Aunque puede establecerse un vínculo entre los recientes movimientos del mercado financiero y las maniobras políticas en materia comercial, el riesgo de crédito cobró protagonismo cuando dos bancos regionales estadounidenses anunciaron que habían sufrido pérdidas tras impagos en préstamos comerciales. La noticia evocó la situación vivida en la primavera de 2023 con la crisis bancaria estadounidense. Estos temores se disiparon rápidamente. ¿Será diferente esta vez?
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La renta variable global subió un 18,3% desde principios de año al 20 de octubre, y no son pocas las voces que apuntan a una próxima pausa o incluso a una corrección en los mercados.
El argumento de los que piensan que el repunte de los mercados no puede continuar al ritmo actual parece basarse principalmente en una interpretación algo simplista de los múltiplos de valoración o en el hecho de que son solo unas pocas compañías, las conocidas como «siete magníficas», las que están impulsando al alza las valoraciones.

Encuesta de la Asociación Estadounidense de Inversores Individuales sobre el sentimiento inversor
El hecho de que dicho repunte venga impulsado principalmente por un número reducido de compañías, que podría interpretarse como un signo de fragilidad, podría explicar por qué, a finales de septiembre, solo el 22% de los fondos de gestión activa superaban a su índice de referencia, un nivel notablemente bajo que solo hemos visto en tres ocasiones en los últimos 25 años.
Podría significar que algunos inversores aún no se han unido a la fiesta. A pesar del fuerte aumento que han registrado las valoraciones de algunas empresas, la sobreponderación en renta variable podría no estar tan saturada, lo que significa que los mercados de renta variable pueden ser más resistentes de lo que pensamos.
Aumento irregular de la renta variable en octubre
Los cambios registrados por el índice VIX, que indica la volatilidad implícita del índice de renta variable estadounidense S&P 500, son probablemente el mejor ejemplo del clima que se ha vivido en los mercados financieros en los últimos días ante las recientes noticias políticas y económicas.
El índice, que desde mediados de agosto marcaba en torno a 15 puntos, subió repentinamente por encima de 20 el pasado 10 de octubre.
El repentino aumento se produjo después de que las últimas declaraciones del presidente Donald Trump suscitaran la preocupación de los mercados por un posible aumento de las tensiones entre China y Estados Unidos. El Ministerio de Comercio chino había anunciado nuevos controles a la exportación de tecnologías relacionadas con la extracción y la producción de tierras raras.

El índice VIX volvió a subir el 16 de octubre, esta vez por encima de los 25 puntos, marcando su nivel más alto en seis meses, y lo hizo después de que dos bancos regionales estadounidenses revelaran ciertos problemas relacionados con préstamos morosos y fraudulentos. Ello evocó la crisis bancaria estadounidense que vivimos en la primavera de 2023, y suscitó la preocupación de los inversores por un posible efecto dominó en el mercado de crédito relacionado con la reciente quiebra de un importante fabricante de piezas de automóviles.
A pesar del nerviosismo, los inversores parecían (aún más) dispuestos a aferrarse a cualquier noticia positiva que se presentara, como la publicación de los resultados trimestrales de los principales bancos estadounidenses, la confirmación de una reunión entre los presidentes Trump y Xi Jinping y las conversaciones entre el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, para preparar las negociaciones comerciales ante la inminencia del plazo del 10 de noviembre para la imposición de aranceles.
¿Excesivo optimismo de los inversores?
En sus Perspectivas de la economía mundial publicadas el 14 de octubre, el Fondo Monetario Internacional revisó ligeramente al alza sus previsiones a corto plazo con respecto a las perspectivas publicadas en abril.
La entidad advirtió de que «se prevé una ralentización del crecimiento de la economía mundial, y las perspectivas de crecimiento siguen siendo débiles, mientras el mundo se ajusta a un entorno marcado por un aumento del proteccionismo y la fragmentación. Se espera que la inflación general siga disminuyendo en todo el mundo, pero en algunos países se mantiene por encima del nivel fijado como objetivo. Los riesgos para las perspectivas tienden a la baja. La prolongación de la incertidumbre y la escalada de medidas proteccionistas podrían debilitar aún más el crecimiento».
Los riesgos para la economía mundial resultan evidentes, pero lo cierto es que con una previsión de crecimiento del 3,2% para este año y del 3,1% en 2026, el FMI no menciona en ningún momento la recesión.
Por su parte, las recientes decisiones y declaraciones de los bancos centrales parecen descartar la puesta en marcha de políticas restrictivas en los próximos meses.
Se prevé que la Reserva Federal de Estados Unidos continúe con su ciclo de recortes de tipos de interés a pesar de la aceleración de la inflación que podría derivarse del aumento de los aranceles. La situación financiera de las empresas y las familias estadounidenses parece ser mucho mejor de la que tenían antes de recesiones previas, salvo la provocada por la pandemia de covid.
En este entorno, los factores microeconómicos siguen siendo favorables, tal y como muestran especialmente las cifras de beneficios empresariales que se han publicado en lo que va de año.
Confianza justificada y dudas legítimas
Pensamos que los mercados de renta variable no están sobrevalorados, sobre todo en lo que respecta a las compañías tecnológicas estadounidenses, que presentan un nivel elevado de rentabilidad y una sólida tendencia de beneficios. Sin embargo, este análisis se basa en un escenario de crecimiento que no se ralentiza antes de una recesión.
Mientras el crecimiento de la economía de la eurozona ha mostrado hasta ahora una solidez mayor a la esperada, con una previsión de aceleración en 2026, a lo que contribuye especialmente el paquete de medidas de estímulo puesto en marcha por el gobierno alemán, la trayectoria de la economía estadounidense parece estar vinculada a la evolución del mercado laboral.
El actual cierre del gobierno estadounidense continúa impidiendo la publicación de los datos de empleo correspondientes al mes de septiembre, así como de los relativos a las solicitudes semanales de subsidios por desempleo. La encuesta elaborada por ADP, publicada este mismo mes, reveló una caída neta del empleo en el sector privado en agosto y septiembre.
El Libro Beige, publicado antes de la próxima reunión de política monetaria de la Reserva Federal, señaló que «ha aumentado el número de empresas que han reducido su plantilla mediante despidos y bajas, que han justificado en una reducción de la demanda, una mayor incertidumbre económica y, en algunos casos, un incremento de la inversión en tecnologías de inteligencia artificial. Las compañías estadounidenses que anunciaron un aumento de la contratación destacaron en general una mejora en la disponibilidad de mano de obra, y algunos mostraron preferencia por contratar trabajadores temporales y a tiempo parcial».
Esta información cualitativa (no cuantitativa) parece confirmar el diagnóstico de un mercado laboral menos dinámico, en el que las empresas vuelven a tener el control.

La postura de la Reserva Federal, que en septiembre decidió centrarse en el objetivo de lograr un nivel sostenible de máximo empleo en el marco de su mandato dual, parece justificada a la luz de estas tendencias del mercado laboral, aun cuando el presidente de la entidad, Jerome Powell, señaló en un discurso ante la National Association of Business Economics el pasado 14 de octubre que «los datos disponibles antes del cierre de gobierno muestran que el crecimiento de la actividad económica podría seguir una trayectoria algo más sólida de lo esperado».
La estimación actualizada del crecimiento anualizado en el tercer trimestre de la Reserva Federal de Atlanta era del 3,9% a 16 de octubre (la primera actualización desde el día 3 del mismo mes), tras incorporar los ingresos fiscales publicados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
El cierre del gobierno en sí mismo no parece amenazar el crecimiento, pero sí que complica la labor de los analistas económicos, así como la de los responsables de política monetaria de la Reserva Federal cuando se reúnan a finales de octubre.
Noticias desde París
Pase lo que pase en el escenario político francés en las próximas semanas o meses, podemos estar seguros de una cosa: no habrá un cierre del gobierno al estilo estadounidense. La legislación francesa garantiza la continuidad de las funciones básicas del Estado hasta que se apruebe el presupuesto para 2026 en la Asamblea Nacional.
Ello permitirá al gobierno seguir recaudando impuestos y autorizará el endeudamiento público a través de la Agencia del Tesoro francés. La ley autoriza a cuatro organismos de la seguridad social a solicitar préstamos para mantener sus operaciones. El presupuesto para 2025 se aprobó el 6 de febrero.
El presupuesto para 2026 aún está en fase de preparación. Por el momento, el gobierno de Sébastien Lecornu ha logrado superar dos cuestiones de confianza en la Asamblea Nacional el 16 de octubre, y ha logrado presentar el proyecto de ley de finanzas (PLF, Projet de loi de finances) para 2026.
Sin embargo, justo después se comunicó que la agencia de calificación crediticia S&P había rebajado la calificación de la deuda soberana francesa de AA- a A+, con perspectiva estable. La revisión de la calificación estaba prevista para finales de noviembre. Moody’s, que le otorga actualmente una calificación de Aa3 con perspectiva estable, anunciará su decisión el 24 de octubre.
Por el momento, S&P señala que, «en ausencia de medidas adicionales significativas para reducir el déficit presupuestario, la consolidación fiscal a lo largo de nuestro horizonte de previsión será más lenta de lo previsto anteriormente».
Aun en el caso de que se alcance el objetivo de déficit público general del 5,4% del PIB para 2025, S&P prevé un déficit presupuestario del 5,3% en 2026 (frente al 4,7% que anticipa el gobierno) y del 5,6% en 2027.
Los rendimientos de los títulos de deuda pública francesa a largo plazo apenas reaccionaron a la noticia, lo que sugiere que el deterioro de las finanzas públicas de Francia y la incertidumbre política ya estaban en gran medida descontados en los niveles de rentabilidad y en los diferenciales de bonos.
En nuestra opinión, esta situación es una metáfora de los mercados financieros en su conjunto: la información disponible se refleja a veces correctamente en el precio de los activos, pero el carácter impredecible de las decisiones, en Washington o en cualquier otro sitio, puede enturbiar el panorama en cualquier momento.