Tecnofinanzas en los emergentes: la clave de la inclusión financiera

El progreso en el universo emergente, incluida la senda hacia una mayor inclusión financiera, se ha visto dificultado por retos considerables. Sin embargo, creemos que existen enormes oportunidades para las empresas (y los inversores) audaces en áreas como las tecnofinanzas, donde confluyen banca y tecnología.

En muchos mercados emergentes, las lagunas en el sistema bancario han limitado el crecimiento empresarial, restringido la demanda de consumo y dificultado el crecimiento económico. Por ejemplo, muchos bancos tradicionales se muestran reacios a prestar servicios a particulares con pocos recursos o a las microempresas. De este modo, millones de personas carecen de acceso a servicios financieros como una cuenta corriente, de ahorros o de otro tipo para llevar a cabo transacciones: están “desbancarizados”.

No obstante, la tecnología financiera ha propiciado un éxito empresarial notable en países tan diversos como Kenia y China. Las tecnofinanzas han permitido fomentar uno de los principales objetivos de desarrollo sostenible a nivel mundial[1] (la inclusión financiera), brindando acceso a plataformas y servicios de pago (incluido el crédito) y ayudando con ello a reducir la desigualdad y mitigar la pobreza.

Dicho esto, y pese al considerable avance logrado en los últimos 20 años en la “bancarización” de las personas, un tercio de los adultos del planeta siguen excluidos de los servicios financieros.[2] Esto indica que todavía queda mucho por hacer, y por ganar. De cara a 2025, la inclusión generalizada podría elevar el PIB de todas las economías emergentes en un 6% (3,7 billones de dólares) y conducir a la creación de 95 millones de puestos de trabajo.[3]

En nuestro informe técnico describimos cómo los enfoques únicos de algunas empresas han logrado cumplir el triple objetivo de crecimiento económico, aumento del beneficio y mejora de la vida de las personas a las que prestan sus servicios.

Más teléfonos móviles y cuentas bancarias

En 2014, las cuentas bancarias y operativas accesibles por móvil irrumpieron en el África subsahariana, con un 12% de los adultos (cerca de un tercio de la población bancarizada) utilizando cuentas de dinero móvil, frente a un mero 2% en el resto del mundo.

Este fenómeno se inició en Kenia, donde la plataforma M-PESA (diseñada inicialmente para facilitar el cobro y la devolución de microcréditos) se convirtió en un sistema digital para liquidar pagos de forma rápida y segura por teléfono móvil. Este servicio elevó la eficiencia del préstamo y permitió a los usuarios acumular un historial de crédito y operaciones, convirtiéndose así en una puerta de entrada hacia servicios financieros adicionales.

La experiencia de Kenia y la expansión a países vecinos redundó positivamente en la tasa de inclusión financiera en el África subsahariana, que aumentó del 34% al 43% de 2014 a 2017.

Con una penetración todavía baja de la telefonía móvil (de tan solo un 44% en 2019), la región ofrece un enorme potencial para los productos bancarios y de dinero móviles.

La ecuación asiática

En China todavía hay 225 millones de personas excluidas de los servicios financieros[4], un 13% del total global. En un país donde más de un 40% de la población vive en áreas rurales, el sector de los servicios financieros tradicionales se ha enfrentado a obstáculos como un alto coste del servicio a clientes con ingresos bajos o irregulares, dificultades para llegar a consumidores en áreas remotas y escasez de datos para evaluar de forma fiable y eficiente la solvencia del cliente.

Incluso en pleno auge digital, muchas personas y sus negocios quedaron excluidos en zonas rurales, perdiéndose mejoras de calidad de vida de las que sí disfrutaron los residentes urbanos, como por ejemplo el acceso digital al crédito.

No obstante, plataformas líderes (que cubren la mayor parte de la población china) han abordado esta asimetría entre el campo y la ciudad. Más allá del comercio electrónico, se han esforzado por reconstruir carreteras, mejorar los servicios logísticos y potenciar la alfabetización digital de las comunidades más remotas. En este contexto, no sorprende que el crecimiento de las ventas de comercio electrónico en áreas rurales haya aumentado. Obteniendo licencias de banca por internet, estas empresas también comenzaron a conceder micropréstamos a consumidores y pequeñas empresas, llegando con ello a millones de clientes que previamente habían sido ignorados.

La evolución de las plataformas de pagos digitales en China ha ayudado a elevar la visibilidad financiera y la viabilidad económica de sus usuarios. Pekín parece reconocer las ventajas y respaldar un papel seguro y potencialmente mayor para el sector privado a medida que evoluciona la industria de los servicios financieros.

Sembrando las semillas del cambio

Los esfuerzos, el pensamiento innovador y la dedicación de ciertos pioneros de las tecnofinanzas en el universo emergente han alterado las oportunidades para las empresas y los consumidores en estos países. Este segmento atrae enormes cantidades de capital en todo el mundo y sin duda alguna financiará desarrollos positivos, pero también existen motivos para la cautela.

A medida que más actores compiten por su tajada de este crecimiento, la concesión de crédito sin los controles de riesgo o la supervisión adecuados puede ser perjudicial. El éxito de los reguladores chinos combinando una política de «esperar a ver» con medidas para evitar o combatir el fraude y la corrupción y centralizar los pagos en una plataforma de compensación nacional puede servir de modelo a muchos países.

Existen otros obstáculos que impiden la proliferación rápida de la banca móvil. En Nigeria (la mayor economía de África y una de las siete mayores naciones desbancarizadas) la difusión del dinero móvil se ha quedado atrás, debido posiblemente a una política excesivamente conservadora.

No obstante, es alentador observar que los bancos tradicionales están comenzando a innovar y a ofrecer servicios más inclusivos gracias a la tecnología. La expectativa es que las entidades establecidas capaces de adaptarse saldrán fortalecidas y podrían incluso colaborar con las empresas tecnofinancieras, adquirir a los actores más prometedores en esta área o participar en su capital. Esto es lo que está ocurriendo en China, Brasil y la India.

En China (el país más desbancarizado en 2017) han surgido multitud de compañías de tecnofinanzas en un sector que ha captado capital con éxito pero que también despliega recursos en el extranjero, como por ejemplo en la India y el sureste asiático.

La inversión en servicios y dispositivos 4G asequibles ha permitido su rápida proliferación, incluso en las zonas rurales de la India que carecían de acceso a internet. No sorprende que los gigantes tecnológicos chinos estén compitiendo con sus homólogos estadounidenses y globales para hacerse con este mercado: el potencial de crecimiento de los grupos demográficos jóvenes y crecientes de la India supera al de China.

En Brasil, los reguladores han abierto mercados previamente cerrados y permitido el crecimiento del sector tecnofinanciero. Hasta el propio banco central brasileño se dispone a lanzar un sistema de pagos instantáneos (PIX) en un mercado bancario desarrollado, pero en el que muchos servicios financieros resultaban inasequibles debido a la falta de competencia.

Terreno fértil para la inclusión financiera

Tanto para actores establecidos como para empresas locales de nueva creación, las regiones más desbancarizadas son un terreno fértil para el crecimiento de las tecnofinanzas, sobre todo en el contexto de la penetración alta y creciente de la telefonía móvil.

Las soluciones tecnofinancieras están profundizando el impulso mundial para democratizar el acceso a servicios básicos asequibles, con lo que nos hallamos en un momento crucial para la inclusión financiera y la participación plena en la economía.

Los beneficiarios finales de esta tendencia son las personas que previamente carecían de acceso a estos servicios, a quienes por fin se está tendiendo la mano y en lugar de darles una mera limosna. Este desarrollo tendrá profundas repercusiones en estas economías y fomentará la innovación y el espíritu emprendedor durante muchos años.

Esto es un extracto del informe técnico Fintech in Emerging Markets[G1] (julio de 2020)


[1] Consulta por ejemplo el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 8: Promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos

https://sdgs.un.org/goals/goal8

[2] Según la encuesta del Índice de Inclusión Financiera de 2017, en https://globalfindex.worldbank.org/#data_sec_focus.

[3] Fuente: investigación de 2016 de McKinsey Global Institute.

[4] https://globalfindex.worldbank.org/sites/globalfindex/files/chapters/2017%20Findex%20full%20report_chapter6.pdf


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