Las empresas tecnológicas han caído en las últimas semanas, pero no estamos solo ante un cambio de tendencia desfavorable al sector.
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Para algunos, las caídas que han registrado en las últimas semanas el índice estadounidense NASDAQ 100 y las empresas conocidas como las «siete magníficas» indican que la burbuja de la inteligencia artificial comienza a desinflarse. En nuestra opinión, se trata de una interpretación errónea. Es cierto que el índice NASDAQ ha caído un 8% desde el máximo registrado en julio[1] tras haber subido un 23% este año. Pero no es, ni mucho menos, el único mercado que ha caído. En China, Japón y Taiwán se han registrado caídas similares.
Recogida de beneficios tras las ganancias
No es casualidad que estos mercados también hayan registrado fuertes ganancias este año: China ha subido un 16%, Japón un 26% y Taiwán un 47%. Es decir, en nuestra opinión, las caídas del mercado se han debido más a una recogida de beneficios por parte de los inversores que a un cambio de actitud hacia el sector tecnológico.
Las principales beneficiarias de estos fondos recién liberados han sido las empresas de valor, especialmente las de pequeña capitalización o small-caps (véase el gráfico 1). Las ganancias no se han mantenido, a pesar de que otros mercados han continuado cayendo, pero este contexto pone de manifiesto la confianza de los inversores en la renta variable como clase de activo en la coyuntura económica actual.
Una de las razones que nos llevan a ser optimistas sobre las perspectivas del índice NASDAQ en los próximos meses es que las cifras de beneficios empresariales resultan alentadoras. Hasta ahora son 27 las empresas que han presentado sus resultados. Los beneficios han aumentado un 14% con respecto a los niveles registrados en el mismo trimestre del año pasado y han superado las previsiones en un 3%. Por el contrario, los beneficios de las empresas que conforman el índice Russell 2000 han caído un 18% en total, e incluso dichas cifras se sitúan un 2% por debajo de las previsiones (véase el gráfico 2).


El PIB estadounidense no es tan favorable como parece
No obstante, persiste la preocupación de los mercados sobre las perspectivas a medio plazo de la economía estadounidense. El crecimiento se ralentiza de manera inevitable, ya que la Reserva Federal mantiene los tipos en territorio restrictivo, y preocupa la posibilidad de que dicha ralentización acabe conduciendo a una recesión.
A juzgar por los últimos datos del PIB del segundo trimestre, el riesgo parece bajo. La economía creció un 2,8% en términos reales (ajustados por inflación), el doble que en el trimestre anterior y por encima de las expectativas de los analistas, que apuntaban a una tasa de crecimiento del 1,9%.
No obstante, estas cifras no son tan favorables como parecen. Si nos fijamos en los componentes que contribuyen a la tasa del 2,8%, llegamos a una conclusión más modesta.
Es cierto que el índice de gastos en consumo personal repuntó tras la debilidad registrada en el primer trimestre, pero la contribución del 1,6% se sitúa por debajo de la media. Este contexto también concuerda con la debilidad de las ventas minoristas y refleja las dificultades a las que se enfrentan los consumidores, especialmente los de rentas más bajas.
El aumento de las existencias, aunque contribuye al crecimiento del PIB, podría ser, de hecho, una mala señal, ya que indica que las empresas están fabricando bienes que luego no pueden vender, lo que genera un incremento de sus inventarios. Los niveles de existencias son volátiles, y el aumento reciente se produce tras haber registrado dos trimestres de caídas. Sin embargo, si vuelven a aumentar en el próximo trimestre, podríamos estar ante un nuevo indicio de ralentización de la economía.
La contribución negativa de las exportaciones netas refleja la fortaleza del dólar estadounidense, así como la relativa debilidad de la demanda mundial, especialmente en Europa y China.
El gasto empresarial se destina a la inteligencia artificial
El dato más alentador lo vemos en el aumento de la inversión empresarial. La inversión ha ido aumentando desde la aprobación de la Ley para la Reducción de la Inflación, que incentivó la inversión de las compañías estadounidenses en tecnologías relacionadas con el clima, infraestructuras y producción de semiconductores.
No obstante, la inversión más importante ha sido la relacionada con la inteligencia artificial. La mayor parte de este aumento del gasto empresarial ha ido destinada al software, los equipos de procesamiento de información y la labor de investigación y desarrollo, lo que podría impulsar los beneficios futuros del sector.

[1] Información a 27 de julio de 2024