Semanal de mercados: Buenas vibraciones

Según los inversores, la mayoría de los datos más recientes apuntan a unas perspectivas favorables para la economía estadounidense, pero sigue habiendo ciertos riesgos.

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Los mercados siguen descontando un recorte de tipos adicional por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos tras la revisión a la baja de los datos de empleo que se produjo a principios de mes (ver gráfico 1).

Aunque los datos del mercado laboral suelen considerarse un indicador retrospectivo, el reducido nivel de creación de empleo parece ser suficiente para convencer a los inversores de que la Reserva Federal debe recortar los tipos de interés, y hacerlo pronto. Según la herramienta FedWatch de CME, las probabilidades de que el banco central anuncie un recorte de tipos en la reunión de septiembre del Comité Federal de Mercado Abierto son del 83%.

Indicios de inflación

Una de las razones por las que se prevé dicho recorte de tipos es porque los datos correspondientes al índice de precios al consumo del mes de julio se interpretaron (erróneamente) como una muestra de que las presiones inflacionistas se habían mantenido en niveles moderados, ya que no parecía que los aranceles estadounidenses a la importación hubieran provocado importantes aumentos en los precios.

Se hizo especial hincapié en el hecho de que la inflación subyacente de los bienes solo había subido del 2,4% en junio al 2,5% en julio (en términos anualizados), pero este dato pasaba por alto varios factores.

Es cierto que la inflación de los bienes se mostraba contenida, pero no así la inflación de los servicios. La inflación subyacente de los servicios, excluida la vivienda, subió a una tasa mensual anualizada del 5,9% (vér gráfico 2), invirtiendo así la tendencia a la baja registrada en meses anteriores y poniendo de manifiesto que la Reserva Federal ha de mostrarse especialmente atenta.

El ligero aumento que experimentó la inflación subyacente de los bienes se debió principalmente a la fuerte caída de los precios que registraron ciertos productos tecnológicos como los ordenadores y los smartphones, que en julio cayeron un 15% en términos anualizados. Si excluimos dicha caída, la inflación subyacente de los bienes habría aumentado al 3,2% anualizado.

Los indicios de aumento de las presiones inflacionistas se reflejaron en el índice de precios de producción, que en julio subió un 0,9%, mucho más de lo esperado. Los mercados habían previsto un aumento de solo el 0,2%, después de no haber registrado subida alguna en el mes de junio.

Cabría esperar que la confianza de los mercados en unas perspectivas favorables estuviera justificada. Sin embargo, si pensamos en posibles factores catalizadores negativos, un aumento inesperado de la inflación en el IPC de agosto estaría entre los primeros puestos de la lista.

Solidez en Estados Unidos, debilidad en China

El aumento de los precios de los bienes no parece estar preocupando excesivamente a los consumidores estadounidenses.

Las ventas minoristas subieron un 0,5% en julio (en términos intermensuales y con ajuste estacional). El aumento no se debió simplemente al incremento de los precios. Las ventas minoristas reales (es decir, ajustadas por inflación) subieron un 0,3% en julio. La cifra de junio se revisó al alza, lo que indica que los consumidores están pagando (un poco) más, pero también comprando más.

Frente a la solidez de los datos estadounidenses, las ventas minoristas en China se contrajeron en el mes de julio; se trata de la tercera contracción mensual de los últimos cuatro meses. El crecimiento de las ventas que se registró en mayo, el único mes de los últimos cuatro en el que las ventas no disminuyeron, se debió a los programas de medidas de estímulo del gobierno, y el cambio de tendencia posterior refleja la debilidad de la demanda y de la confianza de los mercados a la que se enfrenta el régimen.

El atractivo de la pequeña capitalización

Se puede observar el impacto de los datos más recientes de beneficios empresariales y de las últimas noticias sobre aranceles en el rendimiento de los principales índices de renta variable. Los que han registrado mejores resultados han sido los índices tecnológicos (tanto en Estados Unidos como en los mercados emergentes), los del mercado japonés y ciertos índices de pequeña capitalización. Por el contrario, las mayores caídas se han registrado en la renta variable europea, las empresas estadounidenses de valor y los sectores no tecnológicos de los mercados emergentes.

Los factores que impulsan los resultados de las compañías tecnológicas son bien conocidos, pero los que han favorecido el rendimiento de la renta variable de pequeña capitalización resultan menos evidentes. En Estados Unidos, las compañías de pequeña capitalización se han visto sistemáticamente superadas por el índice S&P 500, pero ello se ha debido a los sólidos resultados del segmento tecnológico del índice; casi ningún mercado ha logrado superar al índice tecnológico NASDAQ 100 en los últimos meses.

Sin embargo, en comparación con el resto del índice S&P 500, que podría equipararse al índice Russell 1000 Value, el índice Russell 2000 de compañías de pequeña capitalización ha logrado superarlo en más del 9% tras los mínimos registrados en abril como consecuencia del llamado Día de la Liberación (ver gráfico 3).

Como hemos comentado, el consumo estadounidense ha mantenido su solidez a pesar del aumento de los aranceles a la importación, si bien, por el momento, el aumento de los precios de los bienes no ha tenido un gran impacto en los bolsillos de los consumidores. Además, la tasa de desempleo se ha mantenido en niveles reducidos y la confianza de los consumidores se ha ido recuperando.

Es probable que las empresas de gran capitalización estén asumiendo una mayor proporción de los costes arancelarios (ya sea sobre los productos acabados o sobre los insumos de producción) que las de pequeña capitalización. Los aranceles, que han acabado siendo más elevados de lo previsto, están provocando una mayor inversión en capacidad de fabricación en Estados Unidos, lo que debería suponer un impulso para las empresas más pequeñas.

En Europa, la dinámica es algo diferente.

Las grandes compañías europeas se enfrentan a las dificultades que suponen el aumento de los aranceles estadounidenses y el fortalecimiento del euro. Las cotizaciones de las compañías de gran capitalización ya han descontado gran parte del impulso previsto para la región gracias al aumento del gasto en defensa e infraestructuras, lo que se traduce en unos ratios precio-beneficios superiores a la media: la puntuación z del ratio proyectado precio-beneficios se sitúa actualmente en 0,2.

Por el contrario, las valoraciones de las empresas de pequeña capitalización se sitúan por debajo de la media, con una puntuación z de -0,3. Al igual que en Estados Unidos, la demanda de los consumidores ha mantenido su solidez. Las ventas minoristas han aumentado con mayor rapidez que en Estados Unidos, ya que los consumidores europeos no se enfrentan al lastre que suponen los aranceles.

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