Los bancos centrales de todo el mundo están subiendo los tipos de interés para combatir el aumento de la inflación. La magnitud de dichas subidas y la velocidad a la que actúen los principales bancos centrales son los factores que van a impulsar a corto plazo los mercados de divisas. El resto de divisas de los mercados desarrollados, lideradas por el euro, la libra esterlina y el yen japonés, están cayendo frente al dólar. Muchos mercados emergentes también notan los efectos del fortalecimiento de la divisa estadounidense.
La inflación continúa aumentando con fuerza
Aunque la inflación del índice estadounidense de precios al consumo (IPC) se moderó en julio al 8,5% interanual, frente al 9,1% registrado el mes anterior, continúa el debate entre quienes piensan que la inflación se mantendrá en niveles elevados y los que creen que esta subida tendrá carácter transitorio. En sus recientes declaraciones, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, no ha descartado la posibilidad de que la entidad apruebe una nueva subida de tipos de 75 puntos básicos en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto, que se celebrará los días 20 y 21 de septiembre.
Por otro lado, en la eurozona, la inflación anual subió en agosto al 9,1% interanual frente al 8,9% registrado en julio, por lo que es ahora más alta que en Estados Unidos.
El dilema entre el aumento de la inflación y la desaceleración del crecimiento es mayor en Europa que en Estados Unidos. La crisis energética está afectando mucho más al continente europeo, lo que hace temer que el Banco Central Europeo (BCE) no se muestre tan contundente como la Reserva Federal a la hora de endurecer su política monetaria.
El Reino Unido se enfrenta a un problema similar, y el aumento de la inflación está llevando al Banco de Inglaterra a subir con fuerza los tipos de interés, a pesar del creciente riesgo de recesión. De hecho, la entidad ya descuenta un escenario de recesión en su trayectoria de subida de tipos para el resto del año.
Lo preocupante es que las presiones inflacionistas están aumentando, y los componentes de la inflación subyacente y de los servicios están subiendo con fuerza en todo el mundo (véase gráfico 1). En Estados Unidos, la aceleración de los salarios se traduce en un aumento de los precios, sobre todo en los servicios de consumo, y Europa podría enfrentarse pronto a un escenario similar.
La excepción la encontramos en China, que presenta una tasa de inflación inferior al 3%, la tercera parte de la que registran los países desarrollados (véase gráfico 2). Gracias a su cuenta de capital relativamente cerrada, este diferencial de inflación permite a China alejarse del proceso de endurecimiento de la política monetaria que están aplicando los bancos centrales de los países desarrollados.

El ritmo relativo del endurecimiento monetario
Entre los principales bancos centrales, la Reserva Federal es la que está aplicando un ritmo más agresivo en el proceso de endurecimiento de su política monetaria, y su crecimiento económico es el que muestra una mayor capacidad de resistencia, por lo que el dólar estadounidense ha continuado fortaleciéndose. El yen japonés continúa cayendo frente al dólar, después de haber perdido este año una quinta parte de su valor y haber superado por primera vez en casi 25 años la barrera psicológica de las 140 unidades por dólar. La divisa japonesa podría seguir debilitándose dada la divergencia entre la tendencia de endurecimiento de la Reserva Federal y la orientación ultra expansiva del Banco de Japón.
Mientras tanto, el índice del dólar cotiza casi en 110, su nivel más alto desde enero de 2002. Es evidente que al mercado no le impresiona el ritmo de subidas de tipos de interés del BCE, sobre todo porque espera que la Reserva Federal vuelva a subir este mes los tipos en 75 puntos básicos.
Aun en el caso de que el BCE optara por aprobar también una subida de 75 puntos, no parece probable que pueda revertir la tendencia negativa del euro, ya que las dificultades a las que se enfrenta Europa están principalmente relacionadas con la crisis energética. Algunos responsables políticos europeos están más preocupados por la recesión que por la inflación, y son partidarios de una subida de tipos moderada de solo 25 puntos básicos.
La nueva primera ministra del Reino Unido, Liz Truss, podría optar por ralentizar el ritmo de endurecimiento de la política monetaria del Banco de Inglaterra y centrarse en el crecimiento. El pasado 5 de septiembre, tras confirmarse su nombramiento como primera ministra, la libra esterlina volvió a registrar un nuevo mínimo frente al dólar, aunque luego se recuperó por la recogida de beneficios.
En contraste con estos bancos centrales, China mantendrá la orientación expansiva de su política monetaria, lo que podría traducirse en una mayor presión a la baja a corto plazo para el tipo de cambio del renminbi. Dada la ausencia de una inflación elevada en China, el debilitamiento de la divisa permitirá transmitir una cierta presión deflacionista al resto del mundo, lo que servirá para contrarrestar parte de las presiones inflacionistas a escala mundial.
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