El crecimiento inclusivo puede beneficiar a las empresas a largo plazo. Ramón Esteruelas, especialista en inversión, y Delphine Riou, analista de cuestiones medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés), nos explican por qué y nos cuentan cómo pueden los inversores acceder a este tema de inversión.
¿Qué es el crecimiento inclusivo? ¿Por qué supone una oportunidad de inversión?
Se trata de un tema de inversión que encaja con el objetivo de BNP Paribas Asset Management de contribuir a una economía sostenible e inclusiva. Para nosotros, la igualdad y el crecimiento inclusivo constituyen una de las áreas principales de sostenibilidad, junto con la transición energética y la sostenibilidad medioambiental, y la pandemia de COVID-19 no ha hecho sino acentuar su importancia, ya que ha ampliado la brecha entre los que tienen y los que no tienen, ya se trate de la posibilidad de trabajar o ganar un sueldo, de tener buena salud, de permitirse una dieta saludable, de acceder a recursos educativos y formativos, o incluso de conseguir una vacuna.
El FMI también ha expresado su preocupación al respecto, y ha señalado que las consecuencias económicas de la pandemia de COVID-19 suponen un grave retroceso en el proceso de mejora de la calidad de vida. El aumento de la desigualdad trae consigo un mayor riesgo de fractura de las sociedades y una mayor debilidad del crecimiento económico y empresarial.
El enfoque en el crecimiento inclusivo va de la mano del enfoque en el rendimiento a largo plazo basado en la estabilidad y la eficiencia. Trata de mitigar las tensiones sociales en el seno de las empresas, fomenta la meritocracia en el ámbito de los recursos y el talento y favorece un entorno propicio para el trabajo y la inversión.
Pensamos que las empresas que identifican y abordan las cuestiones sociales, tanto en el ámbito empresarial como en la sociedad en general, ofrecen una oportunidad a los inversores. Y pensamos que las compañías con una mentalidad de crecimiento inclusivo pueden obtener mejores resultados. Por ejemplo, se ha demostrado que la inclusión de mujeres en los consejos de administración favorece a las empresas. Los equipos directivos compuestos en más del 30% por mujeres tienen más probabilidades de superar a aquellos con menor o nula representación femenina[1].
¿Cómo puede un inversor acceder a esta oportunidad?
Hemos identificado cinco elementos que relacionan las prácticas de las empresas con las buenas prácticas en materia de inclusión.
1. Las normas sociales sólidas, como las condiciones de trabajo dignas para los empleados de la empresa y de la cadena de valor, son inclusivas.
2. Las empresas deben invertir en movilidad social, desarrollando, por ejemplo, las competencias de los empleados.
3. La oferta de productos y servicios de calidad que resulte accesible para el mayor número de personas posible es inclusiva; por ejemplo, productos y servicios sobre los que se basa el progreso social: la sanidad, la educación, la energía y la vivienda, a lo que podríamos añadir el acceso digital o el acceso a la movilidad.
4. Enfoque en los intereses a largo plazo de la empresa, la comunidad y la sociedad; por ejemplo, con la aplicación de sistemas de remuneración adecuados y con un comportamiento ético en el desarrollo de las actividades, respetando el principio de la libre competencia, con un sistema impositivo justo y equitativo, evitando la existencia de grupos de presión, etc.
5. Actuación contra el cambio climático, que se considera un riesgo importante para las poblaciones más vulnerables; por ejemplo, mediante la descarbonización y la protección de la biodiversidad.
En el marco de nuestro modelo ESG, puntuamos a las compañías que integran nuestro universo de inversión[2] en estas cinco áreas, prestando especial atención a la dimensión social, que representa el 65% de nuestro modelo de datos. Utilizamos datos procedentes de distintos proveedores y los hacemos comparables para garantizar que estamos utilizando los mejores datos disponibles. Las puntuaciones van de cero a cien. Las empresas que obtienen una puntuación inferior a veinte quedan excluidas. El universo de inversión resultante está compuesto por empresas que realmente prestan atención a la dimensión social y a las prácticas inclusivas.
¿Debería preocupar a los inversores la posibilidad de sacrificar parte del rendimiento por invertir en crecimiento inclusivo?
No, estamos convencidos de que las compañías con una mentalidad de crecimiento inclusivo pueden obtener mejores resultados. Y pueden hacerlo de muchas formas:
- Desarrollando las competencias de los empleados para mejorar la innovación.
- Pagando sueldos justos para fortalecer el compromiso de los empleados.
- Fomentando la diversidad en el lugar de trabajo para que los empleados entiendan mejor las necesidades de los distintos consumidores y puedan convertir ciertos mercados insuficientemente atendidos en segmentos de éxito.
- Forjando relaciones a largo plazo con los proveedores para garantizar la calidad y la seguridad de la cadena de suministro.
- Respetando las normas éticas de conducta para salvaguardar el grado de legitimidad social de la empresa.
Se ha demostrado que las empresas que gestionan mejor su impacto social y medioambiental y que cuentan con las mejores prácticas en materia de gobierno corporativo son más rentables a medio y largo plazo. Las investigaciones realizadas por la Universidad de Oxford y otras entidades confirman que las buenas prácticas en materia de sostenibilidad y cuestiones ESG se traducen en menores costes de explotación, mayor rentabilidad y elevada cotización.

También nos encontramos con una serie de riesgos. Una compañía que no presta atención a las cuestiones sociales puede quedar expuesta a las críticas por parte de los consumidores, o incluso sufrir una huelga o boicot por parte de sus clientes. Se arriesga a que su reputación se vea afectada. Las prácticas éticas atraen una atención cada vez mayor de los inversores y los medios de comunicación. Muchos inversores las consideran una cuestión fundamental, que también afecta a su propia reputación como inversores responsables. Es decir, son muchas las razones que aconsejan prestar atención al crecimiento inclusivo.
Por descontado, nuestra evaluación incorpora un exhaustivo análisis fundamental, un examen de las perspectivas de crecimiento y de la sostenibilidad de la estrategia de la empresa, así como de su situación financiera, de su perfil en materia de cuestiones ESG y de las competencias de su equipo directivo. Una vez finalizado el proceso de selección, contamos con una cartera diversificada de entre 40 y 60 títulos, sin ningún sesgo sectorial y con una puntuación ESG más favorable y una menor huella de carbono que su índice de referencia.
La cartera se ajusta a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que reconocen que para conseguir un futuro sostenible es esencial acabar con la pobreza y otras dificultades, mejorar la sanidad y la educación, reducir la desigualdad y estimular el crecimiento económico. En nuestra opinión, todo ello beneficiaría a los inversores y a la sociedad en general.
Aquí puedes escuchar nuestro pódcast con Delphine y Ramón
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[1] Estudio de McKinsey & Company, «Diversity wins: How inclusion matters» (La diversidad gana: por qué la inclusión es importante), mayo de 2020. A) Probabilidad de rendimiento financiero superior a la media nacional del sector, calculada como margen de beneficios antes de intereses e impuestos (EBIT) durante el periodo comprendido entre 2014 y 2018; B) basado en 365 empresas estadounidenses y británicas del conjunto de datos incluidos en el informe Diversity Matters, cifras de diversidad a partir de 2014.
[2] Índice MSCI World Developed Countries