Es probable que el recorte de tipos de interés de 50 puntos básicos anunciado por la Reserva Federal de Estados Unidos provoque un flujo de fondos desde activos considerados seguros, como los títulos del Tesoro estadounidense y los fondos del mercado monetario, a activos de mayor riesgo. Por su parte, también se prevé que la ralentización del crecimiento ejerza presiones desinflacionistas y favorezca un ciclo de recortes de tipos en todo el mundo. Este contexto respalda nuestras favorables perspectivas sobre la renta variable, el crédito europeo de grado de inversión y los metales preciosos.
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Normalización de la curva de tipos estadounidense
Es probable que, ante el reciente inicio de los recortes de tipos de interés en Estados Unidos, el dinero que los inversores mantienen actualmente en liquidez fluya hacia otros activos de mayor riesgo. Durante los dos años en los que la Reserva Federal estuvo subiendo los tipos de interés, muchos inversores favorecieron la inversión en fondos del mercado monetario, certificados de depósito y títulos del Tesoro estadounidense frente a la renta variable o el crédito. Ahora, a medida que los rendimientos van disminuyendo, es probable que reasignen parte de estos fondos a deuda corporativa o renta variable.
Las grandes compañías de crecimiento y aquellas que reparten dividendos podrían beneficiarse especialmente de esta tendencia. Los recortes de tipos también podrían favorecer a las small-caps: las empresas de pequeña capitalización suelen tener más deuda a tipo variable, por lo que son más sensibles que las compañías de mayor tamaño a los recortes de tipos de interés. La inversión de la curva de tipos limita su rentabilidad y afecta a sus perfiles de riesgo, pero la bajada de los tipos a corto plazo debería mejorar su situación financiera.
Desde principios de septiembre, el tramo entre los rendimientos de los títulos del Tesoro estadounidense a dos y diez años se ha ido normalizando, con lo que se ha puesto fin a dos años de inversión de la curva. Sin embargo, el tramo entre los rendimiento de los títulos a tres meses y diez años sigue siendo negativo (véase el gráfico 1).

Impacto de los recortes de tipos estadounidenses en Asia
Los recortes de tipos de interés en Estados Unidos deberían ofrecer un cierto alivio a la situación de liquidez del mercado asiático, ya que reducen la presión de la depreciación sobre las divisas de la región. Con una inflación más baja, las autoridades asiáticas están bien posicionadas para imitar los recortes de tipos de interés. Indonesia y Filipinas han seguido el ejemplo de la Reserva Federal y han recortado los tipos en 25 puntos básicos y los coeficientes de reservas de capital de los bancos en 250 puntos.
China se unió a la tendencia de flexibilización monetaria y, unos días después de la actuación de la Reserva Federal, anunció unas medidas de estímulo más ambiciosas de lo esperado para respaldar el débil crecimiento económico.
El paquete de medidas incluye recortes de los tipos de interés y de los coeficientes de reservas de capital, ayudas financieras a las pequeñas y medianas empresas, medidas de estímulo al mercado inmobiliario, inyecciones de capital a los bancos de titularidad estatal y la creación de un fondo y de un mecanismo de permuta financiera para ayudar a las instituciones financieras a comprar acciones.
Dos días más tarde, Pekín amplió el paquete de medidas con ayudas en efectivo a personas que se encontraran en situación de pobreza extrema con motivo de la Fiesta Nacional del 1 de octubre.
Los mercados de China y Hong Kong reaccionaron al anuncio con importantes repuntes. Las nuevas medidas de estímulo son una señal de que el gobierno es cada vez más consciente de la debilidad de la economía y los mercados.
Las recientes medidas de estímulo anunciadas en China no son la panacea
No obstante, aún está por ver si estas medidas suponen un punto de inflexión para el mercado chino. El paquete de medidas de estímulo no aborda de manera directa los problemas relacionados con la confianza de los consumidores y los inventarios del mercado inmobiliario.
Y lo que es más importante: no se han anunciado medidas de flexibilización fiscal. Las ayudas en efectivo entregadas a los consumidores no son lo suficientemente significativas como para generar un impacto macroeconómico. Este año únicamente se han presupuestado unos 150.000 millones de yuanes para aliviar la pobreza extrema (menos de cinco millones de personas entran en esa definición).
Tal y como nos enseñó Japón entre los años 2010 y 2012, las medidas destinadas a impulsar las compras de valores no tienen un efecto significativo sin una mejora de la situación macroeconómica. Durante estos años, el Banco de Japón compró fondos cotizados (ETF), pero ello no mejoró la confianza de los inversores.
China debe mantener sus medidas de flexibilización durante más tiempo para dar un vuelco a la confianza de los inversores y a la economía. Entre los indicadores a los que habrá que prestar especial atención están los programas de estímulo de los próximos tres meses, la estabilidad de los precios y las transacciones del mercado inmobiliario, la recuperación del consumo y de la inversión del sector privado y el impulso de crédito.
Incluso teniendo en cuenta las nuevas medidas de estímulo, resulta difícil imaginar un cambio de tendencia inmediato en la actividad económica, ya que el impacto de los cambios políticos tarda en materializarse.
Por lo tanto, lo más probable es que las presiones desinflacionistas se prolonguen al menos durante la primera mitad del próximo año. A finales del segundo trimestre de 2024, China había experimentado cinco trimestres de deflación (según el deflactor del PIB), marcando así el periodo más largo desde finales de la década de 1990 (véase el gráfico 2).
Ello ha afectado a los mercados de todo el mundo: la capacidad excedente subyacente de China hará que el país continúe exportando presiones desinflacionistas, sobre todo a sus socios comerciales de los mercados desarrollados.

La deflación de China podría estar contribuyendo a reducir la inflación subyacente en la eurozona y Estados Unidos. Aunque solo sea en una medida muy reducida, tiene su importancia, ya que el Banco Central Europeo y la Reserva Federal están tratando de exprimir las últimas décimas de un punto porcentual de inflación: la recta final de la etapa de reducción de las presiones inflacionistas es la más difícil de completar.
El BCE ha revisado recientemente al alza su previsión de inflación subyacente en un 0,1 punto porcentual para 2024-2025, ante los datos que apuntan a la persistente inflación del sector servicios. En Estados Unidos, la inflación subyacente según el índice de gastos en consumo personal a tres meses en términos anualizados se sitúa en torno al 1,9%. En este contexto, aunque la repercusión de la deflación china en la inflación subyacente de Estados Unidos y la eurozona es limitada, resulta relevante en cuanto aumenta la capacidad de los bancos centrales para recortar los tipos de interés.