Los mercados oscilan entre un escenario de «aterrizaje suave» de la economía estadounidense y otro de «no aterrizaje», pero los recientes resultados de rentabilidad de la renta variable apuntan a otra cosa.
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Antes de que se celebrasen las elecciones estadounidenses el mes pasado, las expectativas de consenso apuntaban a que el crecimiento de la economía del país se ralentizaría hasta acercarse a la tasa tendencial a largo plazo de la Reserva Federal del 1,75% y a que la inflación subyacente se iría aproximando a su objetivo a medio plazo del 2%. Los datos de inflación más recientes correspondientes al mes de noviembre muestran que las expectativas de un aterrizaje suave de la economía eran solo eso, expectativas, y no la realidad.
Aunque el índice de precios al consumo de noviembre cumplió las estimaciones de los analistas, la cifra es aún elevada en términos absolutos. La inflación subyacente interanual se mantuvo en el 3,3%, mientras que el cambio anualizado mensual subió del 3,4% en octubre al 3,8% en noviembre, apuntando así a un aumento de las presiones sobre los precios a corto plazo.
Si a ello le añadimos el impulso a la economía que podrían traer consigo los planes políticos del nuevo gobierno de Donald Trump, podríamos preguntarnos a qué ritmo van a acabar desacelerándose el crecimiento y la inflación.
No obstante, la Reserva Federal recortó los tipos de interés en 25 puntos básicos en su última reunión, lo que refleja dos factores:
- En primer lugar, que la política monetaria tiene efecto retardado y los bancos centrales están pensando en el efecto que podrían tener los cambios políticos actuales sobre la inflación en un plazo de entre 12 y 18 meses.
- En segundo lugar, que, aunque muchos prevén un aumento del crecimiento y de la inflación tras la toma de posesión de Donald Trump el próximo 20 de enero, ello no deja de ser una especulación. Tal y como ha señalado el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell: «Nosotros no hacemos conjeturas, suposiciones ni especulaciones».
No sabemos qué políticas concretas van a acabar proponiéndose o aplicándose. Algunas podrían tener un impacto negativo. A partir del 20 de enero podremos evaluar mejor cuál podría ser la política de la Reserva Federal en 2025, una vez sepamos cuáles son los planes de Trump.
Economía mundial
Otros datos han confirmado también la aparente debilidad del crecimiento de la economía fuera de Estados Unidos. La producción industrial de la eurozona se mantuvo estable en octubre en relación con el mes anterior. En el Reino Unido cayó con fuerza, a pesar de que se preveía un incremento.
En China, los datos relativos a las importaciones y las exportaciones resultaron decepcionantes. Las importaciones resultan especialmente preocupantes, ya que registraron un crecimiento interanual negativo, cuando las expectativas apuntaban a un ligero aumento. Los datos pusieron de manifiesto los problemas a los que se enfrenta el gobierno chino para reactivar el crecimiento, ya que la crisis del mercado inmobiliario está afectando a la confianza de los consumidores y las empresas.
Rentabilidad de la renta variable
Independientemente de cuáles sean las perspectivas a corto plazo, de que asistamos a un escenario de aterrizaje suave de la economía o a uno de «no aterrizaje», el entorno debería favorecer a la renta variable estadounidense. El crecimiento económico impulsaría los beneficios empresariales, y la estabilidad de la inflación, a un nivel moderado, se traduce en un aumento de los ingresos.
Aunque a los inversores les preocupa el posible aumento de los aranceles, las restricciones a la inmigración y las rebajas de impuestos en 2025, el mercado, al menos inicialmente, parece haberse centrado menos en los riesgos y más en las ventajas económicas que podría traer consigo un nuevo gobierno de Trump, como la desregulación y la actividad de fusiones y adquisiciones.
Desde la celebración de las elecciones hasta finales de noviembre, el índice de small caps Russell 2000 ha subido un 10%, el Russell 1000 Value un 7% y el NASDAQ 100 un 5%. Fuera de Estados Unidos, los mercados, o bien han caído (los mercados emergentes un 4% y Europa un 0,1%) o bien han subido, pero en menor medida (Japón un 1%).
Podríamos haber pensado que el patrón se mantendría en diciembre, aunque quizás a un ritmo más lento. Pero lo cierto es que se ha registrado un cambio de tendencia. Si bien el índice NASDAQ 100 ha seguido subiendo, otros índices estadounidenses han caído, mientras que fuera de Estados Unidos han subido (véase el gráfico 1).

¿Se trata de una simple pausa tras el entusiasmo inicial, o estamos ante un cambio más fundamental en la evaluación de las perspectivas por parte de los mercados? ¿Pesará más el coste de los aranceles, las restricciones a la inmigración y el mayor rendimiento de los bonos que las ventajas de la desregulación y demás medidas?
Pensamos que puede ser un poco de todo. Después de unas subidas tan acusadas, no es de extrañar que el mercado haga una pausa y reevalúe la situación. Cabe señalar que el rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense a diez años, tras caer 14 puntos básicos después de las elecciones, ha vuelto a subir. En el momento de redactar el presente documento (16 de diciembre) es más elevado que el 4 de noviembre. Si la inflación o el crecimiento aumentan más de lo esperado, el incremento del rendimiento de los títulos del Tesoro podría continuar.
El aumento de los tipos de interés (de mercado) suele perjudicar a la renta variable. Los sectores sensibles a los tipos de interés, como el inmobiliario o el de los suministros públicos han caído más en diciembre que la mayoría de los demás sectores (de ahí la caída del índice de valor). Las small caps también son vulnerables a las subidas de tipos, ya que tienden a estar más endeudadas. No obstante, una vez que se reajusten los tipos de interés, las cotizaciones deberían recuperarse y volver a subir con el crecimiento de los beneficios.
Los sectores de la energía y los materiales han reaccionado a las recientes noticias más positivas que se han producido en Oriente Próximo. Las compañías sanitarias reflejan la incertidumbre sobre el futuro entorno normativo en Estados Unidos.
El sector tecnológico no es inmune al riesgo de tipos
Las empresas tecnológicas también pueden verse afectadas por el aumento de los tipos. Una gran parte de sus beneficios tienen una orientación a largo plazo, por lo que el aumento de la tasa de descuento reduce de manera desproporcionada el valor neto actual de dichos beneficios futuros. Por lo tanto, los recientes resultados positivos del índice tecnológico NASDAQ 100 se explican por otros factores.
Broadcom es responsable de parte de dichos resultados, ya que ha contribuido en un 44% a la rentabilidad de diciembre. Las llamadas «siete magníficas» explican la mayor parte del resto de las ganancias (con la excepción de NVIDIA).
La divergencia de rentabilidad entre los distintos sectores señala que los inversores van a tener que matizar su evaluación de las perspectivas de la renta variable estadounidense. Habrá empresas que se verán favorecidas o perjudicadas por las políticas del nuevo gobierno, lo que se reflejará en los distintos sectores, estilos y categorías de capitalización de mercado.
Insistimos en que el impulso de los beneficios empresariales ha sido positivo. Las small caps estadounidenses han subido con fuerza desde las elecciones, y la tendencia alcista del índice NASDAQ se mantiene (véase el gráfico 2).
Consideramos que las valoraciones de las empresas de crecimiento resultan relativamente más atractivas, por lo que la renta variable estadounidense sigue siendo la mejor opción*.

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