Solo quedan tres semanas para las elecciones presidenciales estadounidenses, que podrían tener importantes repercusiones para la política económica, no solo en Estados Unidos, sino también en otros países. Daniel Morris, estratega de inversión senior, y Mark Allan, economista estadounidense, comentan los aspectos más importantes.
Las elecciones a la presidencia de Estados Unidos se celebrarán el martes 3 de noviembre de 2020. Vamos a recordar la estructura política en Estados Unidos.
Primera lección sobre política estadounidense: el Congreso
El Congreso estadounidense, el brazo legislativo del gobierno, está compuesto por dos órganos: el Senado, o cámara alta, y la Cámara de Representantes, o cámara baja. Para promulgar una ley se necesita la aprobación en ambas cámaras.
En la actualidad, el Congreso está compuesto por 100 senadores, dos por estado, y 435 miembros con derecho a voto de la Cámara de Representantes. El número de representantes de cada estado viene determinado por su población.
El próximo 3 de noviembre, se disputarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 escaños del Senado y el cargo de Presidente de los Estados Unidos. Además, se elegirán también 13 gobernaciones territoriales y estatales, así como numerosos órganos estatales y locales.
La situación actual
Los demócratas tienen la mayoría en la Cámara de Representantes desde las elecciones de 2018, y los republicanos controlan el Senado desde las elecciones de 2014.
Los demócratas acuden a las elecciones de 2020 con 232 de los 435 escaños de la Cámara, frente a los 196 de los republicanos, lo que les ofrece una importante ventaja de 37 escaños. Los republicanos cuentan con una ventaja de 53-47 en el Senado.
Control de la Cámara y el Senado: ¿clara victoria de los demócratas?
Para llevar a cabo un cambio radical, el próximo gobierno debería tener mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, especialmente dada la gran división entre partidos que ha reinado en la política estadounidense en los últimos años.
En la actualidad, el candidato demócrata Joe Biden aventaja al presidente Trump en las encuestas de opinión en torno a diez puntos. Además, los demócratas son los claros favoritos para conservar su mayoría en la Cámara de Representantes. Sería una gran sorpresa que no lo consiguieran. Por lo tanto, será el control del Senado lo que resulte crucial en estas elecciones.
La lucha por el control del Senado dependerá de unos pocos estados
Este año, los republicanos tienen que defender 23 escaños en las elecciones, frente a los 12 de los demócratas. En teoría, para conseguir el control del Senado, los demócratas tendrían que ganar tres escaños si Joe Biden ganara las elecciones (o cuatro si perdiera, ya que, según la constitución estadounidense, «el vicepresidente de Estados Unidos será presidente del Senado, pero no tendrá derecho a voto, salvo en caso de empate»).
En nuestra opinión, lo más probable es que la carrera por el control del Senado se circunscriba a cinco estados principales: Maine, Carolina del Norte, Iowa, Georgia y Montana.
Todo parece indicar que Alabama es la única oportunidad de que los republicanos puedan arrebatar un escaño en el Senado a los demócratas. La opinión mayoritaria, con la que coincidimos, es que los republicanos ganarán Alabama (en las elecciones especiales celebradas en 2017, los demócratas ganaron Alabama por primera vez desde 1992, tras el escándalo en el que se vio envuelto el candidato republicano). En ese caso, los demócratas tendrían que ganar cuatro estados para conseguir el control del Senado.
Política económica
Aún quedan tres semanas para las elecciones, y en política una semana da para mucho, por lo que la carrera presidencial podría sufrir un giro radical. No obstante, una victoria demócrata con Joe Biden en la Casa Blanca y el control demócrata del Senado y de la Cámara de Representantes, podría traer consigo un programa de estímulos fiscales sin precedentes.
En nuestra opinión, es bastante plausible que una clara victoria demócrata favoreciera la aprobación de medidas de estímulo fiscal por valor de unos 2,5 billones de dólares en los próximos 12-18 meses, lo que supone en torno al 10% del PIB estadounidense. En comparación, los recortes fiscales que el presidente Trump aprobó en 2018 supusieron en torno a 1 billón de dólares en cinco años.
A continuación, mostramos las posibles consecuencias del control republicano o demócrata de la Casa Blanca y el Senado en lo que se refiere a política fiscal estadounidense y las perspectivas que ofrece la política monetaria tras las elecciones.

En resumen: el tipo de estímulo fiscal que podría traer consigo una clara victoria del Partido Demócrata en las próximas elecciones podría aumentar el nivel de inflación en Estados Unidos. En los próximos días, analizaremos con más detalle las posibles consecuencias que podría tener este escenario en los mercados financieros.
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