El inesperado repunte que registraron en el mes de mayo los índices de gestión de compras en Estados Unidos generó nuevas dudas sobre el momento en el que la Reserva Federal podría iniciar los recortes de tipos de interés. La inesperada solidez de los datos afectó a las valoraciones de la renta fija y la renta variable, y complicó aún más la tarea de emitir convicciones firmes sobre las perspectivas económicas, sobre todo teniendo en cuenta que parece haberse descartado la posibilidad de que Estados Unidos entre en recesión en los próximos doce meses.
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Volvemos a esperar a los datos de inflación en Estados Unidos
Sí, otra vez. Los datos arrojados por el índice de precios al consumo en el mes de abril estuvieron en línea con las expectativas del mercado, lo que proporcionó algo de alivio a los inversores tras tres meses consecutivos de sorpresas al alza de la inflación en Estados Unidos. La publicación de estos datos ofreció cierta tranquilidad, que tampoco duró mucho.
Aunque las ventas minoristas apuntaron a una posible ralentización del consumo estadounidense a principios del segundo trimestre, los resultados preliminares de los índices de gestión de compras correspondientes al mes de mayo, que se publicaron la semana pasada, superaron con creces las expectativas.

Tras cuatro caídas consecutivas, el índice correspondiente al sector servicios subió 3,5 puntos hasta situarse en 54,8, su nivel más alto en un año. El índice del sector manufacturero subió 0,9 puntos a 50,9, mientras que el índice compuesto se situó en 54,4, marcando así su nivel más alto en más de dos años.
Además, los índices de precios continuaron acelerándose, especialmente en lo que respecta a los precios de los insumos del sector manufacturero, lo que llevó a los inversores a retrasar sus expectativas sobre el momento en el que la Reserva Federal podría comenzar a flexibilizar su política monetaria.
¿Dos recortes de tipos de interés en Estados Unidos en 2024?
Los mercados han revisado sus expectativas sobre futuros recortes de tipos de interés en Estados Unidos: no esperan ninguno en junio ni en julio, y descuentan una probabilidad del 50% de que la Reserva Federal opte por recortar los tipos en septiembre. Además, desde la publicación de los datos correspondientes a los índices de gestión de compras, son muy pocos economistas los que anticipan un recorte de tipos ya en julio.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha recordado a los mercados que la entidad depende de los datos. En sus declaraciones más recientes se ha mostrado cauto y, de hecho, muy atento a los datos económicos: aunque a finales de marzo señaló que los datos de inflación estaban más en línea con lo que consideraban adecuado, a principios de mayo tuvo que reconocer que el avance de la inflación estaba siendo decepcionante.
Tal y como recogen las actas de la reunión celebrada los días 30 de abril y 1 de mayo por el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal, dados los decepcionantes datos de inflación registrados en el primer trimestre del año, los participantes señalaron que se tardaría más de lo previsto en adquirir una mayor confianza en que la inflación estaba avanzando de manera sostenible hacia el objetivo del 2%.
Sin embargo, es posible que los analistas reaccionaran de manera desproporcionada al comentario de que «varios» participantes se mostraran «dispuestos a endurecer aún más la política monetaria» de la entidad. Pasaron por alto el resto de la frase: «si los riesgos de inflación se materializan de tal forma que dicha medida resulte apropiada».
Es decir, el discurso de la Reserva Federal siguió apuntando a la paciencia y la prudencia. Es probable que se mantenga el tono en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto, que se celebrará los días 11 y 12 de junio.
Incertidumbre también en el Banco Central Europeo
Casi todos los miembros del consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) han anticipado un recorte de tipos de interés el próximo 6 de junio. Solo queda una semana para la reunión del consejo, y es difícil saber qué es lo que podría impedirlo.
Sin embargo, la preocupación del mercado sobre el posible ritmo de los recortes a partir de junio se ha intensificado en los últimos días. A mediados de mayo, los mercados de futuros reflejaban tres recortes de tipos del BCE en 2024, pero para el 24 de mayo dicha previsión apuntaba a solo 2,3 recortes.

Como suele ocurrir cuando los mercados están nerviosos (lo que actualmente se debe, sobre todo, a la evolución de las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal), abundan los motivos de preocupación. La semana pasada, los mercados europeos de renta fija cayeron tras la publicación el 22 de mayo de unos datos de inflación superiores a lo esperado en el Reino Unido, país que no forma parte de la Unión Europea.
Y el rendimiento de los bonos de la eurozona continuó aumentando como consecuencia de otro indicador: los niveles salariales. Este factor no suele influir en el mercado, pero esta vez ha sido objeto de un intenso debate.
El aumento salarial del primer trimestre en la eurozona (4,7% interanual tras el 4,5% del trimestre anterior) fue más acusado de lo esperado, aunque ello se debió principalmente al incremento salarial negociado en Alemania (véase el gráfico 4).

El BCE ofreció una cierta tranquilidad al respecto. En un artículo publicado en su blog, la entidad explicó el aumento de los salarios negociados y destacó que «el incremento del crecimiento salarial tras la pandemia estuvo impulsado sobre todo por la llamada desviación salarial (es decir, elementos no acordados mediante negociación colectiva, como los pagos de primas individuales o los cambios en las horas extraordinarias), que suele reaccionar con rapidez a los cambios en las condiciones económicas».
El BCE anticipa una ralentización moderada del aumento de los salarios y no parece plantearse que dicha «desviación salarial» vaya a afectar a sus perspectivas. Hay que tener en cuenta que, hace unos meses, el banco central explicaba que tenía que esperar a los datos salariales que se conocerían en primavera para decidir sobre su política monetaria.
No cabe duda de que el BCE ha decidido confiar en sus propias previsiones, que se actualizarán en la reunión del consejo del próximo 6 de junio. La Reserva Federal, por su parte, se basa en los datos (¿quizás demasiado?). Cabe preguntarse si toda esta aparente indefinición encubre intrincadas negociaciones en el seno de la Reserva Federal y el BCE, lo que deja a los inversores a la espera de información que sea lo suficientemente sólida como para definir un escenario de política monetaria para los próximos meses.