Cuando el 5 de noviembre se batió el anterior récord de 35 días de cierre del gobierno estadounidense durante el primer mandato de Donald Trump, la tensión en los mercados aumentó. Sin embargo, solo cuatro días después, se vislumbró el fin de la crisis política sobre la financiación pública, lo que supuso un gran alivio para los inversores. Y ahora, ¿qué sucederá cuando el Congreso vuelva al trabajo?
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Las circunstancias en las que los demócratas y republicanos llegaron a un acuerdo sugieren que las cuestiones políticas podrían cobrar cada vez más importancia en los próximos meses, ante la celebración de elecciones legislativas en menos de un año.
Pese a la resolución del cierre del gobierno, han comenzado a aparecer fisuras en ambos partidos políticos. Algunos demócratas rompieron filas y se unieron a los senadores republicanos para sacar adelante un acuerdo que varios expertos tildaron de frágil.
A principios de diciembre, el Senado votará una ley para ampliar los créditos fiscales para las primas del seguro médico contemplados en la la Affordable Care Act (Ley de asistencia sanitaria asequible, conocida como Obamacare). Aunque se prevé que dichos créditos expiren a finales de año, hasta ahora la Cámara de Representantes no ha asumido ningún compromiso comparable. La prórroga de Obamacare se debatirá en la Cámara antes de que, con toda probabilidad, el presidente Trump la rubrique para convertirla en ley.
Al margen de los prolongados rifirrafes políticos, la confianza de los inversores en el sector tecnológico pareció sufrir un importante varapalo. Los decepcionantes resultados, los factores técnicos del mercado y las dudas en torno a la sostenibilidad del avance de los índices de renta variable y de la vertiginosa subida de un pequeño número de compañías (tecnológicas) pusieron a prueba la confianza de los mercados. El nerviosismo provocó una caída del 3,2% en el índice de las siete magníficas.
Cabe esperar que la preocupación por la concentración del mercado siga estando presente en los procesos decisorios a medida que los inversores se acerquen al final del año.

Próximos pasos
Una cuestión fundamental es la falta de visibilidad sobre las perspectivas de la economía estadounidense, ante la ausencia de estadísticas relevantes a causa del cierre del gobierno, un asunto que también ha comenzado a suscitar inquietud en los mercados.
Una vez finalizado el cierre, la publicación de datos debería reanudarse, aunque sea de forma gradual. Por otro lado, el fin del cierre del gobierno permitirá la reanudación, también gradual, del tráfico aéreo (en un momento muy oportuno antes de la festividad de Acción de Gracias), así como la financiación de la ayuda alimentaria (a través del Programa Suplementario de Asistencia Nutricional). El acuerdo del Senado también protege a los empleados federales, al revocar todos los despidos relacionados con el cierre y garantizar que todos reciban los salarios adeudados durante el cierre de los servicios públicos, con la excepción de los esenciales.
¿Todo esto tendrá alguna consecuencia más duradera? A finales de octubre, la Oficina de Presupuestos del Congreso publicó un análisis de los efectos del cierre del gobierno sobre la economía, en el cual se señalaba que esta anomalía, según cuánto durase, reduciría el crecimiento anualizado del PIB real del cuarto trimestre entre 1,0 y 2,0 puntos porcentuales. La mayor parte del descenso del PIB real debería recuperarse con el tiempo.
Superado ya el cierre del gobierno, cabe esperar que se disipen todas las dudas para los economistas y se reanude la publicación de los indicadores importantes, en materia de empleo, ventas minoristas, crecimiento del PIB, comercio, inflación, etc.
El informe de empleo correspondiente al mes de septiembre mostrará el primer indicador importante, pero aún no se sabe cuándo se publicará el de octubre. En cuanto a la inflación, los índices podrían ser inexactos, ya que no pudo recabarse información sobre los precios durante el cierre del gobierno.
Aunque los mercados aguardan con impaciencia la publicación de estos indicadores, los inversores podrían reaccionar de distintas formas: falta de interés por las cifras de hace meses, nueva preocupación por datos decepcionantes o alivio si las cifras confirman la hipótesis predominante de que la economía estadounidense mantiene su solidez. Por otra parte, las buenas noticias podrían interpretarse como malas, ya que afectan a las expectativas sobre las medidas de política monetaria.
Datos alternativos: ¿alguna pista?
En las últimas semanas, los economistas habían buscado «datos alternativos» para intentar evaluar la situación del mercado laboral. La última encuesta de empleo privado elaborada por ADP resultó alentadora, ya que reflejó una creación neta de 42.000 puestos de trabajo en octubre, tras dos meses consecutivos de destrucción neta de empleo (-31.000 en total).
Estas cifras, sin embargo, no ponen en duda la reciente desaceleración del ritmo de creación de empleo. En la primera mitad del año, el sector privado creó una media de 80.000 puestos de trabajo al mes, una cifra que, entre julio y octubre, se redujo a solo 28.000.

Otra encuesta atrajo también la atención de los mercados: el informe Challenger sobre el número de despidos anunciados por las empresas reveló que este año (de enero a octubre) podrían perderse más de un millón de puestos de trabajo.
Por el momento, estos y otros indicadores alternativos solo nos permiten concluir que las empresas se muestran reacias a contratar, lo que afecta a la demanda de empleo, un aspecto que la Reserva Federal considera fundamental a la hora de evaluar la situación de la economía.
Por otro lado, los análisis han comenzado a mostrar una cierta divergencia en el seno del comité de política monetaria de la Reserva Federal. En opinión de algunos de sus miembros, el ritmo mensual de 30.000 puestos de trabajo netos creados es ahora suficiente para estabilizar la tasa de desempleo, debido a los cambios efectuados, concretamente en política migratoria. Otros siguen preocupados a este respecto.
Christopher Waller, miembro del comité y candidato a sustituir a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal el próximo mes de mayo, ha expresado su preocupación. En su opinión, los tipos de interés deben recortarse con carácter preventivo para evitar un deterioro brusco del empleo: «Dado que no sabemos qué rumbo tomarán los datos en este conflicto, debemos actuar con cautela a la hora de ajustar el tipo oficial para asegurarnos de no cometer un error que implique un ajuste posterior muy costoso».
De hecho, suele haber giros repentinos en el empleo, lo que plantea dificultades a los bancos centrales. Aunque es probable que la Reserva Federal se decante por el componente de «máximo empleo» de su doble mandato en los próximos meses, un grupo del comité se niega a enviar un mensaje que apunte a una orientación abiertamente expansiva de la política monetaria, lo que induce confusión en los inversores sobre qué medidas se tomarán en el ciclo de recortes de tipos.
Datos dispares en las encuestas
Durante el cierre del gobierno, las asociaciones profesionales y los institutos empresariales privados continuaron realizando encuestas sobre el nivel de confianza de los hogares y las empresas estadounidenses.¿Qué conclusiones podemos extraer de ellas?
La caída del índice manufacturero del Institute for Supply Management (ISM) correspondiente al mes de octubre (de 49,1 a 48,7) se vio contrarrestada por una mayor actividad en el sector servicios (de 50 a 52,4, el nivel más alto desde febrero).
La confianza de las pequeñas empresas, según la encuesta de la Federación Nacional de Empresas Independientes, cayó ligeramente en octubre; el índice acabó situándose algo por encima de su media a largo plazo. Aunque hubo menos empresarios que afirmaron tener dudas sobre la expansión, el nivel de incertidumbre sigue siendo alto. El final del cierre del gobierno podría resultar bastante útil en este sentido.

El indicador de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan se estancó en noviembre, registrando su cuarta caída consecutiva hasta alcanzar su nivel más bajo en tres años. A las familias les preocupa su situación económica y las perspectivas de la actividad empresarial. En lo que respecta a la inflación, sus expectativas son dispares. Aunque se han reducido desde los máximos alcanzados en abril, siguen siendo altas y, según otras encuestas, están aumentando.
Varios responsables de política monetaria de la Reserva Federal han indicado que sí tienen en cuenta las expectativas de inflación de las familias.
Cuestión de política
Además del cierre del gobierno, los inversores estuvieron atentos al desarrollo de la primera vista del Tribunal Supremo respecto al uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional por parte del presidente Trump para imponer impuestos adicionales a los productos importados a Estados Unidos. La ley permite al presidente «hacer frente a cualquier amenaza inusual y extraordinaria» y «regular» las importaciones de productos extranjeros, pero no menciona cambios en los derechos de aduana.
El Tribunal Supremo se ha mostrado escéptico y considera que los aranceles a la importación pueden considerarse impuestos a los consumidores estadounidenses, aun cuando su imposición es «una competencia central del Congreso», según el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts.
Si los aranceles se declarasen ilegales, surgirían muchos interrogantes: para empezar, los importadores estadounidenses podrían reclamar reembolsos al gobierno (lo que agravaría el déficit presupuestario).
Si algo hemos aprendido de los últimos acontecimientos es que la política comercial es una prioridad en la agenda del presidente Trump, especialmente como fuente de financiación para los recortes fiscales. Continuará…
Eurozona: más que brotes verdes
Los índices de gestión de compras correspondientes al mes de octubre han confirmado la reciente tendencia favorable del índice compuesto al situarse en 52,5, su nivel más alto desde mayo de 2023. Por otra parte, los pedidos se encuentran en máximos no vistos en dos años y medio.
Sin embargo, el indicador alemán de sentimiento económico ZEW cayó en noviembre. ¿Refleja dicha caída su percepción de la actividad real, o es más bien un reflejo de las tendencias más recientes en los mercados financieros?
Los datos sobre comercio exterior se han mostrado especialmente alentadores: tras contraerse en agosto, la exportación repuntó en septiembre en las principales economías y contribuyó al comercio intracomunitario. Esto podría impulsar una mejora de la demanda interna, tras el deterioro sufrido por el consumo privado en las principales economías de la eurozona en el tercer trimestre.
Ante la previsión de una menor incertidumbre comercial en 2026 y unos amplios programas fiscales que impulsarán la actividad, nuestro escenario central apunta a un mayor crecimiento económico en la eurozona.