Tras las caídas que han registrado las valoraciones en los mercados de renta variable, ¿se está apoderando el nerviosismo de los inversores? Si atendemos a las caídas consecutivas que hemos visto en la renta variable global esta semana, la respuesta bien podría ser que sí. Podría tratarse de una corrección lógica tras los máximos históricos registrados por el índice Dow Jones y la subida del 10% del índice MSCI AC World desde principios de año.
Incluso en una situación en la que las valoraciones parecen elevadas, las caídas han de tener un desencadenante. Si analizamos cómo han reaccionado los mercados a los últimos indicadores económicos quizás podamos entender mejor lo que piensan los inversores sobre el entorno actual.
El misterio del empleo estadounidense
La publicación mensual de los datos de empleo estadounidense tiene una gran importancia en los mercados, y esta vez ha venido con sorpresa. La creación de empleo en abril estuvo muy por debajo de las expectativas del mercado, que preveía la creación de un millón de puestos de trabajo. Tras la revisión a la baja que tuvo lugar en el mes de marzo, que preveía la creación de 770.000 nuevos empleos, la cifra final se situó en solo 266.000.
No hay una explicación obvia para ello. Parte del informe se basa en los datos que proporcionan las propias empresas («establishment survey»), que no resultan especialmente fiables. ¿O es que las prestaciones federales por desempleo (un pago adicional de 300 dólares a la semana) desincentivan la vuelta al trabajo de los trabajadores? El riesgo de infección en el lugar de trabajo y la dificultad para encontrar servicios para el cuidado de los hijos también podrían haber influido en que los trabajadores con salarios más bajos optaran por no aceptar ofertas de empleo.
El sistema estadounidense de «despidos temporales», que provocó una fuerte aceleración de la creación de empleo el año pasado, cuando las empresas fueron reanudando su actividad y los trabajadores volvieron a ocupar sus puestos de trabajo, podría haber alcanzado ya su límite. Ahora habría que pasar por los procesos tradicionales de contratación, que tienden a ralentizar el ritmo de las contrataciones.
El número de desempleados de larga duración (aquellos que llevan seis meses o más sin trabajo, según los criterios estadounidenses) ha superado los cuatro millones de personas desde enero, frente a la media de 1,3 millones en 2019. El desajuste entre la oferta de empleos y la demanda de trabajo comienza a hacerse evidente.

Las malas noticias pueden ser buenas (y viceversa)
Los alentadores avances en las campañas de vacunación, las pruebas de la eficacia de las vacunas y la perspectiva de reapertura de las economías refuerzan los argumentos a favor de un fuerte repunte del crecimiento durante el verano. Sin embargo, la posibilidad de que se produzca una aceleración de la inflación preocupa cada vez más a los inversores.
La reciente incertidumbre sobre la situación del mercado laboral estadounidense dio credibilidad a la política monetaria de orientación expansiva de la Reserva Federal y señaló al mercado de renta variable que los tipos de interés oficiales se mantendrán bajos durante más tiempo, favoreciendo así el margen para nuevas ganancias. Sin embargo, a los inversores les sigue poniendo nerviosos la posibilidad de aumento de la inflación, y los tipos del mercado a largo plazo han comenzado a subir de nuevo.
Toda esta inquietud puede deberse a una confluencia de factores: la subida de los precios de las materias primas, un ataque a un oleoducto estadounidense que podría disparar los precios del combustible, y una aceleración de los precios de producción chinos, que alcanzan el nivel más alto de los últimos tres años y medio.
En Europa, la inflación alemana se situó en abril en el 2,1% en términos interanuales, superando por segundo mes el objetivo del Banco Central Europeo y apuntando a una posible subida superior al 3% este año.
Todo ello ha favorecido el interés de los inversores por la deuda ligada a la inflación. Para los mercados, toda esta situación hace crecer las expectativas sobre una posible aceleración del ritmo de inflación, lo que a su vez convierte a esta cuestión en una de las principales preocupaciones.
¿Miedo excesivo?
Sin embargo, y hasta la fecha, el discurso de los bancos centrales no ha cambiado. La presión al alza sobre la inflación continúa considerándose temporal y vinculada a efectos de base y a la normalización de los precios en aquellos sectores en los que la actividad se ha visto paralizada como consecuencia de la pandemia. Las previsiones de primavera de la Comisión Europea son igualmente favorables: tras registrar un 1,7% en 2021, se prevé que la inflación de la zona euro caiga al 1,3% en 2022, mientras que el crecimiento debería mantenerse en el 4,3% este año y en el 4,4% en 2022.
La presión alcista sobre los tipos de interés del mercado a largo plazo de los últimos días ha sido mayor en la eurozona que en Estados Unidos, lo que podría ser un reflejo del marco de política monetaria de la Reserva Federal, que permite a la entidad tolerar (o incluso favorecer) una inflación superior al objetivo del 2% durante un periodo de tiempo.
El pasado 11 de mayo, el rendimiento del bono alemán subió con fuerza al -0,16%, su nivel más alto desde mayo de 2019. Por el contrario, el rendimiento de los títulos comparables del Tesoro estadounidense a diez años vuelve a situarse en torno al 1,60%, tras haber alcanzado casi el 1,75% a finales de marzo. Aún sigue estando por debajo de los niveles registrados a principios de 2020.
Las perspectivas continúan siendo favorables
Nuestro indicador interno de «temperatura del mercado» sobre la renta variable se puso en rojo en abril, lo que apunta a la necesidad de precaución a corto plazo y a una relación riesgo/rendimiento menos atractiva. Estas condiciones se han mantenido en las últimas semanas. En consecuencia, el aumento del riesgo de caída de los mercados de renta variable ha impulsado la demanda de estrategias de cobertura.
En un entorno como el actual, pensamos que los mercados van a continuar mostrando un cierto nerviosismo a corto plazo, pero dados los favorables fundamentales a medio plazo, consideramos que las correcciones nos ofrecen la oportunidad de aumentar nuestra exposición a la renta variable.
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