En las próximas dos semanas se celebrarán las últimas reuniones de política monetaria del año en la eurozona, Estados Unidos, Reino Unido y Japón. El 16 de diciembre ya conoceremos los datos correspondientes a los índices de gestión de compras (PMI) de las principales economías desarrolladas. Así, los inversores tendrán tiempo de prepararse para las fiestas de Navidad, tomarse las uvas y reflexionar sobre las perspectivas para 2025.
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La rentabilidad registrada por los mercados de renta fija y renta variable desde principios de año habla por sí sola (véase el gráfico 1).
- Los inversores han mostrado un gran interés por la renta variable estadounidense, tal y como demuestran los máximos históricos alcanzados por los principales índices.
- Los mercados de renta fija han registrado una gran volatilidad y los recortes de tipos han provocado el aumento de los rendimientos de la deuda pública.
- La búsqueda de rentabilidad en un contexto de tipos de interés más bajos ha favorecido al mercado de crédito.

En 2024 los bancos centrales iniciaron un nuevo ciclo de flexibilización de la política monetaria a medida que la inflación se fue acercando al objetivo. Aunque es probable que esta tendencia se mantenga en 2025, la notable solidez de la economía estadounidense y el nuevo escenario político tras las elecciones de noviembre siguen planteando dudas sobre los próximos pasos de la Reserva Federal.

Una de las consecuencias de la victoria de Donald Trump ha sido la reducción de las expectativas de recortes de tipos de interés en los próximos trimestres. Según el mercado de futuros, la previsión del tipo de interés oficial de la Reserva Federal para marzo de 2026 se revisó al alza en 100 puntos básicos entre finales de septiembre y mediados de noviembre.
Es bien sabido que cuando los inversores tienen dudas sobre las decisiones de la Reserva Federal, las consecuencias en los mercados financieros pueden ser importantes.
Algunos indicadores contradictorios
En Estados Unidos, las decepcionantes cifras de empleo que se registraron en octubre se recuperaron en noviembre. La creación neta de empleo cumplió las expectativas de los analistas (con 227.000 nuevos puestos de trabajo) y se registró una ligera revisión al alza de las cifras de los dos meses anteriores.
Más allá del cambio mensual, el ritmo de creación de empleo se ha ralentizado desde el mes de julio (148.000 en total, con 110.000 en el sector privado) con respecto al registrado en la primera mitad del año (207.000 y 180.000 respectivamente).
La tasa de desempleo ha aumentado en 0,1 puntos porcentuales al 4,2% y el porcentaje de «desempleados permanentes», frente a los que se acogen a planes de despido temporal, no deja de aumentar.
Según la estimación preliminar de la Universidad de Michigan, la confianza de los consumidores ha recuperado su nivel más alto desde abril.
Dos de las encuestas del sector servicios, la elaborada por el Institute for Supply Management (ISM) y el índice de gestión de compras (PMI), ofrecieron en noviembre mensajes contradictorios: el índice de gestión de compras subió a 56,1 puntos, su nivel más alto desde abril de 2022, mientras que el índice ISM cayó de 56 a 52,1. No obstante, los comentarios que acompañaron a la encuesta del ISM fueron positivos («el sector ha recuperado un crecimiento sostenido»), sobre todo porque los nuevos medidos aumentaron en trece de los catorce subsectores contemplados.
Tras registrar un crecimiento anualizado del 2,8% en el tercer trimestre, la previsión de crecimiento del PIB para el cuarto trimestre de la Reserva Federal de Atlanta (GDPNow) apunta a un 3,3%, según los datos disponibles a 5 de diciembre.
Tal y como afirmó el pasado 4 de diciembre el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, incluso antes de las medidas prometidas por Trump durante la campaña, algunas de las cuales podrían favorecer el crecimiento, la situación actual de la economía estadounidense es muy buena.
Sin ser del todo una contradicción, también debemos señalar que Christopher Waller, miembro del consejo de la Reserva Federal, ha afirmado que «la relación entre la demanda y la oferta se está moderando».
Aumento del diferencial de crecimiento
La eurozona se enfrenta a problemas diferentes. Aunque el PIB ha crecido un 0,4% en el tercer trimestre, la composición de dicho crecimiento parece frágil.
El aspecto positivo es que el consumo privado aumentó de manera sustancial (+0,7% con respecto al trimestre anterior), gracias no solo a Francia (+0,5%), por el efecto de los Juegos Olímpicos, sino también a Italia (+1,4%) y a España (+1,1%). Por el contrario, excluida Irlanda, donde este componente es muy volátil, la inversión empresarial ha disminuido.
La reducción de la confianza de los consumidores podría limitar el gasto en consumo personal en los próximos trimestres. La confusa situación política que se vive en Francia y la celebración de elecciones generales en Alemania podrían afectar a las decisiones de inversión de las empresas.
Ante los interrogantes sobre la demanda interna, será interesante comprobar si el BCE mantiene su escenario de crecimiento relativamente optimista en las previsiones que publicará el próximo 12 de diciembre.
En sus previsiones de otoño, la Comisión Europea anticipa un crecimiento del 0,8% de la economía de la eurozona en 2024, que se aceleraría al 1,3% en 2025 y al 1,6% en 2026, aunque advierte de que la incertidumbre y los riesgos de corrección a la baja han aumentado.
A medida que el año se acerca su fin, la divergencia de crecimiento a ambos lados del Atlántico parece afianzarse, lo que conlleva una divergencia también de la política monetaria que ya parece reflejarse en gran medida en el tipo de cambio entre el euro y el dólar.

¿Por fin un paso decisivo en China?
Durante los últimos tres meses, las encuestas empresariales en China se han recuperado y los datos relativos a la producción y el consumo han mejorado. Aunque el índice de gestión de compras del sector servicios cayó ligeramente en noviembre, de 52 a 51,5, las perspectivas continúan siendo favorables, ya que las empresas esperan nuevas medidas de ayuda del gobierno.
Además, los datos relativos a las ventas de automóviles y las transacciones inmobiliarias apuntan a una aceleración del crecimiento a finales de 2024. En el ámbito del comercio exterior, la amenaza de nuevos aranceles parece haber llevado a algunas empresas a acelerar sus exportaciones a Estados Unidos, lo que ha impulsado la actividad manufacturera.
En el comunicado emitido tras la reunión celebrada por el politburó a principios de diciembre, las autoridades chinas se mostraron dispuestas a favorecer la actividad, y señalaron que:
- La orientación de la política monetaria es «moderadamente expansiva» (y no «estable», como en los últimos años)
- Es necesario que la política fiscal sea «más proactiva»
- Se mantiene la necesidad de un «ajuste contracíclico extraordinario» para estabilizar el sector inmobiliario y los mercados bursátiles.
- Por último, se mencionó expresamente el «fuerte impulso del consumo» y la necesidad de aumentar la eficiencia de la inversión.
El tono del comunicado y los cambios en los términos elegidos reflejan la voluntad de las autoridades de facilitar la transición de una economía más basada en el consumo a otro modelo basado en la inversión.
La pregunta clave es si el contexto convencerá a los inversores globales, ya que no cabe duda de la tendencia alcista de los mercados nacionales de renta variable. El despertar de China tras un año de decepcionantes resultados podría cambiar el panorama de los mercados internacionales.
Cómo empezar 2025
Aunque en líneas generales conocemos el programa del presidente electo Trump (rebaja del impuesto de sociedades, desregulación, legislación en materia de inmigración, proteccionismo), y es similar al de su primer mandato, los detalles siguen siendo escasos. Las consecuencias en la economía y en los mercados variarán en función del alcance y la naturaleza de las medidas políticas.
En los días posteriores a las elecciones, los inversores se decantaron por los factores favorables a las empresas y la renta variable estadounidenses: impulso de la demanda interna a corto plazo gracias a la política económica y, a más largo plazo, gracias a las crecientes aplicaciones de la inteligencia artificial más allá del sector tecnológico.
La sobreponderación en renta variable estadounidense, por tanto, parece la opción más evidente. Sin embargo, los últimos ajustes han llevado a algunos indicadores técnicos a niveles extremos y han acentuado aún más la concentración de los rendimientos.
Por todo ello, consideramos apropiado reforzar y ampliar nuestra exposición a la renta variable estadounidense (que hasta el momento habíamos limitado al sector tecnológico, con un sólido crecimiento de los beneficios en 2024), a través del índice S&P 500 equiponderado.
Mantenemos nuestra exposición al crédito europeo de grado de inversión gracias al interés que despierta la clase de activos, ya que se prevé que continúe beneficiándose de la búsqueda de rentabilidad y de la situación financiera de los emisores corporativos de este segmento.
En 2025, los inversores no deberían perder de vista la posible trayectoria de la política monetaria y del rendimiento de los bonos. El aumento del déficit presupuestario podría llevar a algunos inversores a pasar por alto el excepcionalismo estadounidense y exigir un mayor rendimiento a largo plazo.
En la eurozona, pensamos que el rendimiento de la deuda ya incorpora los futuros recortes de tipos de interés. Consideramos apropiado optar por una postura de prudencia en relación con la deuda pública de la región, ya que los factores políticos podrían aumentar el nerviosismo a ambos lados del Atlántico.
Tras haber subido un 20% entre finales de junio y el 30 de octubre, fecha en la que registró su máximo histórico, el precio del oro cayó en noviembre (-3,7%). Dicha caída, que debería considerarse en el contexto de la revalorización del dólar estadounidense, nos ofreció la oportunidad de reforzar nuestra posición tras la venta que realizamos hace unas semanas para recoger beneficios.