La guerra en Irán continúa siendo el factor más visible de entre los que impulsan la rentabilidad del mercado de renta variable global. Por ejemplo, el índice de renta variable MSCI de Noruega, exportador de petróleo, ha subido más del 6% desde el pasado 27 de febrero, mientras que Tailandia, país importador de petróleo, ha registrado una caída de su mercado de prácticamente la misma proporción.
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Frente a lo que (erróneamente) pensaban los inversores, que adelantaron que los mercados reaccionarían al ataque de Irán como lo hicieron tras la guerra de doce días que tuvo lugar el año pasado, el comportamiento de los mercados de renta variable se ha parecido más al que mostraron tras el inicio de la Guerra del Golfo en 1990.
Se trata de un paralelismo preocupante, ya que la renta variable global acabó cayendo un 18% en los dos meses posteriores al inicio del conflicto. Los precios del petróleo aumentaron un 85% durante el mismo periodo.
La razón de la prolongada caída que registraron los mercados en 1990 fue que el inicio del conflicto coincidió con una recesión de la economía estadounidense, que, en parte, vino provocada por la crisis del petróleo. Además, los tipos de interés estaban en niveles elevados (los tipos de los fondos federales se situaban en el 8%) y la crisis de ahorro y crédito había provocado una contracción del crédito. La situación actual de la economía estadounidense es mucho más favorable, aun cuando la revisión más reciente de los datos correspondientes al PIB del cuarto trimestre muestra una brusca ralentización del crecimiento en relación con los dos trimestres anteriores.
Si bien los segmentos sensibles al precio del petróleo del mercado de renta variable estadounidense (según el índice Dow Jones US Industrials) han registrado una rentabilidad similar a la de 1990, los resultados del sector tecnológico han sido en esta ocasión mucho más favorables, lo que ha contribuido a una rentabilidad superior del índice S&P 500 (véase el gráfico 1). Cabe señalar que la caída de los mercados de renta variable en 1990 reflejó el aumento de los precios del petróleo. Si hoy se produjera una estabilización de dichos precios en torno a los cien dólares el barril, lo más probable es que los mercados de renta variable también se estabilizaran.

Esta dinámica apunta a un factor clave en la rentabilidad que han registrado recientemente los mercados y que podría haber pasado desapercibido, ya que toda la atención parece haberse centrado en las oscilaciones diarias de los precios del petróleo y la consiguiente reacción de los mercados de renta variable.
Uno de los factores que ha influido en gran medida en la reciente rentabilidad de la renta variable ha sido el cierre de las posiciones largas y cortas que se habían acumulado en febrero, muchas de ellas relacionadas con la volatilidad registrada en los sectores relacionados con la inteligencia artificial (véase el gráfico 1).

Por ejemplo, el sector que ha contribuido en mayor medida a la caída del 5,2% registrada por el índice MSCI All Country World (en términos de divisa local desde el 27 de febrero de 2026) ha sido el sector financiero, debido, al menos en parte, a la inquietud de los inversores en torno al crédito privado. El encarecimiento del petróleo y la preocupación en torno al crecimiento de la economía mundial explican la caída del sector de bienes de equipo, pero no la de las compañías de semiconductores y hardware tecnológico, que habían marcado fuertes ganancias en febrero.
Los resultados negativos del sector de la minería y metalurgia reflejan la caída de los precios del oro y la plata, que también habían registrado previamente importantes ganancias. En el lado positivo, y como cabría esperar, el sector energético ha obtenido buenos resultados, pero la subida del sector del software es otro ejemplo del cambio de tendencia de la rentabilidad sectorial respecto a febrero.
Esto tiene una doble consecuencia para los inversores. Por un lado, convendría tener preparada una lista de asignaciones relacionadas con los precios del petróleo para cuando acabe la guerra de Irán, anticipando una rotación en el comportamiento relativo de los distintos sectores hasta entonces.
Por el otro, también es necesario atender a la evolución de los sectores relacionados con la inteligencia artificial y evaluar su atractivo en función de sus valoraciones y sus perspectivas de beneficios en ese momento, con la ventaja de que, para entonces, es probable que el posicionamiento sea menos extremo y, por tanto, los precios de mercado sean menos sensibles a movimientos bruscos.