiza la previsión de rentabilidad de la cartera en cuestión. La composición de la cartera se ajusta según el nivel de riesgo que el inversor está dispuesto a asumir. Para ello se aplican modelos matemáticos que tratan de equilibrar de manera eficiente el riesgo y la rentabilidad.
En nuestro último informe, «From Black Box to Explainable Portfolio Optimization: Tracing Allocations to Views and Constraints» (De la caja negra a la explicación de la optimización: conectando las asignaciones con las perspectivas y las restricciones), presentamos un marco que permite la total transparencia del proceso de optimización de carteras. Convierte un proceso tradicionalmente complejo en uno estructurado, interpretable y listo para su aplicación en el mundo real.
¿Por qué no utilizan todos la optimización de carteras?
La optimización de carteras existe desde que Harry Markowitz presentó la teoría moderna de carteras en la década de 1950. Aquellos primeros modelos solían traducirse en carteras poco realistas, pero las técnicas actuales de «optimización robusta de carteras» permiten construir carteras estables, prácticas y útiles que se mantienen fieles a las perspectivas de inversión y gestionan la exposición al riesgo de manera más eficiente que los enfoques ad-hoc o heurísticos.
Sin embargo, a pesar de estos avances, la optimización de carteras aún no ha alcanzado una adopción generalizada.
En la práctica, los procesos de optimización siguen percibiéndose como «cajas negras». Esa es precisamente una de las cuestiones que abordamos en nuestro informe: ofrecemos un marco que explica perfectamente el proceso de optimización y lo aplica a la construcción de carteras de asignación táctica de activos en comparación con una asignación estratégica determinada.
Carteras de asignación táctica de activos
La construcción de una cartera de asignación táctica de activos es mucho más complicada de lo que parece: las estrategias tácticas suelen expresarse con referencia a índices de mercado amplios, mientras que la aplicación de dichas estrategias suele realizarse a través de fondos cuya exposición no siempre coincide con la composición de los índices.
Entre los principales obstáculos destacan los siguientes:
- El índice de referencia estratégico de la cartera se construye a partir de índices cuya composición puede no coincidir con la de los fondos seleccionados.
- Los fondos activos, que se incorporan por la previsión de generación de alfa, conllevan riesgos adicionales.
- Los fondos, activos o pasivos, introducen costes recurrentes.
- Las restricciones pueden incluir la prohibición de posiciones cortas o de apalancamiento, las exclusiones y los límites máximos.
Cómo superar los obstáculos
Comenzamos nuestro informe mostrando cómo la optimización robusta de carteras puede abordar estos obstáculos. A continuación, en lugar de limitarnos a presentar la asignación táctica final de activos a los fondos preseleccionados, mostramos cómo obtener un desglose transparente de las ponderaciones de la cartera de asignación táctica de activos propuesta:
- Qué parte de la asignación a cada fondo procede de la réplica del índice estratégico
- En qué medida las consideraciones tácticas desvían las asignaciones de dicha réplica
- En qué medida la previsión de alfa, neta de costes, las desvía aún más
- Qué parte procede de las restricciones vinculantes (por ejemplo, en materia de sostenibilidad), que introducen un ajuste adicional
- Cómo introduce el ajuste final la restricción de financiación.
En resumen: al inversor no se le dice simplemente «haz esto», sino que se le explica por qué debería hacerlo.
Ejemplos incluidos en el informe
Sin consideraciones tácticas, solo alfa neto del fondo
En este ejemplo, utilizamos la optimización robusta de carteras para construir una asignación táctica de activos con referencia a un índice, utilizando únicamente los fondos activos y pasivos preseleccionados, pero sin incorporar consideraciones tácticas.
Las restricciones con las trabaja el proceso de optimización son las más sencillas: sin posiciones cortas, sin apalancamiento y con inversión total de la cartera. Al no haber consideraciones tácticas que orienten la cartera hacia una dirección determinada, mostramos cómo la asignación viene impulsada por dos factores: permaneciendo cerca del índice estratégico (réplica de la asignación estratégica), para después desviarse hacia los fondos con mayor previsión de alfa, neto de costes (alfa).
El desglose muestra una composición transparente e intuitiva que refleja el índice de referencia en la medida de lo posible y a continuación se inclina por fondos con la mayor previsión de alfa neto de costes.
Consideraciones tácticas y una restricción en materia de sostenibilidad
En este ejemplo, añadimos consideraciones tácticas y una exigencia de asignación mínima del 30% en inversión sostenible. Aplicamos cinco consideraciones tácticas: una perspectiva negativa sobre la deuda soberana denominada en euros, una perspectiva ligeramente negativa sobre la deuda emergente denominada en divisa extranjera, y perspectivas positivas sobre la renta variable de la Unión Monetaria Europea (UME), la deuda de grado de inversión denominada en euros y la deuda estadounidense de alto rendimiento en dólares.
Estas consideraciones tácticas y la restricción en materia de sostenibilidad reconfiguran la cartera. Por ejemplo, el proceso de optimización concluye que una perspectiva positiva sobre la renta variable de la UME puede aplicarse de manera más eficaz con una sobreponderación en un ETF de renta variable europea de mediana y gran capitalización, complementada con una sobreponderación menor en su equivalente activo. La asignación a estos dos fondos constituye la aplicación más fiel de la perspectiva positiva sobre la renta variable de la UME a la hora de replicar su exposición subyacente a los factores de riesgo.
La restricción que exige asignar un 30% a inversiones sostenibles orienta la cartera hacia fondos con mayor exposición a la inversión sostenible. En el segmento de los fondos de renta variable europea, esta medida desplaza aún más el equilibrio a favor del ETF de renta variable europea de mediana y gran capitalización con una exposición del 40% a inversiones sostenibles y lo aleja de su equivalente activo, con solo el 30%.
Conclusiones
Nuestro marco elimina uno de los grandes obstáculos a los que se enfrenta la adopción del proceso de optimización de carteras a gran escala: la «caja negra» ha desaparecido. La identificación y explicación de las distintas consideraciones y restricciones debería favorecer la aplicación de estos métodos por parte de los inversores institucionales, los gestores y los asesores automatizados o roboadvisors.
La transparencia permite también la automatización: cuando se pueden explicar los sesgos de una cartera, todo el proceso de construcción se puede industrializar y personalizar para los clientes, e incluso puede aportar la información necesaria para los grandes modelos lingüísticos, lo que abre la puerta al asesoramiento automatizado y a las herramientas interactivas de asesoramiento de inversión de nueva generación.