En solo dos semanas, las expectativas del mercado en relación con la flexibilización de la política monetaria han cambiado de forma notable. Prácticamente se han descartado dos recortes de tipos de interés de 25 puntos básicos por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). La deuda pública se ha visto afectada por este cambio, pero los activos de riesgo pasan por un buen momento gracias a la solidez de los fundamentales corporativos.
Tras la reunión celebrada a mediados de diciembre por el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal se produjo una cierta euforia en los mercados, ya que los inversores comenzaron a percibir un inminente cambio de tendencia de la Reserva Federal hacia la flexibilización monetaria. Fue bonito mientras duró, pero en febrero la visión del mercado había cambiado por completo (véase el gráfico 1). El inicio de los recortes de tipos se ha retrasado.
Las expectativas del mercado con respecto al número de recortes en 2024 están ya más en línea con las previsiones de los economistas y con las de la propia Reserva Federal.

Aún se esperan recortes de tipos de interés, pero en una fecha posterior y no tan acusados como se preveía. Desde la reunión celebrada por el Comité de Mercado Abierto los días 30 y 31 de enero, la Reserva Federal se ha mostrado firme en sus declaraciones: no aprobará recortes de tipos hasta que no haya una mayor confianza en que la inflación está avanzando de manera sostenible hacia el objetivo del 2%.
¿Podría volver a aumentar la inflación?
Los datos correspondientes a los índices de precios al consumo y precios industriales que se publicaron la semana pasada influyeron en gran medida en el cambio que registró la confianza de los inversores. La aceleración de la inflación subyacente intermensual del 3,3% registrado en diciembre (media de los últimos tres meses) al 4,0% de enero no era lo que el mercado esperaba. No obstante, lo más probable es que la inflación continúe disminuyendo a lo largo del año, si bien a un ritmo más lento que en 2023.

El próximo 29 de febrero se publicarán los datos correspondientes al indicador de inflación preferido de la Reserva Federal, el índice de gastos en consumo personal (PCE), excluidos los precios de los alimentos y la energía. Lo más probable es que también muestre un aumento de la inflación en el mes de enero. Según las previsiones de consenso de Bloomberg a 21 de febrero, se prevé un aumento del 5% (anualizado) del PCE en enero frente a las cifras registradas en diciembre, el doble que el mes anterior.
La percepción de inflación de los consumidores
Según la encuesta sobre las expectativas de los consumidores realizada en febrero por la Reserva Federal de Nueva York, las perspectivas de los ciudadanos sobre la inflación en los próximos uno y tres años han vuelto a niveles normales (véase el gráfico 3). Sin embargo, está por ver si los últimos datos de inflación cambian dicha percepción.

La percepción de inflación desempeña una labor fundamental en el planteamiento de los bancos centrales.
El Banco de Canadá ha expresado recientemente su preocupación por las expectativas de inflación de la vivienda, señalando que la caída de las expectativas de inflación a corto plazo se ha ralentizado y que dichas expectativas se mantienen en niveles elevados. La entidad afirmó que esta situación podría reflejar la reciente experiencia de los consumidores con la inflación, sobre todo en lo que se refiere al continuo e importante aumento de los precios de los alimentos y de los costes de la vivienda. En su opinión, los consumidores necesitaban que la inflación continuara bajando para que las expectativas disminuyeran.
En su primer Boletín Económico de 2024, el BCE señaló que la encuesta de expectativas de los consumidores del mes de diciembre mostraba muy claramente la percepción de ralentización de la inflación pasada:
«En lo que respecta a la percepción sobre la inflación pasada, no refleja la caída registrada por el índice armonizado de precios de consumo entre junio y octubre de 2023. Sin embargo, dicha percepción cayó de manera notable a partir de octubre de 2023; la mediana disminuyó del 8,0% registrado en septiembre al 6,2% de diciembre».
Los resultados correspondientes a la encuesta de expectativas de los consumidores del mes de enero se conocerán el 23 de febrero. Será importante comprobar si esta tendencia continúa.
¿Inflación o crecimiento? Ambos son importantes
Las deliberaciones de la Reserva Federal en materia de tipos de interés dependen de dos variables: inflación y actividad económica.
Recientemente, las declaraciones de la entidad se han centrado en la inflación, celebrando su ralentización, aunque sin llegar a cantar victoria aún.
Esa es probablemente la razón por la que las expectativas de política monetaria apenas han cambiado cuando los indicadores de la actividad económica en Estados Unidos han resultado decepcionantes, como ocurrió la semana pasada con las ventas minoristas. En enero, las cifras de ventas cayeron un 0,8% (mucho más de lo esperado) y las de noviembre y diciembre se revisaron también a la baja.
Lo más probable es que la debilidad del consumo minorista lleve a una revisión del consumo privado en el cuarto trimestre (el consumo privado es uno de los componentes principales del PIB). Una estimación anticipada del PIB mostró un aumento del consumo a una tasa anualizada del 2,8%. La próxima revisión tendrá lugar el 28 de febrero.
Dicho esto, la estimación de crecimiento del PIB de la Reserva Federal de Atlanta para el primer trimestre es del 2,9% según la última actualización del 16 de febrero, lo que continúa suponiendo un ritmo de crecimiento bastante sólido.
El panorama es muy diferente en la eurozona. El crecimiento es estancó en el cuarto trimestre, lo que ha comenzado a afectar al empleo. Por otro lado, los índices de confianza empresarial mejoraron en enero y febrero, lo que se debió en gran medida a las expectativas de recortes de tipos por parte del BCE.

El indicador de salarios negociados del BCE cayó del 4,7% interanual en el tercer trimestre al 4,5% en el cuarto, ofreciendo así argumentos tanto a los partidarios como a los detractores de los recortes de tipos: el crecimiento salarial sigue siendo elevado, pero ya no está en proceso de aceleración.
Tranquilos: los tipos de interés bajarán
Algunos observadores del mercado han señalado que las condiciones económicas de la eurozona justifican un ciclo de recortes rápido y agresivo por parte del BCE. Algunos gobernadores de la entidad han advertido recientemente sobre el riesgo de comenzar a recortar los tipos demasiado tarde y tener luego que ajustarlos, ya que unos recortes más agresivos podrían aumentar la volatilidad de los mercados financieros.
Sin embargo, en su comparecencia ante el Parlamento Europeo el pasado 15 de febrero, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló que lo último que quiere es que la entidad tome una decisión precipitada para que luego la inflación vuelva a subir y el banco central se vea obligado a tomar nuevas medidas. Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, también advirtió sobre el riesgo de que se produzcan efectos secundarios.
A pesar de la falta de sincronización entre los ciclos económicos de Europa y Estados Unidos, los ajustes en las expectativas de política monetaria del BCE se han producido principalmente en función de las declaraciones y los indicadores estadounidenses.
A pesar de las dudas al respecto (salvo en Japón, donde se mantiene la orientación ultraexpansiva de la política monetaria), la transición del ciclo de endurecimiento de 2022 y 2023 al ciclo de flexibilización en 2024 sigue su curso. La Reserva Federal, por su parte, considera que aún puede esperar antes de comenzar a recortar los tipos, dada la capacidad de resistencia que continúa mostrando el crecimiento de la economía estadounidense.
La incertidumbre resultante en los mercados financieros podría continuar a corto plazo y retrasar el inicio de una nueva tendencia alcista en los precios de la renta fija y la renta variable tras el repunte generalizado que registraron los mercados a finales de 2023.
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