Las expectativas del mercado sobre la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos han sido muy cambiantes. Sin embargo, en este momento, el «índica de miseria» sigue apuntando a recortes de tipos de interés el próximo año. Al otro lado del Pacífico, las crecientes tensiones entre China y Japón podrían afectar a la economía japonesa y a las perspectivas de política del Banco de Japón.
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El dilema del mercado laboral en Estados Unidos
En un primer momento, los esperados datos de empleo correspondientes al mes de septiembre parecieron sólidos, ya que mostraron la creación de 119.000 puestos de trabajo no agrícola y 97.000 empleos privados. Sin embargo, lo cierto es que incorporaban una mayor debilidad de lo esperado: las cifras correspondientes a los dos meses anteriores se revisaron a la baja en un total de 33.000 empleos y la tasa de desempleo subió al 4,4%, su nivel más alto desde 2017 sin contar el periodo de la pandemia.
El mercado laboral plantea un dilema a la Reserva Federal.
Por un lado, el dinamismo de las nuevas contrataciones y unos salarios que siguen creciendo, aunque a un ritmo más suave, ofrecen argumentos a los miembros de la entidad que se muestran partidarios de no recortar los tipos de interés antes de final de año.
Por otro, el aumento del desempleo impulsa al alza el índice de miseria (la suma del desempleo y la tasa de inflación; véase el gráfico 1), lo que, unido al debilitamiento de la confianza de los consumidores, proporciona argumentos a los miembros que defienden nuevos recortes de tipos.

Según la encuesta realizada por The Conference Board que conocimos la semana pasada, la confianza de los consumidores cayó con fuerza desde los 95,5 puntos de octubre a 88,7 en noviembre. Los datos relativos a la situación presente y futura del mercado laboral se deterioraron de forma notable.
Por otra parte, las ventas minoristas, excluidos los servicios de restauración, automóviles, materiales de construcción y gasolina, cayeron un 0,1% intermensual en septiembre (tras el retraso en la publicación de los datos como consecuencia del cierre del gobierno) y mostraron una debilidad generalizada, tras haber aumentado entre un 0,5% y un 0,9% en los tres meses anteriores.
Curiosamente, los datos oficiales muestran que el número de nuevas incorporaciones al mercado laboral estadounidense ha aumentado con fuerza desde abril de este año, coincidiendo con el repunte del índice de miseria (véase el gráfico 2).
Aunque no hay ninguna explicación oficial para el aumento de la población activa, es posible que más personas con rentas más bajas estén tratando de afrontar la subida de precios y unas perspectivas salariales inciertas saliendo a buscar empleo, y contribuyendo así al aumento de la tasa de desempleo.

Recuperación en forma de K y política de la Reserva Federal
Algunos datos apuntan a la buena situación (incluso con crecimiento) de la economía estadounidense, pero otros muestran debilidad (posiblemente debido al desplazamiento de la inteligencia artificial y a una crisis de productividad), lo que nos lleva a pensar que la economía podría estar inmersa en un proceso de recuperación en forma de K1.
En un escenario así, los beneficios empresariales podrían crecer sin necesidad de aumentar la contratación, lo que podría significar que el sólido aumento del empleo que hemos visto en septiembre no va a tener continuidad y que el crecimiento salarial seguirá moderándose.
Con todo ello, podría disminuir el riesgo al alza para la inflación y aumentar el riesgo a la baja para el mercado laboral. En estas circunstancias, la Reserva Federal podría optar por acomodar un aumento inesperado de la oferta con unos tipos de interés más bajos, de manera que el crecimiento de la demanda pueda igualar el ritmo de expansión de la oferta en la economía.
Las informaciones que señalan a Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional y partidario de las políticas de recortes de tipos y desregulación del presidente Donald Trump, como próximo presidente de la Reserva Federal reavivaron las expectativas que apuntan a que la entidad podría optar por nuevos recortes de tipos de interés.
El «dolor de cabeza» de Japón con China
Al otro lado del Pacífico, las relaciones políticas entre China y Japón ha empeorado tras las declaraciones sobre Taiwán que la primera ministra japonesa Sanae Takaichi realizó hace unas semanas. Takaichi señaló que Japón podría responder con fuerza militar si Taiwán se enfrentara a una «situación que amenazara su supervivencia» (en alusión a un posible ataque por parte de China).
Estos comentarios tocaron la fibra sensible de China, que reaccionó suspendiendo hasta nuevo aviso todos los intercambios diplomáticos, económicos, financieros y culturales con Japón. Hong Kong ha seguido en gran medida el mismo camino. China también ha reducido la importación de ciertos bienes japoneses, como el marisco. No parece haber indicios de que las tensiones entre ambos países vayan a disminuir a corto plazo.
Potencial impacto económico para Japón
La situación recuerda a la vivida en el año 2012, cuando las relaciones entre China y Japón se deterioraron gravemente como consecuencia del conflicto sobre el mar de China Oriental.
En aquella ocasión, los consumidores chinos boicotearon los productos japoneses, lo que afectó especialmente a las exportaciones japonesas a China en automóviles y productos relacionados. Aunque el impacto en la exportación de bienes intermedios fue relativamente limitado, la situación podría ser diferente en esta ocasión. La relación tardó varios años en normalizarse.
En aquella ocasión, las exportaciones japonesas a China y el número de turistas chinos que viajaban a Japón descendieron tras estallar el conflicto (véase el gráfico 3).

Ahora ocurre lo mismo. Sin embargo, con el avance tecnológico de China, muchas exportaciones japonesas de bienes intermedios a China son ahora más fácilmente sustituibles por productos chinos que en 2012, lo que implica que esta vez podría verse afectado un espectro más amplio de las exportaciones.
Por otra parte, el turismo procedente de China ha ganado un gran peso: los turistas chinos gastan hoy en Japón casi diez veces más que en 2012. El gasto de los turistas extranjeros representó el 1,3% del PIB de Japón en 2024, y más del 20% procedía de China.
Si Japón y China no resuelven pronto esta situación, las tensiones políticas entre ambos países podrían aumentar el riesgo a la baja para la economía japonesa, lo que complicaría la evaluación de sus perspectivas de mercado y de política económica.
[1] Una recuperación en forma de K se produce cuando una parte de la economía repunta de una ralentización o una recesión y otra parte mantiene la tendencia bajista.