Las esperanzas de que el aumento de la inflación que se registró en Estados Unidos en enero y febrero tuviera carácter transitorio se vieron frustradas en el mes de marzo, ya que los precios al consumo volvieron a subir con fuerza. Por lo tanto, las expectativas de recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal han cambiado.
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La inflación mensual subió primero en enero en Estados Unidos y luego lo hizo en la eurozona, donde la cifra registrada superó también las expectativas. Lo mismo ocurrió en febrero.
No obstante, la Reserva Federal de Estados Unidos señaló que no le preocupaban estos datos y que aún tenía intención de recortar los tipos de interés en 75 puntos básicos a lo largo de 2024. Ahora que la inflación ha vuelto a subir por tercer mes consecutivo (véase el gráfico 1), los mercados ya no cuentan con recortes significativos del tipo de interés oficial.

Tal y como ha venido ocurriendo durante todo el año, la culpable ha sido la inflación del sector servicios. La inflación de los bienes ha sido reducida (e incluso negativa, en el caso de la eurozona). Pero la escasez de mano de obra ha mantenido la presión sobre los salarios, que es el factor que impulsa en mayor medida la inflación de los servicios. Si no se produce una reducción más significativa del empleo (o un aumento importante de la productividad), la situación podría continuar.
¿Inflación? Tampoco es para tanto (si eres el BCE)
La aparente indiferencia de la Reserva Federal ante la inflación no resulta del todo sorprendente, a tenor de su último Resumen de Proyecciones Económicas, publicado en el mes de marzo, donde la entidad anticipa que la inflación subyacente que marca el índice de gastos en consumo personal (PCE) caerá al 2,6% de aquí a final de año. Actualmente se sitúa en el 2,8% y cuenta con nueve meses por delante, por lo que aún hay margen.
Sin embargo, los mercados se cuestionan si dicha reducción de la inflación puede lograrse al tiempo que se recortan los tipos de interés. En la actualidad, los mercados descuentan una baja probabilidad de que la Reserva Federal opte por iniciar los recortes de tipos en el mes de junio. Un recorte en septiembre estaría ya muy cerca de las elecciones de noviembre. La Reserva Federal se enfrenta a decisiones complicadas.
El Banco Central Europeo, por su parte, tiene las cosas algo más fáciles. El crecimiento es mucho más débil en la eurozona que en Estados Unidos y la inflación mensual cayó al 0,82% en marzo (en términos anualizados) desde el 3,31% registrado en febrero (véase el gráfico 1).
No obstante, esta mejora no es tan buena como parece. La inflación de los bienes fue negativa en marzo, lo que impulsó a la baja la cifra general de inflación. Pero la inflación subyacente de los servicios se mantuvo en niveles bastante elevados, en el 5,2%. Sin embargo, el banco central parece mantener su intención de recortar los tipos de interés en junio.
Menor optimismo en los mercados de renta variable
El efecto que ha tenido este cambio de expectativas en los mercados de renta variable no resulta especialmente sorprendente. El mercado estadounidense se ha visto afectado por el aumento de las expectativas de tipos, aunque los mercados de la eurozona parecen haber resistido algo mejor.
Se prevé que las valoraciones de las empresas de crecimiento se muestren más sensibles al aumento de las expectativas de tipos (reales), pero, de momento, los ratios proyectados de precio-beneficio se han mantenido estables en torno a 26 veces en el caso del índice NASDAQ 100 (frente a la media a largo plazo de 20 veces).
Aunque las expectativas de beneficios empresariales se han estabilizado en lo que se refiere al índice en general (en un reflejo del notable aumento registrado el año pasado), excluidas las conocidas como «siete magníficas», las perspectivas continúan mejorando (véase el gráfico 2).

El cambio en las perspectivas de política de los bancos centrales ha tenido un impacto mayor en el dólar estadounidense, que la semana pasada se revalorizó un 2% frente a una cesta de divisas de mercados desarrollados (según el índice DXY). La fortaleza de la divisa benefició especialmente al mercado de renta variable japonesa.
Análisis de los datos chinos
Los datos correspondientes al comercio chino resultaron decepcionantes para el mercado: las exportaciones cayeron un 7,5% internanual, cuando las expectativas de consenso apuntaban a una caída de solo el 2,3%. No obstante, nos encontramos en un momento del año en el que resulta complicado realizar comparaciones interanuales, debido al cambio de fecha de las vacaciones por el Año Nuevo chino.
Si atendemos a los datos mensuales desestacionalizados, vemos que en realidad la exportación aumentó un 0,4%, ya que el incremento de las exportaciones a la Unión Europea, Japón y la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) contrarrestó la caída registrada por las operaciones hacia Estados Unidos y América Latina.
Las importaciones cayeron un 1,9% interanual, lo que suscitó ciertas dudas sobre la solidez de la economía nacional. Sin embargo, en términos mensuales, aumentaron en un 1%. Tras la mejora registrada en marzo por los índices de gestión de compras, los datos apuntan a un sólido crecimiento de la economía del país, aunque a un ritmo que aún exigiría medidas adicionales de estímulo por parte del gobierno.