Semanal de mercados: un paso atrás

La renta variable logró recuperar terreno la semana pasada gracias a los sólidos resultados registrados por las grandes tecnológicas estadounidenses. La estabilización de los rendimientos de la deuda, especialmente en el tramo corto de las curvas de tipos, podría haber contribuido a esta subida. Las expectativas del mercado apuntan a que el primer recorte de tipos de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos se retrasará tras la publicación de unos datos de inflación superiores a lo esperado, pero no se ha descartado que dicho recorte se produzca en los próximos meses.

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Nuevos datos de inflación en Estados Unidos

La atención de los inversores se centró en los datos más recientes del índice de precios en consumo personal (PCE), sobre todo en el indicador subyacente, que excluye los precios de los alimentos y de la energía, pero esta vez en términos trimestrales. En el primer trimestre del año, el índice subió un 3,7% en términos anualizados, frente a la previsión de consenso, que apuntaba el 3,4%, lo que parece indicar un fuerte repunte de la inflación en el mes de marzo.

Sin embargo, la tasa mensual del PCE resultó algo tranquilizadora. Los datos mostraron que las cifras se habían revisado al alza en enero (0,5%) y febrero (0,27%), por lo que la variación en marzo fue «solo» del 0,32%.

En términos interanuales, este indicador de inflación, que es el más utilizado por la Reserva Federal, cayó ligeramente del 2,84% al 2,82%. Sin embargo, para que se acabe materializando la previsión de la Reserva Federal, que apunta a una tasa del 2,6% en el cuarto trimestre de 2024, las ganancias mensuales han de ser inferiores al 0,2% hasta final de año. Además, la inflación supersubyacente, que excluye también los precios de la vivienda, subió del 3,43% registrado en febrero al 3,5% en marzo.

¿Debería preocuparnos esta situación? 

El avance hacia la ralentización de la inflación ha sido bastante decepcionante en lo que llevamos de año, pero no parece haber ninguna duda sobre la tendencia de desaceleración.

Sin embargo, según el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, es probable que los miembros del Comité de Mercado Abierto necesiten más tiempo para estar seguros de que la inflación volverá al objetivo del 2%. Por lo tanto, se cuestiona la disposición de la entidad de comenzar a tomar medidas ya este verano. Ello podría hacer que disminuyeran las expectativas de recortes de tipos de interés en Estados Unidos, lo que tendría consecuencias para los mercados de renta fija y los activos de riesgo.

En la última semana de abril, de cara a la decisión sobre política monetaria estadounidense que tomará la entidad el 1 de mayo, la renta variable logró recuperar algo de terreno gracias a los favorables resultados de las grandes tecnológicas de Estados Unidos y a la estabilidad de los rendimientos de la deuda (tras el fuerte aumento registrado desde el 10 de abril). Los rendimientos llegaron a disminuir en el tramo corto de la curva.

Por lo tanto, podría decirse que el escenario de aterrizaje suave de la economía y de flexibilización regular de la política monetaria que se reflejó en los resultados registrados por los activos de riesgo durante el primer trimestre ha sufrido un notable retroceso. No obstante, en nuestra opinión, el aumento de la inflación subyacente en las economías desarrolladas no es una tendencia nueva, y pensamos que la inflación podría ir ralentizándose de manera gradual en los próximos meses.

Por lo tanto, los recortes de tipos de interés siguen siendo probables. El ciclo de recortes de tipos ya ha empezado. En marzo, se aprobó un recorte de tipos en Suiza, y el Banco Central Europeo parece dispuesto a iniciar los recortes en el mes de junio, aun cuando el calendario de la Reserva Federal podría necesitar un cierto ajuste que tenga en cuenta las elecciones estadounidenses que se celebrarán en noviembre.

El crecimiento de la economía estadounidense sigue siendo sólido, pero…

La primera estimación sobre el crecimiento del PIB correspondiente al primer trimestre (un 1,6% anualizado) resultó decepcionante: las expectativas de consenso habían apuntado al 2,5%, mientras que la estimación de crecimiento de la Reserva Federal de Atlanta (GDPNow) había sido el 2,7%.

Sin embargo, los datos correspondientes a los componentes del PIB fueron favorables: el consumo privado creció un 2,5%, la inversión empresarial lo hizo en un 2,9% y la contribución de los inventarios y de las exportaciones netas fue negativa (-0,35 y -0,86 puntos básicos respectivamente). La solidez de las importaciones explica estos últimos resultados y muestra la fortaleza de la demanda interna en el primer trimestre.

La mejora registrada en los últimos meses por el mercado de la vivienda y la actividad de la construcción se reflejó en la balanza nacional con un aumento del 13,9% de la inversión residencial, tras dos años de contracción.

La demanda privada final creció un 3,1%, tras haberlo hecho en un 3,3% en el cuarto trimestre. El consumo personal ajustado por inflación subió un 0,5% en marzo, tras el 0,5% de febrero y el -0,3% de enero, lo que pone de manifiesto el fuerte impulso de finales del trimestre que ya habíamos visto en los datos relativos a las ventas minoristas publicados en días previos del mes de marzo.

Sin embargo, los indicadores adelantados basados en los datos de la encuestas de gestión de compras mostraron una ralentización de la actividad en abril en Estados Unidos, y especialmente una fuerte caída del empleo en el sector servicios, que cayó de 51,1 a 47,3. Se trata del nivel más bajo registrado tras la pandemia. La confianza de los consumidores también cayó en abril.

En este contexto, parece probable que se produzcan uno o dos recortes de tipos de interés en 2024, aunque tanto los mercados como los profesionales han retrasado las expectativas del mercado sobre el primer recorte de tipos por parte de la Reserva Federal. 

Daños colaterales: el yen

El ajuste de las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal y del Banco de Japón ha afectado al mercado de divisas. El dólar estadounidense se revalorizó tras reducirse las expectativas sobre el inicio de los recortes de tipos por parte de la Reserva Federal en el mes de junio, lo que situó el tipo de cambio USD/JPY por encima de 155 (151,35 a finales de marzo). Se trata del nivel más alto desde junio de 1990.

La caída del yen llevó al Secretario del Tesoro estadounidense y a los ministros de finanzas de Japón y Corea del Sur a emitir una declaración conjunta en la que expresaban su «gran preocupación» por la fuerte depreciación registrada por las divisas japonesa y coreana, así como su compromiso para seguir de cerca la evolución del mercado de divisas.

A pesar de que las últimas declaraciones del Banco de Japón parecían apuntar a un endurecimiento de su política monetaria, la falta de una orientación clara sobre una futura subida de tipos de interés en el país afectó al yen. El tipo de cambio USD/JPY se situó por encima de 158, lo que supone el nivel más bajo del yen frente al dólar desde abril de 1990.

Este nivel del yen aumenta la probabilidad de intervención en el mercado de divisas. El 29 de abril, el tipo de cambio USD/JPY se situó por encima de 160 antes de volver a caer con fuerza a 155. Continuará…

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