El contexto geopolítico dio a los inversores un breve respiro a finales de diciembre. Sin embargo, 2026 empezó con fuerza, con la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Todo apunta a que el gobierno de Donald Trump continuará reconfigurando el orden mundial.
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La reacción del mercado a la noticia ha sido mayoritariamente positiva. La cotización de las grandes petroleras estadounidense ha subido, y la deuda pública venezolana ha registrado también un fuerte repunte. Los precios del petróleo al contado y los futuros del petróleo han mostrado una notable volatilidad: los riesgos geopolíticos y de interrupción del suministro a corto plazo contrarrestaron las expectativas del mercado que apuntaban a un aumento de la oferta de crudo, que podría acabar materializándose como resultado de la inversión estadounidense en el sector (véase el gráfico 1).
Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, pero su producción ha sido relativamente limitada. Hace veinte años, la producción alcanzó un nivel máximo de tres millones de barriles al día; en la actualidad, la cifra no llega al millón de barriles. El regreso al nivel anterior, que, en cualquier caso, se produciría de forma gradual, supondría solo un aumento del 2% en la producción mundial total de petróleo.

Datos económicos
Es posible que a los inversores les hayan resultado más relevantes los numerosos datos que hemos conocido recientemente sobre la economía estadounidense, sobre todo en materia de PIB, inflación y empleo. La publicación de los datos ha ido normalizándose tras la pausa provocada por el cierre del gobierno.
Frente a las previsiones de estanflación que se realizaron tras el anuncio de aranceles en el conocido como Día de la Liberación, el crecimiento de la economía estadounidense se ha acelerado y la inflación ha caído tras un repunte inicial.
El PIB aumentó un 4,3% en el tercer trimestre en términos ajustados por inflación (tasa anual con ajuste estacional). El factor que ha impulsado en mayor medida el crecimiento ha sido la demanda de los consumidores, de nuevo en contra de las previsiones de los analistas, que anticiparon una fuerte caída como consecuencia de los aranceles sobre los bienes importados. Los datos de ventas minoristas correspondientes al mes de octubre y los indicadores de la temporada de compras navideñas apuntan a un mantenimiento del consumo.
El segundo factor que más ha contribuido al crecimiento han sido las exportaciones netas, algo previsible, dado el notable aumento de los aranceles a la importación. De hecho, las importaciones cayeron solo un 2% con respecto al mismo trimestre del año anterior, mientras que las exportaciones aumentaron un 4%, impulsadas por el debilitamiento del dólar.
A la espera de indicios de relocalización de la actividad manufacturera estadounidense
En lo que respecta al PIB, la contribución de la inversión empresarial al crecimiento resultó algo decepcionante, ya que aportó solo un 0,4%, frente a la media del 1,1% de los dos primeros trimestres de 2025. Este dato podría ser preocupante, ya que las previsiones de crecimiento de la economía estadounidense se basan en la continuación de la inversión relacionada con la inteligencia artificial por parte de las empresas.
Sin embargo, si lo analizamos bien, vemos que la inversión en inteligencia artificial ha mantenido su solidez. La debilidad de la cifra total de inversión empresarial se debió a la desinversión en el sector manufacturero (véase el gráfico 2). Ello concuerda con los datos del índice manufacturero del ISM, que se situó por debajo de 50, lo que indica contracción.
La media del ISM para el cuarto trimestre fue algo peor. Aunque este no era el resultado esperado por el gobierno de Donald Trump, lo más probable es que el impulso a la producción nacional derivado de los aranceles a la importación aún tarde un tiempo en materializarse: una fábrica de automóviles no se construye de la noche a la mañana.

Una pausa en la inflación estadounidense
Mientras que el crecimiento del PIB superó las expectativas del mercado, la inflación fue inferior a lo esperado. Los aumentos de precios que siguieron a la imposición de aranceles no fueron tan elevados como se temía: la inflación general alcanzó un nivel máximo del 3% y ha descendido en los dos últimos meses. La inflación subyacente de los bienes se ha mostrado especialmente contenida.
No obstante, tampoco es conveniente echar las campanas al vuelo, ya que el cierre del gobierno estadounidense ha podido distorsionar los datos. Lo más probable es que los datos futuros muestren una aceleración de la inflación.
La última tanda de datos económicos importantes del año fue la relativa a la evolución del mercado laboral estadounidense en el mes de noviembre (los datos de diciembre se publicarán el 9 de enero). Las cifras pusieron de manifiesto una dependencia poco saludable de la contratación en el sector sanitario, una tendencia que se viene observando desde hace un par de años.
Durante el mes se crearon 69.000 nuevos puestos de trabajo no agrícola, de los cuales 64.000 correspondieron al sector de la salud y la asistencia social, que representa únicamente el 16% del empleo.
Las perspectivas de empleo se ven empañadas por dos fuerzas contrapuestas: la inteligencia artificial y las políticas migratorias. Se espera que la nueva tecnología frene la contratación, y que incluso provoque pérdidas de puestos de trabajo, mientras que la deportación de inmigrantes podría obligar a las empresas a sustituir a los trabajadores que se marchen por empleados en situación regular. La evolución de estas dinámicas a lo largo del año influirá en gran medida en las decisiones de la Reserva Federal en materia de tipos de interés.
Repunte navideño y perspectivas de renta variable
Papá Noel no trajo un repunte navideño a los inversores: la mayoría de los índices cerraron el año por debajo de los máximos alcanzados en octubre y noviembre. Pero tampoco hay que enfadarse tanto, porque la rentabilidad anual, por no hablar de la obtenida tras los mínimos posteriores al Día de la Liberación, ha superado con creces el 10%.
Las perspectivas para 2026 son menos favorables para aquellos que han señalado que no es habitual que los mercados de renta variable registren ganancias durante cuatro años consecutivos. Aunque es cierto, se trata más de un dato estadístico que económico.
La rentabilidad del mercado de renta variable dependerá principalmente del crecimiento y, al menos por el momento, las perspectivas son positivas.
No obstante, lo más probable es que dicha rentabilidad sea inferior a la registrada en 2025, y sería una señal positiva que se redujera la brecha entre los índices de renta variable tecnológica y no tecnológica.
En cierto sentido, se trata de un requisito imprescindible para que el auge de la inteligencia artificial continúe. Las compañías tecnológicas están invirtiendo de forma masiva en inteligencia artificial, y deben recuperar dicha inversión vendiendo sus productos a las compañías no tecnológicas, que los utilizarán para aumentar sus ingresos o reducir sus costes. Si esto no ocurre, las previsiones de algunos analistas sobre un posible colapso de la inteligencia artificial podrían acabar siendo acertadas.