Grandes esperanzas

Actualmente, la opinión de consenso apunta al optimismo de los inversores, optimismo que se refleja en el posicionamiento de las carteras de inversión. A pesar del nuevo aumento de la incertidumbre geopolítica, muchos parecen seguir estando convencidos de que la economía mundial mantendrá su capacidad de resistencia y de que los bancos centrales harán lo que sea necesario para amortiguar el posible deterioro a corto plazo de las condiciones financieras.

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Mejora de las expectativas macroeconómicas

La economía estadounidense logró superar con éxito las crisis externas a las que se enfrentó a lo largo de 2025, y ahora las expectativas para 2026 han mejorado de forma considerable: la última estimación de consenso de Bloomberg sitúa el PIB en el 2,4% (véase el gráfico 1).

Un factor fundamental para la solidez de la economía es la inteligencia artificial, que ha contribuido de forma notable a impulsar la inversión en los últimos doce meses.

Tampoco parece improbable que se repita la crisis de productividad que se produjo a finales de la década de 1990, que acabó dando lugar a rentabilidades de mercado superiores al 20% entre 1995 y 1999. Después de dicho periodo, fue cuando se produjo el estallido de la burbuja de las puntocom.

El ciclo actual ha venido acompañado de lo que los más escépticos consideran una orientación innecesariamente expansiva de la política monetaria, lo que ha favorecido los resultados del mercado de renta variable a pesar del nivel relativamente elevado de las valoraciones.

¿Inflación derivada de la inteligencia artificial?

Aunque el cierre del gobierno estadounidense que tuvo lugar en 2025 aún puede alterar la lectura de los datos de inflación, los inversores están comenzando a plantear dudas legítimas sobre el impacto que tiene la inteligencia artificial en la inflación.

El agua, la electricidad, la energía nuclear y las tierras raras constituyen insumos clave para la nueva tecnología. Las tierras raras han repuntado en torno al 135% en los últimos doce meses y están adquiriendo rápidamente una gran importancia estratégica, probablemente similar a la del petróleo en la década de 1970. De cara al futuro, podrían producirse presiones inflacionistas relacionadas con la inteligencia artificial en diversos sectores de la economía.

Algunos indicadores apuntan a una inflación superior al objetivo del 2% fijado por la Reserva Federal a medio plazo, lo que confirma las previsiones de consenso y siembra dudas sobre el proceso de convergencia.

Según un análisis realizado por la Reserva Federal de San Francisco, la inflación actual viene principalmente impulsada por la demanda y podría controlarse mejor con las herramientas tradicionales de política monetaria.

Optimismo y posicionamiento de las carteras

Según una encuesta del Bank of America, el escenario más probable para la economía estadounidense en los próximos doce meses es el de «no aterrizaje», es decir, un crecimiento por encima de la tendencia1. Por lo tanto, las expectativas de rentabilidad para los principales índices de renta variable presentan un evidente sesgo alcista.

De hecho, según diversas encuestas, los analistas de Wall Street no anticipan una rentabilidad negativa del índice S&P 500 en ningún momento de 2026. Esto viene a sumarse a una acumulación continuada de riesgos en las carteras de inversores minoristas e institucionales, tanto en Estados Unidos como en la eurozona.

Las condiciones financieras reflejan estas tendencias de cartera, lo que apunta a un entorno claramente favorable para los mercados financieros. No obstante, un posicionamiento extremadamente sesgado constituye un factor de riesgo relevante en la asignación táctica de activos, ya que hasta los impactos de pequeña magnitud pueden amplificarse y afectar a la rentabilidad incluso a medio plazo.

Próximos pasos de la Reserva Federal

Las expectativas del mercado apuntan a que la Reserva Federal recortará los tipos de interés en un total de 45 puntos básicos en 2026. Sin embargo, la aplicación de medidas de expansión monetaria a una economía sólida que ya se ve respaldada por condiciones financieras de orientación expansiva podría suponer un riesgo en términos de inflación futura.

La Reserva Federal continuará evaluando la información que vaya recibiendo, así como la evolución de la política monetaria. De hecho, su postura actual podría considerarse prácticamente una posición neutral, es decir, sin la intención de estimular ni frenar el ciclo económico.

En la actualidad, el tipo objetivo de los fondos federales se ajusta a los indicadores que suelen utilizarse para evaluar los denominados tipos de interés «neutrales». La próxima cita importante está prevista para mediados de marzo, cuando la Reserva Federal publicará su próximo Resumen de Proyecciones Económicas. El mercado no descuenta actualmente ningún tipo de interés en esa fecha concreta.

Duración frente a crédito

La duración ha tenido un comienzo de año decepcionante, debido en parte a la dinámica del mercado de deuda pública japonesa. La deuda estadounidense de alto rendimiento, por ejemplo, ha superado a los títulos del Tesoro de Estados Unidos en un 0,7% desde principios de año.

Los inversores japoneses tienen una presencia significativa en los mercados de renta fija internacional. Su interés por la deuda extranjera podría reflejar cada vez más la reducción de los diferenciales (la diferencia de rentabilidad) entre los títulos de deuda pública japonesa y estadounidense.

La reducción de la demanda japonesa de títulos del Tesoro debe contrarrestarse con el aumento de la demanda en otros mercados, lo que evitaría una revalorización brusca de los activos de renta fija.

Desde la perspectiva del inversor, la elección entre activos de mayor duración y una estrategia centrada en la generación de rentas depende, en última instancia, de la valoración en términos neutrales al riesgo de la pendiente de la curva de tipos frente al nivel de los diferenciales de crédito.

Mientras que los diferenciales de crédito se sitúan cerca de los mínimos históricos, la pendiente de la curva de tipos sigue siendo relativamente reducida y no ofrece una alternativa atractiva al crédito corporativo.

Además, la mejora de la calidad de la composición de los índices de crédito no ha pasado desapercibida: el segmento con categoría inferior a grado de inversión (BB) representa más del 60% del universo mundial de deuda de alto rendimiento, frente al 35% que marcaba hace veinte años.

[1] Bank of America Research, enero de 2026.

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