Semanal de inversiones: idas y venidas de la Reserva Federal

La reciente actuación del mercado financiero refleja el nerviosismo y la incertidumbre en torno a la evolución de la inflación y la reacción de los bancos centrales. Se prevé un aumento de la volatilidad mientras los mercados deciden sobre el escenario de «presiones transitorias» por el que parecen apostar los responsables políticos.

Hace una semana, la Reserva Federal sorprendió a los mercados con un cambio en el tono de su discurso, mostrándose ahora más partidaria de subir los tipos de interés antes de lo inicialmente previsto, aunque mantuvo el rango de los tipos aplicables a los fondos federales entre el 0% y el 0,25%, en el que llevan desde marzo de 2020, y mantuvo también el ritmo de sus compras de activos, por valor de 120.000 millones de dólares mensuales.

Tras su última reunión, la entidad reiteró su intención de mantener sin cambios su política hasta que se produzca un «avance significativo hacia los objetivos de pleno empleo y estabilidad de los precios».

Endurecimiento de la política monetaria: ¿antes o después?

Sin afirmarlo expresamente, su mensaje sí que pareció indicar un próximo cambio. La Reserva Federal planteó un escenario optimista en lo que se refiere al empleo, y su «diagrama de puntos» mostró una posible subida de tipos a finales de 2023, lo que llevó a los inversores a plantearse la posibilidad de que dicha subida pudiera producirse antes de lo esperado.

Dos días más tarde, el presidente de la Reserva Federal de San Luis, James Bullard, afirmó que, en su opinión, el banco central podría subir los tipos incluso antes de dicha fecha, en 2022, ya que la inflación podría subir por encima del objetivo.

Ayer mismo, en su declaración ante el Congreso estadounidense, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, trató de matizar dicha percepción. Insistió en el carácter transitorio de las presiones inflacionistas y reiteró que la política monetaria tenía como objetivo la recuperación completa e inclusiva del empleo y que la Reserva Federal no subiría los tipos de interés de forma preventiva. Parece haber tenido éxito.

¿Error de interpretación de inversores y economistas?

No es de extrañar que todo ello tuviera repercusiones en los mercados financieros. El rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense a 10 años fluctuó entre 1,35% y casi 1,60%, para acabar en 1,46% el 22 de junio (véase el gráfico 1). La renta variable estadounidense cayó tras el análisis inicial de las conclusiones de la Reserva Federal, pero consiguió volver al nivel de la semana anterior. El índice S&P 500 cayó un 1,9% entre el 11 y el 18 de junio, registrando así su mayor caída semanal desde febrero.

¿Cómo han de enfrentarse los inversores a estas ideas y venidas? ¿Se trató de un error de comunicación de la Reserva Federal? ¿Un globo sonda? ¿Una interpretación excesiva? Sea cual sea la explicación, los últimos acontecimientos reflejan un claro nerviosismo.

Aunque en la rueda de prensa del 16 de junio el presidente Powell afirmó que había comenzado a plantearse la posibilidad de iniciar la reducción de la compra de activos, paradójicamente, dicho anuncio no provocó el pánico de los mercados.

¿Ha cambiado el entorno económico?

No mucho, en nuestra opinión. Según los índices de gestión de compras, la actividad del sector manufacturero de la eurozona continuó recuperándose en junio, y aún más la del sector servicios. Según la estimación preliminar, el índice compuesto registró su nivel más alto de los últimos 15 años. Los índices apuntan a una expansión de las cadenas de suministro y a la solidez de los pedidos, lo que lleva a las empresas a contratar personal adicional.

Las cifras confirman que las economías europeas continúan avanzando en el proceso de recuperación gracias al éxito de las campañas de vacunación, lo que permite ir reduciendo las restricciones sanitarias. Estados Unidos va en cabeza, tanto en lo que se refiere a las vacunas (el 45% de la población ha recibido la pauta completa, frente al 25-30% de las grandes economías europeas) como a la recuperación económica. El PIB estadounidense creció a un ritmo anualizado del 6,4% durante el primer trimestre, y los datos apuntan a un crecimiento de en torno al 10% en el segundo.

Los indicadores más recientes, especialmente los del mercado inmobiliario estadounidense, muestran un ligero descenso de la actividad, pero no ponen en entredicho la fortaleza de la demanda nacional. Las vacaciones de verano pueden ser una buena oportunidad para que las familias estadounidenses gasten parte de sus ahorros, dadas las buenas perspectivas del mercado laboral.

El escenario de sincronización de la recuperación económica en el segundo semestre del año mantiene su validez.

Y entonces, ¿por qué preocuparse?

Quizás porque es natural, o quizás porque la renta variable global ha subido un 10,6% en lo que va de año y se sitúa un 26% por encima de los niveles registrados a finales de 2019 (a 22 de junio), los tipos de interés están por debajo del valor razonable sobre la base del crecimiento nominal, y los tipos reales siguen estando en gran medida en terreno negativo.

La reciente volatilidad es también un indicio de las dificultades a las que se enfrentan los inversores y los bancos centrales a la hora de pasar de una emergencia sanitaria y económica a un escenario de (cierta) normalidad.

Ni la Reserva Federal ni el BCE parecen querer precipitarse, y ya han señalado que su objetivo es garantizar que las condiciones financieras siguen siendo favorables. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, reiteró recientemente ante el Parlamento Europeo que, a pesar de las perspectivas de una mayor recuperación, aún no había llegado el momento de subir los tipos de interés.

Bancos centrales: la importancia de la comunicación

En los próximos meses, la comunicación en torno a las intenciones de política monetaria será crucial. Tal y como hemos podido comprobar en el caso de la Reserva Federal, no va a ser tarea fácil.

Las dos próximas reuniones de política monetaria, el 22 de julio para el BCE y el 28 de julio para la Reserva Federal, no parecen revestir gran importancia para los inversores.

Sin embargo, el simposio Jackson Hole, que se celebrará entre el 26 y el 28 de agosto, y la reunión de Sintra, que tendrá lugar los días 28 y 29 de septiembre, pueden ofrecer a los dos principales bancos centrales la oportunidad de aclarar sus enfoques a medio plazo en relación con la política monetaria, aunque las cicatrices de la pandemia sobre el potencial de crecimiento seguirán siendo visibles durante varios años.

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