Semanal de mercados: previsión de recortes en el BCE, prudencia en la Reserva Federal

El primer recorte de tipos de interés anunciado en Estados Unidos el mes pasado no ha distraído a inversores y economistas. Al contrario: todas las declaraciones de los bancos centrales se analizan con lupa y pueden desencadenar una reacción de los mercados. Este mes, el Banco Central Europeo (BCE) pareció mostrarse partidario de nuevos recortes de tipos de interés, mientras que en Estados Unidos optan por un enfoque de prudencia al respecto.

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Menos inflación, más recortes de tipos

En la eurozona, el índice de precios al consumo cayó en septiembre más de lo esperado y se situó en el 1,7% en términos interanuales, gracias a la menor contribución de la energía. La inflación subyacente se situó en el 2,8% y la de los servicios en el 3,9%, desde el 4,1% del mes de agosto.

Es decir, seguimos estando ante una inflación elevada en términos absolutos. Esta persistencia de la inflación viene impulsada por el coste de los seguros, los paquetes vacacionales, la asistencia sanitaria y los alquileres, todos ellos componentes de la inflación del sector servicios.

La persistencia de la inflación de los servicios, un componente que está más directamente relacionado con la demanda interna y que, por tanto, podría reaccionar en mayor medida a los cambios en la política monetaria, no evitó que el BCE recortara por tercera vez los tipos de interés en 25 puntos básicos el pasado 17 de octubre, tal y como se esperaba.

Además, el banco central se mostró partidario de nuevos recortes de tipos. El ritmo de los recortes podría acelerarse y superar el recorte trimestral que suele caracterizar a los inicios de un ciclo de recortes de tipos de interés.

Aunque la presidenta del BCE, Christine Lagarde, declaró en una rueda de prensa que no había «abierto la puerta a nada», mencionó que los riesgos de inflación podrían estar tendiendo a la baja, «al menos en comparación con nuestras previsiones». Según Lagarde, no cabe duda de que el tipo de la facilidad de depósito, actualmente en el 3,25%, sigue estando en territorio restrictivo. 

Parece que los miembros del consejo del BCE, que esta vez sí que votaron unánimemente a favor de recortar los tipos, están ahora más atentos a la evolución futura de la inflación que a los últimos datos. Lagarde repitió en varias ocasiones que la entidad había tenido en cuenta los resultados de las encuestas sobre la futura evolución de la inflación.

Las desfavorables perspectivas de crecimiento en la eurozona (y con un segundo año de contracción del PIB a la vista en Alemania, según las previsiones del gobierno) podrían afectar a los precios y los salarios, lo que aumenta la probabilidad de que la inflación subyacente vuelva al objetivo del 2% fijado por el BCE de forma sostenible.

Al día siguiente de la última reunión de la entidad, las «fuentes» habituales señalaron que a algunos gobernadores del BCE les habría gustado que el banco central abandonara su compromiso de endurecimiento de la política monetaria. El gobernador del Banque de France señaló que «el riesgo de que la inflación quede por debajo del objetivo de forma duradera es ahora tan grande como el riesgo de que lo supere». Añadió que la inflación debería alcanzar su objetivo antes de lo previsto en 2025 y que aún veía lejana la recuperación de la economía europea.

¿Qué pasará con la política fiscal en 2025?

Se prevé una política fiscal más restrictiva en algunas de las principales economías europeas. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que «el ajuste fiscal desempeña un papel crucial en la contención de los riesgos de deuda».

En un artículo reciente, en el que se presentaba el último informe del Monitor Fiscal, el FMI señalaba que, en un contexto de moderación de la inflación y recortes de tipos de interés por parte de los bancos centrales, las economías están mejor posicionadas para absorber los efectos económicos del endurecimiento fiscal. Retrasar dicho endurecimiento sería costoso y arriesgado, ya que la magnitud de la corrección necesaria va aumentando con el tiempo. Además, la experiencia demuestra que unos niveles elevados de deuda y la ausencia de planes fiscales creíbles pueden provocar una reacción adversa en los mercados y limitar el margen de maniobra en caso de inestabilidad.

El análisis del FMI es aplicable a muchos países, incluido Estados Unidos. Hasta la fecha, solo algunas de las grandes economías europeas han tenido que reaccionar al deterioro de sus finanzas públicas, algo que parece menos probable en Estados Unidos.

De hecho, resulta preocupante que el nivel de la deuda federal estadounidense no haya sido objeto de debate en la campaña electoral.

Según las previsiones de junio de 2024 de la Oficina de Presupuestos del Congreso, la deuda federal (cercana al 100% en el ejercicio fiscal 2024, véase el gráfico 2) podría aumentar al 125% en 2033.

Además, la evaluación de las plataformas de campaña de los dos candidatos a la presidencia del país pone de manifiesto que la aplicación de las medidas propuestas por ambos aumentaría de manera significativa el nivel de deuda en comparación con las previsiones de la Oficina de Presupuestos. 

Dos mundos diferentes

A la hora de determinar su política monetaria, el BCE debe tener en cuenta las perspectivas de control de la inflación y ralentización del crecimiento, así como la orientación restrictiva de la política fiscal. Es posible que esta configuración esté favoreciendo el cambio hacia una postura más proclive a los recortes de tipos en las comunicaciones de la entidad.

Al otro lado del Atlántico, la inflación también parece estar avanzando hacia el objetivo del 2% en 2025, pero la Reserva Federal se enfrenta a un crecimiento aún dinámico. Tras las sólidas cifras de ventas minoristas registradas en septiembre, parece que el consumo personal se ha acelerado en el tercer trimestre, después de haber subido un 3% en términos anualizados en el segundo.

La previsión de crecimiento del PIB real en el tercer trimestre de la Reserva Federal de Atlanta, sobre la base de los datos existentes a 18 de octubre, es ahora del 3,4% anualizado, lo que garantizaría un efecto de arrastre del 2,7% sobre el crecimiento anual medio de 2025, tras el 2,5% de 2022 y el 2,9% de 2023.

Las declaraciones realizadas en los últimos días por la Reserva Federal han puesto de manifiesto la capacidad de resistencia de la economía estadounidense y la necesidad de prudencia en lo que respecta al ritmo de futuros recortes de tipos. Su principal objetivo era eliminar las expectativas de un nuevo recorte de 50 puntos básicos en la reunión del 7 de noviembre.

Cuando la presidenta de la Reserva Federal de San Francisco comentó recientemente que «en comparación con la historia reciente, la expansión actual es aún relativamente joven», dando a entender que es difícil imaginar una razón que pudiera provocar una recesión, ¿quería retrasar las expectativas de futuros recortes?

La incertidumbre política complica la ecuación que tiene que resolver la Reserva Federal. Como hemos mencionado, tenemos razones para pensar que la política fiscal no entrará en territorio restrictivo si el presidente elegido no tiene la mayoría en el Congreso.

La previsión de una bajada más rápida de tipos de interés en la eurozona que en Estados Unidos comienza a reflejarse en el mercado de divisas, tal y como demuestra la aceleración de la caída del tipo de cambio entre el euro y el dólar desde la última reunión del BCE.

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