Las consecuencias del resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en los mercados financieros dependerán de los cambios políticos que se pongan en marcha y de cómo reaccionen el resto de los países a dichos cambios. Si el presidente electo Donald Trump cumple sus promesas en materia de aranceles e inmigración, la inflación podría aumentar a corto plazo y dificultar el crecimiento a largo plazo. El dólar estadounidense, la política de la Reserva Federal y los mercados internacionales también se verían afectados.
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Primero, analicemos los últimos datos
Los últimos datos económicos han sido muy dispares.
El índice de gestión de compras del sector manufacturero elaborado por el Institute for Supply Management (ISM) ha puesto de manifiesto la debilidad del sector en Estados Unidos, con una caída de 47,2 puntos a 46,5. Por el contrario, el índice no manufacturero subió 1,1 puntos hasta situarse en 56.
La situación del mercado laboral estadounidense no está muy clara. Los datos de empleo se vieron alterados por el mal tiempo y las huelgas. En octubre se crearon oficialmente solo 12.000 puestos de trabajo, pero los datos ofrecidos por ADP apuntaron a un aumento de 233.000 empleos en empresas privadas durante el mismo periodo.
La economía estadounidense creció un 2,8% durante el tercer trimestre, un crecimiento notable, pero ligeramente inferior a las previsiones, que lo situaban en el 3,0%. El consumo mantuvo su solidez y pasó de un crecimiento del 2,8% al 3,7%, a pesar del aumento de la deuda y la morosidad de las tarjetas de crédito.
Las presiones sobre los precios continuaron moderándose. El índice del coste del empleo registró un aumento interanual del 3,9% en el tercer trimestre, inferior al 4,1% registrado en el trimestre anterior. El índice de gastos en consumo personal (PCE) cayó al 1,5%, y el PCE subyacente al 2,2%, lo que lo acercó al objetivo del 2% fijado por la Reserva Federal. La productividad no agrícola subió un 2,2%.
La moderación de la inflación y la ralentización del crecimiento se hicieron patentes en Europa. La economía de la eurozona creció un 0,9% en el tercer trimestre y la inflación cayó del 2,2% registrado en agosto al 1,7%. Es probable que, si excluimos el impulso puntual que supuso la celebración de los Juegos Olímpicos en septiembre, la ralentización del crecimiento haya sido aún más acusada.
Nuevas medidas de flexibilización fiscal en China
Por su parte, y de manera inesperada, la actividad económica ha mejorado en China. El crecimiento del PIB durante el tercer trimestre superó las expectativas del mercado al aumentar un 4,6% en términos interanuales, gracias al repunte de las ventas minoristas, la inversión y la producción industrial.
Estos incipientes indicios de estabilización económica se vieron reflejados en el índice de gestión de compras (PMI) del sector manufacturero del mes de octubre, que subió a 50,1 puntos, marcando así la primera subida desde abril de 2024 (véase el gráfico 1). El índice no manufacturero repuntó en septiembre de 50,0 a 50,2.

Sin embargo, la mejora no se dejó sentir en todos los sectores: la construcción y las transacciones inmobiliarias cayeron más del 10% en términos interanuales, aunque la tasa de contracción se ha ralentizado desde abril de 2024 (véase el gráfico 2).
En nuestra opinión, este contexto pone de manifiesto la necesidad de poner en marcha nuevas medidas de flexibilización fiscal para reactivar el impulso de crecimiento de la economía china.
El Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China del pasado 8 de noviembre no contempló ningún gasto fiscal concreto destinado a impulsar el crecimiento. El paquete de 10 billones de yuanes anunciado se destinó a un canje de deuda de los gobiernos locales a lo largo de los próximos cinco años.
Si bien el canje de deuda no estimula la demanda de manera directa, contribuirá a aliviar el exceso de deuda al que se enfrentan los gobiernos locales y, por tanto, a evitar que se agraven las actuales presiones desinflacionistas.

¿Debemos esperar nuevos recortes de tipos?
Los últimos datos señalan que las perspectivas de nuevos recortes de tipos de interés se mantienen intactas. Por el momento, el crecimiento de la economía mundial parece tener más factores a favor que en contra, lo que crea un contexto favorable para la renta variable global a pesar de la volatilidad que han registrado los mercados tras las elecciones estadounidenses.
De hecho, tal y como se esperaba, la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Riksbank sueco recortaron los tipos de interés en 25 puntos básicos en la segunda semana de noviembre.
Tras la reunión celebrada por el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal durante los días 6 y 7 de noviembre, el presidente de la entidad, Jerome Powell, manifestó su confianza en que la inflación continuaría moderándose en un contexto también de moderación del mercado laboral estadounidense. Señaló que la política monetaria se mantiene en territorio restrictivo, con unos tipos de interés en el 4,5%-4,75%, lo que podría sugerir un nuevo recorte de tipos de 25 puntos básicos por parte de la entidad en diciembre. Cabe señalar que Powell descartó completamente la posibilidad de que el presidente electo recortara su mandato como presidente de la Reserva Federal, que debería prolongarse hasta mayo de 2026.
Aranceles y más aranceles
De cara al futuro, uno de los riesgos macroeconómicos a los que podrían enfrentarse los mercados internacionales es la posibilidad de un aumento significativo de los aranceles a la importación en Estados Unidos, una promesa electoral que parece contar con el respaldo de ambos partidos.
Los aranceles tienden a tener un efecto inflacionista a corto plazo, durante su primer año de aplicación, pero acaban siendo deflacionistas.
El aumento de los aranceles sobre las importaciones existentes y el incremento de la proporción de importaciones sobre las que se impondrían aranceles reducirían el crecimiento de la economía estadounidense, ya que el efecto negativo de la reducción del consumo y la inversión superaría los beneficios financieros generados por el aumento de los aranceles. Este impacto negativo sobre el crecimiento se debería al aumento de la inflación.
Actualmente, en torno al 25% de las importaciones mundiales (excluida China) a Estados Unidos están sujetas a un tipo arancelario medio del 4%. Además, el 60% de las importaciones chinas están sujetas a un tipo medio del 17%.
La aplicación de las nuevas medidas supondría que el 100% de las importaciones, de todos los países salvo China, estarían sujetas a un tipo general del 10%, mientras que las procedentes de China soportarían un arancel del 60%.
Este escenario podría impulsar la inflación global a corto plazo y frenar el crecimiento a medio plazo de la economía mundial. Las economías más abiertas se verían más afectadas por los nuevos aranceles.
Por ejemplo, las pequeñas economías abiertas de Asia podrían verse especialmente afectadas, ya que importan principalmente bienes de equipo de Estados Unidos, bienes que son difíciles de conseguir en otros lugares.
Europa sufriría una subida generalizada de los aranceles del 10% debido a su exposición a las exportaciones tanto de Estados Unidos como de China. Alemania e Italia están más expuestas que Francia y España en ambos frentes.
Alemania presenta una mayor exposición a las exportaciones a China que otros países de la eurozona, por lo que podría verse más afectada si los aranceles debilitaran la economía china.
Posibles escenarios
Al igual que la subida de los precios del petróleo, los aranceles pueden considerarse una perturbación de la oferta.
Una guerra de aranceles a escala mundial podría impulsar aún más el valor del dólar estadounidense, lo que perjudicaría a las exportaciones de Estados Unidos. Otros países podrían reaccionar devaluando sus divisas para defenderse del daño que los aranceles provocan en sus exportaciones.
En igualdad de condiciones, ello podría provocar que la Reserva Federal recortara los tipos de interés con mayor rapidez o de manera más acusada para contrarrestar las presiones deflacionistas que provocaría la fortaleza del dólar, lo que favorecería a la renta fija.
Por el contrario, un aumento a corto plazo de la inflación provocado por los aranceles podría llevar a la Reserva Federal a retrasar los futuros recortes de tipos. De hecho, desde las elecciones, los mercados han reducido sus expectativas de recortes de tipos de interés.
Si la Reserva Federal ve más allá del impacto inflacionista transitorio, podría reanudar los recortes siempre que las expectativas de inflación se mantengan ancladas y el crecimiento del PIB se ralentice. En este caso, tanto la renta fija como la renta variable se verían afectadas en un primer momento por la ralentización de la economía, pero comenzarían a recuperarse cuando se reanudara el ciclo de recortes de tipos.
Por último, si la inflación resultante acaba siendo más persistente de lo esperado, la economía podría entrar en estanflación, lo que supondría un desafío para las estrategias de inversión y las políticas macroeconómicas de los mercados internacionales.
| Escenario | Impacto | Reacción de la Reserva Federal | Reacción del mercado |
| Guerra de aranceles a escala mundial | Impulso del valor del dólar, freno a las exportaciones estadounidenses | Recortes de tipos más rápidos o acusados en Estados Unidos | Contexto favorable para la renta fija |
| Aumento a corto plazo de la inflación como consecuencia de los aranceles | Sin cambios en los tipos de interés | Interrupción de los recortes de tipos | Los mercados reducen las expectativas de recortes de tipos |
| Impacto inflacionista transitorio; ralentización del crecimiento del PIB | Los mercados ajustan las expectativas de recortes de tipos | Reanudación de los recortes de tipos tras el repunte de la inflación | Impacto inicial en renta fija y variable; recuperación con la reanudación del ciclo de recortes |
| La inflación resultante es más persistente de lo esperado | La economía entra en estanflación | Desafío para la política de la Reserva Federal | Desafío para las estrategias de inversión |