La pandemia de COVID-19 ha asestado un duro golpe a las economías y las sociedades, sobre todo en el universo emergente. Así, la renta variable de estos países ha prolongado su racha de rezagamiento frente a sus homólogos desarrollados. Vincent Nichols, especialista de inversión en renta variable emergente, describe las perspectivas y oportunidades que ofrece esta clase de activo.
¿Cómo está evolucionando la pandemia en el mundo emergente?
Como sabemos, el virus surgió en China, que representa en torno al 40% del índice de renta variable MSCI Emerging Markets. Y como el impacto del brote empezó a notarse allí, la renta variable de mercados emergentes comenzó a rezagarse como clase de activo a finales de enero, antes de sufrir fuertes caídas junto al resto del mundo en la recta final de febrero y seguir retrocediendo hasta mediados de marzo. Esta mala racha culmina una década de rezagamiento respecto a otros mercados (gráfico 1).

Lo que quizá resulte sorprendente es que, en el primer trimestre de 2020, las bolsas asiáticas no solo batieron al resto del universo emergente, sino también a los mercados desarrollados. Así, quizá sea irónico que China fuera el gran mercado de mejor comportamiento a nivel mundial en dicho periodo. América Latina fue el más rezagado, como el proveedor de materias primas para el resto del mundo.
Epicentro: Latinoamérica y la India en el punto de mira
Ahora mismo se está disparando el número de casos confirmados en América Latina, sobre todo en Brasil, pero también en Perú, Chile y México. La situación en la India se deteriora asimismo con rapidez, subiendo puestos en la lista de países por casos confirmados (ahora en el cuarto puesto).
Si no logran frenar la propagación del virus de forma significativa en las próximas semanas, Brasil y la India podrían no tardar en convertirse en los países con más casos a nivel mundial.
No obstante, el mundo en vías de desarrollo está mucho peor equipado para combatir la crisis. En Estados Unidos, Europa y las áreas más desarrolladas de Asia, mucha gente puede trabajar desde casa o permitirse no trabajar durante un tiempo para protegerse. En cambio, las poblaciones más pobres del mundo no tienen esta opción: mucha gente vive en ciudades densamente pobladas, en las que el virus puede propagarse como un reguero de pólvora. En estos países, la escala de la crisis humanitaria es mucho mayor.
¿Qué implicaciones tiene esto para los inversores?
Hay muchas razones para anticipar un cambio de rumbo en la rentabilidad relativa de la renta variable emergente, tanto a corto como a medio plazo.
Un mero vistazo a las valoraciones revela que los mercados emergentes son relativamente atractivos para los inversores en acciones. La renta variable emergente siempre ha cotizado a una valoración inferior a la de los mercados desarrollados, pero este descuento está alcanzando niveles extremos, incluso frente a las medias a largo plazo. Por poner un ejemplo, el ratio precio/valor contable de los mercados emergentes respecto al índice MSCI World se halla en su nivel más bajo desde 2003 (gráfico 2). En el caso del sector tecnológico, no había sido tan bajo desde los años noventa. Tomando el ratio PER, las valoraciones relativas se hallan en su nivel más bajo desde 2005.
Aunque los mercados emergentes también se enfrentan a obstáculos macroeconómicos potenciales, sus pronósticos de crecimiento son mucho mejores que los del universo desarrollado. Hace poco, el FMI revisó considerablemente a la baja sus proyecciones de crecimiento global desde los niveles de abril, pero la expectativa sigue siendo que el crecimiento emergente sufrirá mucho menos en 2020: se anticipa una contracción del 8% en las economías desarrolladas, y de un mero 3% en las emergentes.
También se prevé que el repunte en 2021 será mayor en el mundo en vías de desarrollo. ¿Cuál es el coste de oportunidad para los inversores que opten por evitar a los emergentes si el crecimiento económico repunta más o menos de lo previsto en los próximos años?
¿Y qué hay de las agresivas medidas de estímulo fiscal y monetario en las economías desarrolladas, y en especial en Estados Unidos? Esto supondrá probablemente una ventaja relativa a corto plazo para el mundo desarrollado que podría estar ya reflejada en la evolución del mercado.
Es probable que el estímulo fiscal continuado y el nerviosismo del mercado en torno a los intentos de dar marcha atrás a la expansión del balance de los bancos centrales limiten el potencial de apreciación del dólar respecto a las divisas emergentes, pese a los numerosos retos a los que se enfrentan estos países. Un dólar débil supondría un viento de cola para los mercados emergentes. Además, el estímulo en los mercados desarrollados debería redundar positivamente en las economías emergentes, sin que les suponga una carga fiscal adicional.
Temas de inversión en renta variable emergente
El sector financiero (que ya mostraba debilidad) se ha rezagado en gran medida frente al conjunto del mercado en lo que va de año, algo que consideramos justificado y que en nuestra opinión va a continuar. Creemos que se debe a que la capacidad de muchos gobiernos de países emergentes para igualar los enormes programas de estímulo de sus homólogos desarrollados es limitada. En muchos mercados emergentes, es probable que el estímulo monetario fluya a través del sistema financiero, lo cual supone una carga adicional sobre las empresas de servicios financieros. Así, cabe esperar que muchas de ellas sufrirán una mayor presión sobre la calidad de sus activos durante muchos años.
La oportunidad de inversión tal vez más ignorada también se halla, en su mayor parte, fuera de los índices de referencia del universo emergente: las mineras auríferas. Los precios del oro tienen la peculiar característica de beneficiarse de un aumento de la creación de dinero (dirigida a mejorar la salud económica y respaldar los precios de los activos). Mientras los balances se muchos bancos centrales continúen hinchados, es poco probable que los precios del metal precioso experimenten un cambio de dirección significativo.
De media, las mineras auríferas han saneado considerablemente sus balances desde 2014, elevado sus ingresos y sus dividendos, y cotizado a descuentos elevados respecto al valor de su activo neto. También cabe destacar que el precio de la energía (una de las mayores partidas de costes para las mineras de oro) ha caído marcadamente durante la pandemia. Por último, muchas de estas empresas tienen perfiles ESG relativamente sólidos comparado con el conjunto de la industria. En nuestra opinión, esto esboza un panorama atractivo para el segmento.