En su reunión del pasado 20 de septiembre, la Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo sin cambios los tipos de interés de los fondos federales. Sin embargo, y de forma inesperada, la entidad continuó abogando por el endurecimiento de la política monetaria. El discurso del banco central provocó una fuerte venta generalizada en el mercado de deuda pública estadounidense. El rendimiento de los títulos del Tesoro a largo plazo subió hasta alcanzar los niveles más elevados en más de diez años, lo que también afectó al mercado de renta variable.
Aunque es posible que el fin de las subidas de tipos de interés esté cerca, no parece haber ningún indicio que apunte al cambio de tendencia de la política monetaria en Estados Unidos. Una serie de riesgos contrapuestos que afectan al crecimiento, la inflación y las perspectivas de política monetaria llevan a los bancos centrales a mantener la prudencia.

Una semana agitada para las autoridades monetarias
Durante la semana del 18 de septiembre se celebraron numerosas reuniones de los bancos centrales. Algunos subieron los tipos de interés, y otros los mantuvieron sin cambios, aunque sin rebajar el tono de endurecimiento monetario.
Tal y como se esperaba, la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón mantuvieron sus tipos de interés oficiales. Sin embargo, la última revisión de las previsiones económicas de la Reserva Federal (véase el gráfico 2) muestra una economía sólida. Se prevé que el crecimiento del PIB se mantenga en niveles próximos a la tendencia y no se espera un aumento cíclico de la tasa de desempleo hasta 2025. La previsión relativa al índice de gastos en consumo personal se revisó ligeramente al alza para 2025, desde el 2,2% anterior al 2,3%.
En este contexto, la Reserva Federal se plantea la posibilidad de volver a subir los tipos de interés en los próximos meses antes de anunciar dos recortes de tipos en 2024. No obstante, el presidente de la entidad, Jerome Powell, comentó que el Comité de Mercado Abierto actuará «con prudencia», lo que parece indicar que esta subida de tipos no está, ni mucho menos, asegurada.

Los bancos centrales de Noruega (Norges Bank) y Suecia (Riksbank) subieron los tipos de interés en 25 puntos básicos y continuaron mostrándose partidarios del endurecimiento monetario, confirmando así su estrategia de mantener unos tipos en niveles elevados durante más tiempo.
Un factor común que se observa en la postura de prudencia que adoptan los bancos centrales es el impacto del mercado laboral en las perspectivas de inflación. Por el momento, las tasas de desempleo aún no han aumentado tanto como para afectar a los salarios y ralentizar la inflación. Por el contrario, se siguen creando puestos de trabajo, aunque a un ritmo más lento. El crecimiento de los costes laborales unitarios sigue siendo elevado, superior al 4,0% interanual, sobre todo en Europa y el Reino Unido (véase el gráfico 3). Estos datos no son compatibles con el objetivo de inflación subyacente del 2% fijado por los bancos centrales.

Riesgos a corto plazo
El riesgo de un posible cierre del gobierno estadounidense el 1 de octubre también ha impulsado al alza el rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense. Moody’s, la última de las tres grandes agencias de calificación crediticia en dar a Estados Unidos una calificación AAA con perspectiva estable, advirtió de los efectos negativos del posible cierre. Otra de las principales agencias de calificación, Fitch Ratings, rebajó el pasado verano la calificación crediticia de Estados Unidos ante la posibilidad de un posible impago del gobierno en el contexto de riesgo provocado por el techo de la deuda.
La autoridad legal del gobierno estadounidense en materia de gasto fiscal, incluidos gran parte de sus gastos operativos, vence el 30 de septiembre. Si no se amplía el techo de la deuda, el gobierno se verá obligado a cerrar. Cuanto más dure el cierre del gobierno, mayor será el impacto en la economía y, posiblemente, en la calificación crediticia del país. A su vez, cuanto mayor sea el impacto sobre el crecimiento económico y la solvencia, más posibilidades hay de que se vean afectados, al menos a corto plazo, los activos estadounidenses, incluido el dólar.
Este riesgo preocupa especialmente a los mercados por dos razones:
- A la mayoría republicana de la Cámara de Representantes le resulta complicado llegar a un consenso sobre cómo y dónde asignar el gasto fiscal
- Lo más probable es que la decisión que se alcance difiera notablemente del consenso bipartidista del Senado
Si el cierre del gobierno se prolongara en el tiempo, los mercados podrían descontar una tendencia de menor crecimiento de la economía y aumentaría la incertidumbre en torno a la trayectoria de política monetaria de la Reserva Federal en un contexto de persistencia de las presiones inflacionistas.
Por otro lado, la moratoria de tres años de los préstamos estudiantiles también finaliza el 1 de octubre, y su ampliación quedó prohibida en la ley sobre el techo de la deuda aprobada por la Cámara de Representantes. La reanudación de los pagos de los préstamos aumentará la carga financiera sobre los consumidores, cuya confianza ha ido cayendo desde julio (véase el gráfico 4); en el mes de septiembre, el índice de confianza del consumidor del Conference Board cayó en 5,7 puntos hasta los 103.

Si pensamos en lo que ha ocurrido en otras ocasiones, existe la idea generalizada de que el cierre del gobierno acabará evitándose en el último momento. Sin embargo, el riesgo de cierre recuerda a los inversores la confluencia de varios factores que pueden afectar al crecimiento. Si a ello le unimos el impacto del endurecimiento de la política monetaria sobre el crecimiento, todo este contexto refuerza nuestra preferencia actual por la renta fija frente a la renta variable.
Otro riesgo es el posible impacto de la huelga del sindicato estadounidense de los trabajadores del automóvil (United Auto Workers), que se ha extendido ya a 38 centros de 20 estados en las plantas de General Motors y Stellantis. La huelga ha vuelto a centrar la atención en el proceso de negociación salarial y, por tanto, en las presiones inflacionistas.
Si la huelga se prolonga o incorpora a más trabajadores, la inflación podría verse afectada. Los inventarios de automóviles son mucho más escasos que en huelgas anteriores, por lo que una prolongación de la huelga presionaría al alza los precios de los automóviles. Las presiones sobre los precios se habían suavizado recientemente, contribuyendo a ralentizar la inflación e impulsando las expectativas del mercado ante el posible fin del ciclo de subidas de tipos de interés.
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