Tal y como afirman Edward Lees y Ulrik Fugmann, miembros del Grupo de Estrategias Medioambientales, la reciente conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que se ha celebrado en Glasgow ha dado un protagonismo aún mayor a las cuestiones medioambientales y ha fomentado la creciente sensibilización y la tendencia que apunta a la necesidad de un cambio positivo. En este artículo, identifican cuáles son los sectores más prometedores y nos ofrecen su enfoque de inversión sostenible.
Aquí puedes escuchar nuestro pódcast con Edward Lees y Ulrik Fugmann, que nos hablan sobre los éxitos y las decepciones que ha traído consigo la COP26 y sobre lo que todo ello significa para los inversores, o puedes leer el artículo que aparece a continuación:
Al analizar el resultado de la cumbre COP26, encontramos 137 países comprometidos con el objetivo de cero emisiones netas y 141 países comprometidos a frenar la deforestación. Pero, en general, los compromisos manifestados durante la cumbre aún nos dejan lejos del objetivo de contener el calentamiento global, aun teniendo en cuenta las medidas destinadas a reducir de forma gradual el uso del carbón y a limitar el uso de los combustibles fósiles en general.
En lo que respecta a los resultados relacionados con nuestro propio universo de inversión, apreciamos especialmente que se le dedique una mayor atención al capital natural, ya que consideramos que se trata de un factor determinante. Ahora se reconoce y prioriza la naturaleza como un medio hacia la descarbonización y la detoxificación y como sumidero de carbono.
Desde la perspectiva de la inversión, ello implica una mayor atención a la agricultura sostenible y a las tecnologías destinadas a mejorar la calidad del suelo y evitar los pesticidas y los fertilizantes. El mercado no ha mostrado especial interés por las empresas de estos sectores, aunque sus perspectivas son prometedoras. Y lo mismo ocurre, por ejemplo, con las compañías que trabajan en la mejora de la salud de los océanos, tratando de solucionar el problema de los plásticos.
Asignación inteligente del capital
Lo que se ha hecho evidente es que el sector privado debe colaborar con los gobiernos. En nuestra opinión, nosotros, como inversores, hemos de asegurarnos de que el capital que entra en el ámbito de la sostenibilidad llega a empresas que están solucionando de manera activa problemas como los relacionados con los residuos, la contaminación, la restauración de los ecosistemas y la transición energética, invirtiendo tanto en el mercado primario (nuevas emisiones) como en el secundario. Pensamos que se trata de una manera de acelerar el impulso hacia un mundo más inclusivo y sostenible.
Parte de la solución está en asignar capital a empresas de prácticamente todos los tamaños. En este sentido, nos gustaría destacar la gran proliferación de start-ups, nuevas empresas que están entrando al mercado. En nuestra opinión, es importante que los inversores contribuyamos a la financiación de estas compañías jóvenes e innovadoras, que suelen marcar tendencia. Por ejemplo, en el área de la transición energética, fuimos de los primeros en invertir en hidrógeno verde, en un momento en el que la inversión en este ámbito entrañaba ciertos riesgos, ya que creemos en la idea de ayudar a las empresas para acelerar el crecimiento.
Asignación cada vez más ecológica
Al invertir en empresas jóvenes y prometedoras, pensamos que estamos haciendo honor a nuestro lema: formemos parte de la solución. Se está destinando mucho dinero a invertir en instalaciones seguras de infraestructuras a gran escala, pero es importante señalar que el 50% de las soluciones que se necesitan para cumplir los objetivos de París se encuentran en una etapa muy inicial y requerirán un gran impulso para llegar a completarse.
Pensamos que no solo debemos invertir en empresas de gran capitalización, sino también en compañías innovadoras que tengan capacidad para cambiar las cosas. Estas compañías están demostrando que la sostenibilidad es el camino. Y nos complace comprobar que muchas empresas ya consolidadas también se están percatando de ello. Por ejemplo, a los fabricantes de automóviles les resulta cada vez más complicado seguir optando por los motores de combustión. Lo vemos en todo el sector del automóvil. Cada vez hay una mayor presión sobre los sectores menos ecológicos, lo que nos parece una señal de esperanza.
Como inversores, pensamos que hay oportunidades en «ambas caras de la moneda»: mantenemos posiciones largas en empresas líderes en el ámbito medioambiental que, en nuestra opinión, van a seguir creciendo a lo largo del tiempo, pero también podemos adoptar posiciones cortas en compañías que no quieren o no pueden abandonar las prácticas no sostenibles.
Pensamos que se trata de una forma útil de aumentar el coste del capital de estas empresas y, en última instancia, de reciclar el capital desde las compañías no sostenibles hacia las sostenibles.