Tecnología disruptiva en la era del COVID-19

En el marco de la economía mundial, el COVID-19 ha actuado como un gran acelerador de las tendencias que impulsan la tecnología disruptiva. Las valoraciones de las empresas tecnológicas se han disparado, lo que plantea ciertos interrogantes sobre el alcance de esta tendencia al alza. Guy Davies, director de inversión en renta variable, explica por qué podríamos encontrarnos ante una situación diferente a otras que hemos vivido en el pasado.

No cabe duda de que la pandemia de COVID-19 ha conseguido acelerar ciertas tendencias de crecimiento a largo plazo. Además, no parece haber indicios de que estas tendencias vayan a debilitarse. Algunos ejemplos de ello son:

  1. La computación en la nube:
  • Una metodología de trabajo ágil, que permite el acceso, la realización de procesos y la posibilidad de ser productivo desde prácticamente cualquier lugar.
  • Entretenimiento a la carta: podemos viajar con toda nuestra colección de películas, música, libros, fotografías, etc.
  • Asistencia a distancia: acceso a sistemas sanitarios o a consultas médicas por internet.
  1. El auge del comercio electrónico y los pagos digitales refleja la preferencia de los usuarios por comprar desde casa y evitar el uso de efectivo.
  2. La automatización, tanto mediante el uso de software como de robots físicos, permite una mayor localización de la producción, tras la gran tensión a la que se han visto sometidas las cadenas mundiales de suministro.

Por lo tanto, aunque hay razones para creer que la tendencia alcista que se ha registrado en estas áreas, y que no cabe duda de que se ha visto impulsada por el COVID-19, podría mostrar una cierta desaceleración, el cambio a largo plazo que supone el auge de la computación en la nube, la inteligencia artificial y la automatización tiene aún mucho margen de crecimiento.

Factores que impulsan la tecnología disruptiva

Entre los factores que impulsan en mayor medida el crecimiento de la tecnología disruptiva destacan la innovación y la motivación, si bien, en nuestra opinión, el factor más determinante es la transformación digital. La transformación digital aumenta la eficiencia de los procesos ya existentes y favorece la aparición de nuevos productos y servicios, aspectos ambos fundamentales para hacer frente a los principales desafíos que plantea el entorno actual.

Entre las áreas en las que la digitalización puede resultar de utilidad destacan las siguientes:

  1. Desigualdad: el acceso a la banda ancha puede facilitar la asistencia sanitaria a distancia y mejorar el bienestar financiero mediante los servicios de banca por internet.
  2. Cambio climático: los centros de datos que permiten la infraestructura de nube requieren importantes cantidades de energía; la energía solar y la energía eólica, que dependen en gran medida de procesos digitales, podrían suponer una solución más sostenible a largo plazo.
  3. Asistencia sanitaria: la asistencia sanitaria a distancia y la telemedicina podrían ampliar la capacidad de nuestros sistemas sanitarios. De igual modo, la inteligencia artificial y el análisis de datos podrían usarse para predecir y gestionar la propagación de enfermedades infecciosas.

Valoraciones de las compañías tecnológicas 

En términos históricos, las valoraciones de las compañías tecnológicas son elevadas si las comparamos con las registradas en los últimos diez años. Sin embargo, en mi opinión, estas compañías no resultan excesivamente caras si nos remontamos a 20 o 25 años atrás. Es decir, las valoraciones actuales no superan los niveles que se registraron en el año 2000, en la época de la burbuja del sector tecnológico.

Dentro del sector, las valoraciones de las compañías de software sí que resultan elevadas, pero también vemos gran dispersión entre las compañías. De hecho, la tendencia alcista no ha afectado a todas por igual, y encontramos discrepancias y fragmentación de precios entre las distintas compañías y áreas del sector, lo que crea oportunidades de inversión. Algunas compañías me parecen baratas, si nos fijamos en sus cifras de crecimiento de los márgenes, su cuota de mercado y su mercado potencial neto, mientras que otras me resultan caras, como por ejemplo las que aún no han registrado beneficios o generado flujo de caja libre, pero ya se negocian con unas valoraciones elevadas.

Por lo tanto, creo que es importante considerar las empresas de forma individual y examinar en cada una de ellas toda la gama de medidas de valoración (descuento de flujos de efectivo, ratio precio-beneficio, ratio precio-flujo de caja, tasas de crecimiento, rentabilidad del capital invertido y rendimiento de la inversión por flujos de caja[1]), y especialmente las ventajas competitivas y la sostenibilidad de sus tasas de crecimiento y su rendimiento del capital. Las compañías líderes de cada sector tienden a contar con la mejor tecnología, pero también a reinvertir para el crecimiento futuro, lo que se convierte en sí mismo en un círculo virtuoso.

Un contexto muy particular

Por último, también es importante tener en cuenta el contexto: ¿cómo debemos valorar a estas compañías líderes mundiales en un entorno de bajo crecimiento, bajos tipos de interés y baja inflación?

Hemos podido comprobar que la crisis del COVID-19 ha provocado un nuevo ciclo de bajo crecimiento y elevada carga de la deuda. Los gobiernos y bancos centrales de los países desarrollados se han visto obligados a respaldar la economía real, garantizando a las empresas la financiación que necesitan.

Ante esta situación, los beneficios futuros de algunas de estas compañías deberán destinarse al pago de la deuda. Un entorno de tipos de interés reducidos podría favorecer que los múltiplos de valoración se mantuvieran en niveles elevados aun en los momentos más bajos del ciclo.

En un entorno de estas características, solo las mejores empresas, aquellas que estén posicionadas en los pocos segmentos de elevado crecimiento y que gestionen su actividad con una sólida asignación del capital y sin hacer uso de trucos de ingeniería financiera para inflar sus cifras de ganancias, podrán ajustar sus elevados múltiplos de valoración al crecimiento de sus ganancias. En un entorno de bajo crecimiento generalizado, este será el tipo de crecimiento que perdure.

Así, lo más probable es que el valor financiero deje de generarse a partir de la asignación de activos, tal y como lo ha hecho en los últimos treinta años de caídas continuas de tipos de interés. En su lugar, la selección de títulos podría adquirir un mayor protagonismo conforme vaya finalizando el ciclo de continua reducción de los tipos de interés y vaya aumentando la diferencia de rendimiento entre las compañías líderes y el resto.

Léase también 



[1] Hay varios métodos de valoración de empresas. Más información en https://www.investopedia.com/articles/fundamental-analysis/11/choosing-valuation-methods.asp

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